Salud mental infantil:Especialistas llaman a las familias a observar cambios de conducta y fortalecer la comunicación para prevenir dificultades emocionales.
La salud mental de niños y adolescentes se ha convertido en uno de los principales desafíos para las familias y los establecimientos educacionales. El aumento de los problemas emocionales, las dificultades de convivencia escolar y el impacto del uso intensivo de pantallas han reforzado la necesidad de detectar tempranamente las señales de alerta y promover entornos protectores que favorezcan el bienestar socioemocional.
Especialistas de Fundación Nocedal advierten que muchos problemas de salud mental pueden detectarse a tiempo si los adultos están atentos a cambios sostenidos en el comportamiento de niños y adolescentes.
Entre las principales señales destacan:
- Aislamiento o pérdida de interés por actividades que antes disfrutaban.
- Cambios bruscos de ánimo o irritabilidad persistente.
- Dificultades para relacionarse con familiares, compañeros o amigos.
- Expresiones frecuentes de tristeza, miedo o preocupación.
- Cambios en el rendimiento escolar, el sueño o el apetito, especialmente cuando se mantienen en el tiempo.
“La prevención comienza mucho antes de una crisis. Observar, conversar y acompañar son herramientas fundamentales para cuidar la salud emocional de los niños. Cuando estos cambios se prolongan por varias semanas o interfieren en su vida diaria, es importante buscar orientación profesional y trabajar de manera conjunta entre la familia y la escuela”, explica Andrés Benítez, subdirector de Formación y Convivencia de Fundación Nocedal.
Los especialistas destacan que la comunicación cotidiana sigue siendo uno de los principales factores de protección. Dedicar tiempo para conversar, compartir actividades en familia y generar espacios de confianza permite que niños y adolescentes expresen lo que sienten antes de que las dificultades emocionales se agraven.
Asimismo, agregan que la coordinación entre las familias y los establecimientos educacionales es clave para detectar estas señales de forma oportuna y entregar apoyo antes de que los problemas afecten el aprendizaje, la convivencia o el desarrollo integral de los estudiantes.
Cinco señales que no conviene normalizar
Desde Fundación Nocedal recomiendan consultar con un profesional cuando estos cambios se mantienen en el tiempo o afectan la vida cotidiana del niño o adolescente:
- Aislamiento social o rechazo constante a compartir con otras personas.
- Pérdida de interés por actividades que antes disfrutaba.
- Cambios importantes en el estado de ánimo, como irritabilidad, tristeza o enojo permanente.
- Problemas para dormir, comer o concentrarse sin una causa aparente.
- Baja significativa en el rendimiento escolar o dificultades para relacionarse con sus pares.
“Detectar estas señales a tiempo puede marcar una diferencia importante. La salud mental también se cuida desde el hogar y la escuela, generando espacios donde los niños se sientan escuchados, comprendidos y acompañados”, concluye Andrés Benítez.







