Geriatra de la Universidad de Chile explica cómo identificar síntomas físicos y cognitivos asociados a la salud mental en la vejez.
La ansiedad y la depresión en las personas mayores pueden manifestarse a través de dolores, molestias digestivas, alteraciones cognitivas y pérdida del interés por actividades cotidianas. En el marco del Día Internacional de las Personas de Edad, que se conmemora cada 1 de octubre, el doctor Rafael Jara, geriatra del Hospital Clínico Universidad de Chile, explica por qué estos síntomas deben tomarse en serio y requieren una evaluación que permita descartar primero posibles causas físicas.
De acuerdo con cifras recogidas por el Plan Nacional de Salud Mental 2017–2025, 11,9% de las personas mayores de 65 años presenta algún trastorno mental en un período de 12 meses. Entre los más frecuentes se encuentran la depresión y la ansiedad.
Estas condiciones no siempre se expresan como tristeza, preocupación o miedo. También pueden aparecer mediante síntomas físicos que afectan directamente la vida cotidiana, generando un círculo en el que el malestar aumenta la preocupación y esta, a su vez, intensifica los síntomas.
Cuando la ansiedad también se siente en el cuerpo
La ansiedad es una respuesta frente a situaciones que generan preocupación, miedo o estrés. En las personas mayores, esta reacción puede relacionarse con distintos síntomas físicos y con enfermedades preexistentes.
“Hay una relación bidireccional: la mente influye en las enfermedades y las enfermedades también influyen en la mente. Se puede estar ansioso sin estar enfermo y, aun así, tener descompensaciones”, explica el doctor Jara.
El especialista señala que el temor frente a un síntoma puede aumentar la preocupación y generar nuevas manifestaciones físicas. Por eso, la evaluación médica resulta fundamental para determinar qué está provocando el malestar.
Las reacciones prolongadas de ansiedad también pueden generar cambios fisiológicos. Según el especialista, entre ellos se encuentran modificaciones asociadas a los niveles de cortisol y a distintas respuestas del organismo.
Por esta razón, el abordaje debe considerar tanto el estado físico como el emocional de la persona mayor.
Dolores, molestias digestivas y síntomas reales
La ansiedad y la depresión también pueden expresarse mediante las llamadas somatizaciones o manifestaciones somatomorfas.
Entre ellas aparece la cefalea tensional, que puede provocar dolor en los costados de la cabeza y en la zona de la nuca, con irradiación hacia el cuello.
También pueden presentarse alteraciones digestivas, como colon irritable, meteorismo, estreñimiento o diarrea sin una causa evidente.
A esto se suman dolores musculares y molestias generalizadas. El especialista destaca que existe una relación estrecha entre dolor crónico y depresión: el dolor puede favorecer síntomas depresivos, mientras que la depresión puede aumentar la percepción y la intensidad del dolor.
“Las personas no deben ser desestimadas por el hecho de que exista un componente emocional en sus dolencias. A las personas mayores les afectan más los cambios porque tienen menos recursos para enfrentarlos”, señala Jara.
Por eso, que exista un componente emocional no significa que el dolor sea imaginario o que deba ignorarse.
Depresión, memoria y pérdida del disfrute
Los cambios asociados a la salud mental también pueden aparecer a nivel cognitivo. En las personas mayores, la depresión puede acompañarse de dificultades cognitivas, mientras que la ansiedad puede afectar procesos como la memoria, el cálculo y el lenguaje.
Esta situación puede generar confusión con otras enfermedades neurodegenerativas. Según el geriatra, existen casos en que un deterioro cognitivo importante está relacionado con un cuadro depresivo y no necesariamente con la enfermedad de Alzheimer.
Otro signo al que se debe prestar atención es la anhedonia, es decir, la pérdida de la capacidad de disfrutar actividades que anteriormente resultaban placenteras.
Cuando esta pérdida de interés se mantiene en el tiempo, puede favorecer el aislamiento y reducir progresivamente la vida social de la persona.
El entorno también influye
Una vez descartadas las causas físicas que puedan explicar los síntomas, observar la rutina y el entorno de la persona mayor también puede entregar información relevante.
El doctor Jara explica que algunas molestias pueden relacionarse con determinadas situaciones familiares o cambios en la rutina cotidiana. Modificar esos factores puede contribuir a mejorar el bienestar.
“Hay que procurar que los cambios estén orientados hacia actividades que generen entusiasmo. Ayudan mucho el ejercicio, la luz solar, las relaciones interpersonales, mantener el contacto con amigos, participar en actividades y tener días activos”, recomienda.
Mantener una rutina que incorpore movimiento, vínculos sociales y actividades significativas puede contribuir a proteger el bienestar emocional y evitar el aislamiento.
Una evaluación integral es clave
Frente a la aparición de dolores persistentes, cambios digestivos, alteraciones de memoria, aislamiento o pérdida del interés por actividades habituales, el primer paso debe ser evaluar la salud física y descartar otras causas.
La evaluación geriátrica puede ayudar a integrar los distintos síntomas y antecedentes de la persona para determinar si existe un problema de salud mental que requiera atención.
“También es importante recordar que la evaluación del estado de salud con un geriatra es muy útil para detectar cuándo detrás de un conjunto de molestias existe un problema de salud mental que requiere atención”, concluye el especialista.
La principal recomendación es no atribuir automáticamente estos síntomas a la edad. Los cambios físicos, emocionales y cognitivos en las personas mayores requieren atención y una evaluación adecuada, especialmente cuando persisten o afectan su vida cotidiana.







