Ríos atmosféricos: no actuemos tarde

 

Las intensas lluvias y los ríos atmosféricos reactivaron el debate sobre la gestión del agua, pero no resuelven los desafíos estructurales que enfrenta Chile en materia hídrica.

Las intensas lluvias y ríos atmosféricos han dirigido la conversación hacia la gestión del agua en Chile. Sin embargo, aunque estos eventos aportan precipitaciones significativas, no modifican por sí solos los desafíos estructurales del país, donde más del 76% de la superficie presenta algún grado de sequía, desertificación o degradación de suelos.

Los ríos atmosféricos son corredores de vapor de agua de miles de kilómetros que transportan grandes volúmenes de humedad desde el océano hacia el continente. Al interactuar con la geografía chilena y los sistemas frontales, pueden generar lluvias intensas, nevadas en la cordillera, activación de quebradas y aumentos en los caudales de los ríos.

Esta realidad evidencia la necesidad de fortalecer la gestión hídrica frente a eventos cada vez más extremos. El cambio climático está disminuyendo la frecuencia y aumentando la intensidad de los fenómenos hidrometeorológicos, obligando a industrias y comunidades a prepararse para escenarios cada vez más complejos.

No basta con estimar cuántos milímetros de lluvia caerán en una determinada zona. Es fundamental comprender cómo responderán las cuencas, los embalses, los cauces y las infraestructuras críticas, para gestionar oportunamente los riesgos asociados a inundaciones y otras emergencias.

La gestión integrada del agua es hoy una herramienta indispensable. El uso de modelación hidrológica e hidráulica, monitoreo en tiempo real, sistemas de alerta temprana y análisis predictivo permite anticipar escenarios, reducir riesgos y mejorar la toma de decisiones.

Chile necesita una infraestructura hídrica más resiliente, capaz de adaptarse tanto a la escasez de agua como a episodios de lluvias extremas. Fortalecer esa capacidad será clave para proteger a las personas, las comunidades y las actividades productivas frente a un futuro climático cada vez más incierto.

Las lluvias de este invierno no son una excepción: son una advertencia. Actuar ahora marcará la diferencia entre anticiparse a los riesgos o volver a reaccionar cuando ya sea demasiado tarde.

Francisco Miranda
Líder de Gestión Integrada del Agua de GHD en Chile

Isabel Chandía

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