Envejecer con discapacidad intelectual: cuidar e incluir

En el Mes de las Personas Mayores, Pequeño Cottolengo releva los desafíos del envejecimiento de personas con discapacidad intelectual severa y profunda y la necesidad de garantizar cuidados, participación e inclusión durante toda la vida.

Envejecer con discapacidad intelectual severa y profunda plantea necesidades específicas de salud, cuidado y acompañamiento que requieren una mirada especializada y sostenida en el tiempo. En Pequeño Cottolengo, esta realidad ya forma parte de la vida cotidiana: de sus cerca de 300 residentes, alrededor de un 15% son personas mayores.

La institución entrega cuidado y hogar permanente a personas con discapacidad intelectual severa y profunda en su Ciudad Inclusiva de Cerrillos. Para muchos de sus residentes, este espacio no solo es su lugar de residencia, sino también el hogar donde han construido vínculos, rutinas y una historia de vida.

El paso a la vejez puede implicar nuevos desafíos físicos, de salud y de apoyo. Por eso, acompañar esta etapa exige adaptar los cuidados y mantener una atención que considere a cada persona de manera integral.

Paulina Bayolo, directora del área de Salud de Pequeño Cottolengo, explica que “es un gran desafío para las personas con discapacidad intelectual severa llegar a los 60 años, ya que la mayoría de ellos generalmente tienen asociados serios problemas de salud, por lo tanto, requieren un cuidado mayor en todas las etapas de su vida”.

Una vejez que necesita apoyos especializados

El envejecimiento de las personas con discapacidad intelectual ocurre, además, en un contexto en que persisten prejuicios sobre la vejez. Según la 8ª Encuesta de Inclusión y Exclusión Social de las Personas Mayores de SENAMA (2025), el 72,3% de las personas encuestadas considera que, con los años, las personas mayores disminuyen su satisfacción con la vida.

Frente a esta realidad, Pequeño Cottolengo plantea una mirada que no reduce el envejecimiento a sus necesidades médicas. La institución articula salud, rehabilitación, educación y desarrollo social para responder a las necesidades de cada residente.

Más de 300 colaboradores participan diariamente en este modelo de atención, buscando dar continuidad a los apoyos y resguardar el bienestar, la participación y la calidad de vida de las personas a lo largo de todo su ciclo vital.

La atención también requiere reconocer que los procesos de envejecimiento no son iguales para todos. En personas con discapacidad intelectual severa y profunda, los cambios en salud y autonomía pueden demandar apoyos adicionales y una observación permanente por parte de los equipos.

Participar también es parte de cuidar

Acompañar la vejez no significa únicamente atender sus necesidades de salud. En la Ciudad Inclusiva de Cerrillos, las personas mayores mantienen espacios de participación y actividades que les permiten conservar rutinas, vínculos e intereses.

Los talleres de huerto, teatro y otras actividades ofrecen oportunidades para explorar habilidades, compartir con otros y participar de acuerdo con las capacidades y necesidades de apoyo de cada residente.

La inclusión también se expresa en los momentos cotidianos que construyen una vida en comunidad: celebrar un cumpleaños, preparar una actividad para Fiestas Patrias, conmemorar una fecha importante o simplemente compartir con otras personas.

Estas experiencias permiten mantener rutinas significativas, fortalecer los vínculos y generar espacios donde cada residente pueda sentirse parte activa de la comunidad.

“Hablar de envejecer en Pequeño Cottolengo es hablar de una vida que sigue en comunidad. Muchos de nuestros residentes han crecido y envejecido junto a nosotros, y nuestro compromiso es que esta etapa también se viva con participación y dignidad”, señala Cristián Glenz, director ejecutivo de Pequeño Cottolengo.

El ejecutivo agrega que “en este Mes de las Personas Mayores queremos poner en valor esa historia compartida, porque es parte esencial de nuestra misión en Cottolengo”.

El desafío de envejecer con dignidad

La experiencia de Pequeño Cottolengo muestra que el envejecimiento de las personas con discapacidad intelectual requiere mirar más allá del cuidado asistencial. La salud, los vínculos, la participación y la posibilidad de seguir desarrollando intereses también forman parte del bienestar en la vejez.

En un país que envejece, este desafío adquiere una relevancia creciente. Garantizar apoyos adecuados implica reconocer que las personas con discapacidad intelectual también envejecen y que necesitan respuestas adaptadas a las distintas etapas de su vida.

Durante el Mes de las Personas Mayores, Pequeño Cottolengo llama a entender el envejecimiento como una etapa que puede seguir siendo vivida con participación, vínculos y dignidad, y a avanzar hacia una sociedad donde el cuidado y la inclusión acompañen a las personas durante toda su trayectoria vital.

Isabel Chandía

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