Migraña: una enfermedad neurológica aún subdiagnosticada

Entre 2,4 y 3 millones de personas podrían vivir con migraña en Chile, una enfermedad que genera discapacidad, afecta la productividad y continúa enfrentando importantes brechas de diagnóstico y atención.

La migraña es una enfermedad neurológica que afecta a millones de personas en Chile, pero su impacto continúa siendo poco visible. Se estima que entre 2,4 y 3 millones de personas podrían vivir con esta patología en el país, aunque actualmente no existe un registro nacional que permita conocer con precisión cuántas están diagnosticadas ni dimensionar sus efectos sociales, laborales y económicos.

Frente a este escenario, autoridades nacionales, organismos internacionales, especialistas, académicos y representantes de pacientes participaron en la Mesa de Diálogo de Alto Nivel “Explorando la política de migraña en Chile, América Latina y el mundo”, realizada en el Campus Providencia de la Universidad Autónoma de Chile.

El encuentro buscó analizar el estado de la agenda de migraña en Chile, identificar brechas y avanzar en propuestas que permitan fortalecer las políticas públicas relacionadas con esta enfermedad.

Entre los participantes estuvieron Alejandra Pizarro, subsecretaria de Salud Pública del Ministerio de Salud; Giovanni Escalante, representante de OPS Chile; Fernando Araos, director ejecutivo del Organismo Andino de Salud (ORAS-CONHU); Carolina Neira, jefa del Departamento de Enfermedades No Transmisibles del MINSAL; Antonia Cancino, presidenta y fundadora del Club de la Migraña; y, vía remota, Karla Rubilar Barahona, directora de la Unidad de Salud Pública de la Universidad Autónoma de Chile.

Mucho más que un dolor de cabeza

La migraña puede provocar una alta discapacidad y afectar significativamente la vida cotidiana de quienes la padecen. Durante una crisis, las personas pueden experimentar dolor intenso, náuseas, vómitos, fotofobia y fonofobia, síntomas que en muchos casos obligan a suspender actividades laborales, académicas, familiares y sociales.

Sin embargo, sus efectos pueden ir más allá de la duración de una crisis. La enfermedad también puede impactar la productividad y el bienestar de las personas, incluso durante los períodos en que no presentan síntomas evidentes.

Un estudio realizado en pacientes chilenos estimó un 48% de deterioro de la productividad laboral total, considerando un 44% de reducción de productividad mientras se trabaja y un 11% asociado al ausentismo. Además, 18% de los participantes había requerido una licencia médica durante el año previo debido a la migraña.

La enfermedad también presenta una marcada dimensión de género. Durante la edad adulta, su prevalencia puede ser aproximadamente dos a tres veces mayor en mujeres que en hombres, afectando especialmente a personas que se encuentran en etapas de alta actividad laboral, familiar y social.

El desafío del diagnóstico oportuno

A pesar de su impacto, la migraña continúa siendo una enfermedad subdiagnosticada. Muchas personas pueden pasar años intentando controlar sus síntomas mediante la automedicación y el consumo frecuente de analgésicos, sin acceder a una evaluación médica que permita establecer un diagnóstico y tratamiento adecuados.

El doctor Alex Espinoza, presidente de la Sociedad de Neurología, Psiquiatría y Neurocirugía de Chile (Sonepsyn), advirtió sobre los riesgos de esta situación.

“Lamentablemente vemos con mucha frecuencia que los pacientes se automedican con fármacos que no conocen del todo o que les sugieren cercanos o conocidos por experiencias similares, lo cual agrava el problema, predispone al paciente a sufrir complicaciones propias de los medicamentos y cronifica su dolor”, señaló.

El especialista recomendó que las personas que presentan estos síntomas busquen atención médica y consulten con un especialista, de manera de acceder a un tratamiento acorde con sus necesidades.

Un registro nacional para conocer la realidad de la migraña

Uno de los principales desafíos identificados durante la mesa de diálogo fue la falta de información sistematizada sobre las personas que viven con migraña en Chile.

Actualmente no existe un registro nacional que permita determinar cuántas personas han sido diagnosticadas, cuáles son sus características, qué tratamientos reciben, qué dificultades enfrentan para acceder a atención y cuál es el impacto de la enfermedad en su vida cotidiana y laboral.

Para Antonia Cancino, presidenta y fundadora del Club de la Migraña, contar con mayor información es fundamental para transformar el reconocimiento de la enfermedad en políticas concretas.

“Tanto en Chile como en Latinoamérica, existe un mayor reconocimiento de la migraña como una enfermedad de alta severidad e incapacidad, lo que abre una oportunidad para avanzar en políticas públicas que beneficien a los pacientes”, afirmó.

Cancino agregó que existe una ruta de trabajo proyectada hasta 2027, pero que todavía es necesario fortalecer la generación de datos y traducir este esfuerzo en acciones que mejoren el acceso y la cobertura.

“El desafío es que este esfuerzo trascienda las organizaciones y se traduzca en un mayor compromiso del Estado, con acciones que mejoren el acceso, la atención y la cobertura para quienes viven con este problema”, sostuvo.

De la visibilización a las políticas públicas

La mesa de diálogo permitió establecer compromisos y próximos pasos para fortalecer la agenda de migraña en Chile, con el propósito de avanzar desde el diagnóstico de las brechas hacia acciones concretas.

Para Eva María Ruiz de Castilla, directora ejecutiva de Latin American Patients Academy (LAPA), la participación conjunta de autoridades, especialistas y pacientes representa una oportunidad para instalar la enfermedad con mayor fuerza en la agenda pública.

“Es muy positivo que autoridades, organismos internacionales, sociedades científicas y pacientes estén dando visibilidad a la migraña, una enfermedad que por años ha permanecido invisible”, destacó.

La ejecutiva planteó que el desafío es reconocer el impacto social, económico, laboral y familiar de la migraña, además de fortalecer el diálogo entre pacientes y profesionales de la salud.

“Visibilizarla es el primer paso para generar mayor conocimiento, impulsar la investigación y avanzar hacia una atención más especializada y oportuna”, concluyó.

Así, la discusión busca instalar una mirada más amplia sobre la migraña: no como un simple dolor de cabeza, sino como una enfermedad neurológica que requiere diagnóstico oportuno, atención adecuada, generación de datos y políticas públicas capaces de responder a su impacto en millones de personas.

Isabel Chandía

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