Experto explica cómo las lluvias, las filtraciones y los suelos inestables pueden comprometer la seguridad de una edificación y entrega las principales señales de alerta.
Las intensas lluvias que afectan a distintas regiones de Chile aumentan el riesgo de derrumbes, deslizamientos de tierra y fallas estructurales en viviendas. Aunque un colapso no ocurre de un momento a otro, las precipitaciones pueden acelerar problemas acumulados como fundaciones deficientes, suelos inestables o un mal manejo de las aguas lluvias. Detectar las señales a tiempo puede evitar accidentes y proteger a las familias.
Fernando Mandiola, director de la carrera de Construcción Civil de Universidad de Las Américas (UDLA), sede Viña del Mar, explica que el derrumbe de una edificación suele ser consecuencia de varios factores que se desarrollan con el tiempo y que se agravan durante temporales intensos.
“Los problemas más frecuentes están asociados a deficiencias en el diseño estructural, fundaciones inadecuadas, deterioro de los elementos resistentes y una incorrecta caracterización del terreno donde se construyó la vivienda”, señala el especialista.
El agua puede convertirse en el principal detonante
El agua es uno de los factores que más compromete la estabilidad de una construcción durante un temporal. Las filtraciones, el aumento de las precipitaciones y los sistemas deficientes de evacuación de aguas lluvias reducen la capacidad de soporte del suelo y aumentan el riesgo de deslizamientos y fallas estructurales.
“Cuando una vivienda está construida sobre un relleno no controlado o en un talud sin estabilizar, el agua puede transformarse en el detonante que desencadene un colapso”, advierte Mandiola.
Las edificaciones ubicadas en quebradas, laderas, coronas o bases de taludes, así como aquellas levantadas sobre rellenos no controlados, presentan una mayor vulnerabilidad. A esto se suman inmuebles antiguos con un avanzado deterioro estructural, especialmente si ya superaron su vida útil.
El académico explica que muchas veces existen señales visibles que permiten anticipar un problema antes de que ocurra una emergencia.
Entre ellas destacan:
- Grietas nuevas o que aumentan de tamaño en cimientos, pilares o muros.
- Inclinación anormal de muros o estructuras.
- Hundimientos o desniveles del terreno.
- Erosión del suelo alrededor de la vivienda.
- Deslizamientos de tierra cercanos.
- Humedad persistente en cimientos y muros de contención.
Qué hacer si aparecen señales de riesgo
Ante cualquiera de estos indicios, la recomendación es actuar de inmediato y solicitar una evaluación técnica. El especialista aconseja informar la situación a la Dirección de Obras Municipales, al departamento de emergencias de la municipalidad o al Servicio de Vivienda y Urbanización (Serviu), especialmente cuando exista riesgo para viviendas vecinas o infraestructura pública.
“Es fundamental actuar con anticipación y no esperar a que el problema se agrave. Una evaluación profesional permite determinar el nivel de riesgo y definir las medidas necesarias para proteger a las personas”, enfatiza.
Mandiola aclara que no todas las edificaciones con daños deben demolerse. En muchos casos es posible recuperar su estabilidad mediante refuerzos estructurales, anclajes, estabilización de taludes o la construcción de muros de contención, siempre que los trabajos sean diseñados y ejecutados conforme a la normativa vigente.
Finalmente, el experto sostiene que prevenir este tipo de emergencias requiere un esfuerzo conjunto entre autoridades y ciudadanía.
“Las instituciones deben reforzar la fiscalización del uso del suelo y la planificación urbana, mientras que los propietarios deben revisar periódicamente el estado de sus viviendas y mantener despejados los sistemas de evacuación de aguas lluvias. La prevención sigue siendo la herramienta más eficaz para reducir el riesgo de derrumbes y proteger a las comunidades”, concluye.
Señales que no debe ignorar después de un temporal
- Grietas nuevas o más profundas en muros, pilares o cimientos.
- Muros o estructuras inclinadas.
- Humedad permanente en cimientos y muros de contención.
- Hundimientos o desniveles en patios y pisos.
- Deslizamientos de tierra cerca de la vivienda.
- Canaletas y bajadas de aguas lluvias obstruidas.
- Cámaras de alcantarillado tapadas por sedimentos o residuos.







