
Especialistas advierten que el hígado graso no alcohólico ya es una de las principales causas de cirrosis y cáncer hepático en el país. El sedentarismo, la obesidad y la automedicación están acelerando su avance.
El hígado graso no alcohólico se ha transformado en una de las enfermedades más preocupantes y silenciosas en Chile. Según cifras del Ministerio de Salud, casi 1 de cada 3 adultos presenta esta condición, estrechamente relacionada con el aumento de la obesidad, el sedentarismo y los malos hábitos alimenticios. Aunque suele avanzar sin síntomas evidentes, hoy es una de las principales causas de cirrosis y cáncer hepático en el país.
En paralelo, especialistas alertan sobre un factor menos visible, pero igualmente riesgoso: el uso inadecuado de medicamentos y la automedicación sin orientación profesional, situación que puede acelerar el daño hepático.
El hígado cumple funciones esenciales para el organismo. Filtra la sangre, metaboliza nutrientes y elimina toxinas. Sin embargo, cuando enfrenta una sobrecarga constante de grasas, azúcares, alcohol o fármacos, comienza a deteriorarse silenciosamente.
Soledad Velásquez, químico farmacéutico de Farmacias Ahumada, explica que este órgano actúa como el gran laboratorio del cuerpo humano. “Cada sustancia que ingerimos, sea un alimento o un medicamento, pasa por el hígado. El problema surge cuando sobrecargamos el sistema”, señala.
La especialista aclara que los medicamentos son fundamentales para tratar enfermedades, pero advierte sobre el riesgo de consumirlos sin supervisión. “Muchos pacientes creen que, por ser de venta libre, ciertos analgésicos o antiinflamatorios son completamente inocuos. El paracetamol, por ejemplo, es seguro en dosis adecuadas, pero en exceso o combinado incorrectamente puede provocar daño hepático agudo”, advierte.
Este fenómeno se conoce como daño hepático inducido por fármacos (DILI) y, según expertos, su incidencia ha ido en aumento debido a la automedicación y la falta de información.
Uno de los mayores riesgos del hígado graso es que suele desarrollarse sin dolor ni señales claras. Aun así, existen síntomas que pueden encender las alertas, como cansancio persistente, sensación de debilidad, molestias en la parte superior derecha del abdomen o alteraciones en las enzimas hepáticas detectadas en exámenes de rutina.
Además, investigaciones recientes de la Universidad de Chile muestran que la enfermedad aparece cada vez a edades más tempranas, incluso antes de los 40 años. La combinación entre mala alimentación, sedentarismo y consumo de alcohol acelera significativamente el daño hepático.
Frente a este escenario, Soledad Velásquez destaca el rol preventivo que pueden cumplir las farmacias y los profesionales de la salud. “En la farmacia podemos revisar el perfil de medicamentos del paciente y orientarlo antes de que ocurra un daño. Esa conversación puede marcar la diferencia entre prevenir o agravar una enfermedad que ya es silenciosa”, afirma.
La profesional insiste en la necesidad de avanzar hacia una cultura de autocuidado informada y acompañada. “Debemos dejar atrás la automedicación ciega. El químico farmacéutico no solo entrega un producto, también orienta sobre interacciones peligrosas y hábitos que pueden proteger el hígado”, agrega.
En cuanto a la prevención, los especialistas coinciden en que los hábitos saludables siguen siendo la herramienta más efectiva. Una alimentación equilibrada, inspirada en la dieta mediterránea, baja en azúcares refinados y grasas saturadas, junto con actividad física regular y control del peso corporal, son fundamentales para revertir el daño hepático en etapas iniciales.
Incluso, estudios indican que perder entre un 7% y un 10% del peso corporal puede mejorar significativamente la salud del hígado.
Asimismo, algunos compuestos con respaldo científico pueden complementar el cuidado hepático, siempre bajo supervisión profesional. Entre ellos destacan los ácidos grasos omega-3, la vitamina E y la silimarina, conocida por sus propiedades antioxidantes.
Finalmente, Soledad Velásquez recalca que el acceso a información confiable puede marcar una diferencia decisiva. “Cuidarse no es complicado cuando se tiene orientación adecuada. La farmacia es un espacio cercano donde las personas pueden resolver dudas, prevenir riesgos y tomar decisiones informadas sobre su salud”, concluye.






