Chile enfrenta uno de los escenarios laborales más complejos de los últimos años. De acuerdo con las cifras más recientes del Instituto Nacional de Estadísticas (INE), la tasa de desocupación alcanzó un 9,4%, su nivel más alto en cinco años. En las mujeres, el desempleo llegó al 10,5%, mientras el mercado laboral continúa enfrentando importantes desafíos para generar trabajo formal y absorber el aumento de personas que buscan empleo.
En este contexto, el Ejecutivo reactivó la discusión sobre el proyecto que regula los contratos por hora, iniciativa que busca establecer una modalidad de contratación parcial con reglas específicas para su funcionamiento.
Desde mi perspectiva, el foco del debate debe estar en cómo construir mecanismos que respondan a las nuevas necesidades del mercado laboral sin descuidar la protección de las personas. El mundo del trabajo está cambiando aceleradamente y hoy conviven distintas formas de empleo que requieren una regulación moderna. La discusión no debiera centrarse solo en incorporar mayor flexibilidad o restringirla, sino en encontrar un equilibrio que entregue certezas a trabajadores y empleadores.
Desde la mirada de los recursos humanos, la flexibilidad laboral ya forma parte de las necesidades tanto de las empresas como de los trabajadores. Sectores como retail, logística, turismo, gastronomía, agricultura y servicios enfrentan fuertes variaciones estacionales en la demanda de personal. Al mismo tiempo, estudiantes, adultos mayores, personas que buscan complementar ingresos y quienes deben compatibilizar el trabajo con responsabilidades familiares valoran modalidades laborales más adaptables.
Sin embargo, cualquier nuevo mecanismo debe ir acompañado de garantías suficientes para evitar la precarización laboral. La flexibilidad no puede significar una disminución de derechos. Por el contrario, cuando existe una regulación adecuada, puede transformarse en una herramienta para fomentar el empleo formal, entregar seguridad jurídica y fortalecer relaciones laborales más transparentes. Desde Adecco Chile creemos que uno de los principales desafíos será asegurar que esta modalidad impulse la formalización y no abra espacios de incertidumbre para los trabajadores.
Al mismo tiempo, el mercado laboral enfrenta una creciente demanda de talento en sectores estratégicos como minería, litio y energía, mientras que la inteligencia artificial y la automatización están transformando los perfiles laborales y las competencias requeridas. En este escenario, la flexibilidad debe ir de la mano con políticas de capacitación, reconversión laboral y desarrollo de nuevas habilidades, para que las personas puedan adaptarse a los cambios del empleo.
El éxito de cualquier reforma dependerá de su implementación práctica. Más allá del tipo de contrato, el verdadero desafío es construir un marco regulatorio que entregue confianza, reduzca la informalidad y responda a las distintas realidades productivas del país sin afectar la calidad del empleo.
La discusión sobre los contratos por hora representa una oportunidad para modernizar la legislación laboral, considerando las transformaciones que vive el mundo del trabajo. El objetivo debe ser alcanzar un equilibrio entre competitividad, empleabilidad y protección de los trabajadores, porque las mejores políticas laborales son aquellas que logran compatibilizar las necesidades de las empresas con la protección efectiva de las personas, fortaleciendo un mercado laboral más dinámico, formal y sostenible para Chile.
Por Cristián Fleiderman, director comercial de Adecco Chile.







