Investigadores de la Universidad de Chile explican cómo cocinar, jugar, crear payas y conversar sobre las tradiciones puede fortalecer aprendizajes en matemáticas, lenguaje, creatividad, convivencia e identidad.
Las Fiestas Patrias pueden convertirse en una oportunidad de aprendizaje para niños y niñas sin necesidad de transformar la celebración en una clase. Cocinar empanadas, jugar al trompo, crear payas o conversar sobre las tradiciones familiares son experiencias cotidianas que permiten desarrollar habilidades en matemáticas, lenguaje, creatividad, convivencia e identidad.
Durante septiembre cambian las rutinas de escuelas y familias. Aparecen las banderas, los actos cívicos, los ensayos de cueca y los juegos tradicionales, mientras en los hogares se preparan comidas típicas, se organizan encuentros familiares y se recuperan costumbres que pasan de una generación a otra.
Más allá de la celebración, estas experiencias contienen aprendizajes que pueden aprovecharse de manera natural. La clave, plantean investigadores del Instituto de Estudios Avanzados en Educación (IE) y del Centro de Investigación Avanzada en Educación (CIAE) de la Universidad de Chile, es reconocer lo que niños y niñas ya están aprendiendo mientras participan, juegan y comparten.
Empanadas que también enseñan matemáticas
Preparar una empanada puede convertirse en un ejercicio de matemáticas cuando los niños y niñas participan activamente del proceso. Medir ingredientes, ajustar cantidades, repartir alimentos o calcular gastos permite trabajar conceptos que forman parte de situaciones reales.
Farzaneh Saadati, investigadora y directora alterna del CIAE, explica que una receta plantea distintos desafíos matemáticos.
“Niños y niñas deben comprender la situación, identificar la información relevante, establecer relaciones entre las cantidades, formular supuestos, ensayar distintas estrategias y justificar sus decisiones”, señala.
A partir de una receta también pueden surgir preguntas sencillas: ¿cómo ajustar las cantidades si llegan más invitados?, ¿cómo repartir los gastos?, ¿qué comprar para no superar un presupuesto?
De esta manera, los niños pueden practicar operaciones, fracciones, porcentajes y proporcionalidad, pero también aprender a utilizar las matemáticas para interpretar situaciones, tomar decisiones y resolver problemas de la vida cotidiana.
Trompo, rayuela y carreras de sacos
Los juegos tradicionales también ofrecen una oportunidad para aprender. El trompo, el emboque, la rayuela y las carreras de sacos requieren concentración, perseverancia y capacidad para enfrentar desafíos, además de promover la interacción con otras personas.
“Cuando niños y niñas juegan al trompo, la rayuela o las carreras de sacos, desarrollan múltiples aprendizajes: se concentran, regulan sus impulsos, perseveran y enfrentan desafíos. Además, al jugar con otros, aprenden a respetar turnos y reglas, colaborar y resolver conflictos”, explica María José Opazo, académica del IE e investigadora del CIAE.
Por eso, recuperar estos juegos en las experiencias escolares no responde solamente a la nostalgia. El juego es, en sí mismo, una experiencia de aprendizaje, plantea la investigadora.
Las Bases Curriculares de Educación Parvularia también reconocen el aporte del juego al desarrollo de la autonomía, la confianza en las propias capacidades, la convivencia y la participación con otros.
Cueca y payas para jugar con el lenguaje
Las tradiciones de septiembre también pueden ayudar a desarrollar habilidades lingüísticas. Aprender una cueca involucra memoria, coordinación, ritmo y expresión corporal, mientras que las payas permiten jugar con las palabras, crear rimas, ampliar el vocabulario e improvisar.
El decimista y autor de libros de décimas para niños y niñas Lautaro Muñoz, conocido como Eustaquio Pérez, explica que la paya corresponde al contrapunto poético musical entre dos payadores que, acompañados generalmente por guitarra o guitarrón, cantan frente a un público que participa del enfrentamiento.
Desde la perspectiva del desarrollo del lenguaje, esta tradición también puede convertirse en una herramienta pedagógica. Mabel Urrutia, académica de la Universidad de Concepción e investigadora asociada al CIAE, destaca que “las payas son una oportunidad para trabajar directamente el lenguaje y creatividad, habilidades clave para el desarrollo humano”.
A esto se suma el aporte de la estructura de las payas. Carmen Sotomayor, académica del IE e investigadora del CIAE, explica que su rima y entonación facilitan el trabajo con vocabulario y prosodia.
“Las payas tienen una gracia y es que son poesías populares con una rima y una entonación muy fácil de retener. Por lo tanto, sirven para trabajar el vocabulario y la prosodia —entonación, ritmo y pausas—, que son habilidades muy importantes para la lectura”, señala.
Una actividad sencilla consiste en crear rimas divertidas con niños y niñas, utilizando sus propias palabras y siguiendo la estructura y musicalidad característica de las payas.
Las Fiestas Patrias también permiten hablar de identidad
Septiembre abre además una oportunidad para conversar sobre identidad, historia y diversidad cultural.
Preguntas como ¿por qué celebramos de esta manera?, ¿de dónde vienen nuestras tradiciones?, ¿cómo celebraban nuestros abuelos? o ¿son iguales las costumbres en Arica, La Serena, Curicó, Valdivia, Chiloé y Punta Arenas? pueden abrir conversaciones sobre la historia familiar y del país.
Para Cristián Bellei, investigador del CIAE, explorar estas diferencias permite comprender que las tradiciones no se viven de la misma manera en todos los territorios.
La conversación puede ayudar así a reconocer que no existe una única forma de vivir la identidad chilena, sino distintas experiencias y costumbres que forman parte de la diversidad del país.
Aprender sin transformar la celebración en una tarea
La propuesta de los investigadores no busca llevar el colegio a la mesa familiar ni convertir cada tradición en una actividad evaluada. La idea es aprovechar las oportunidades que septiembre ya ofrece para conversar, jugar, cocinar, crear y compartir.
“Porque una empanada también puede esconder un problema matemático; una paya, una oportunidad para jugar con el lenguaje; un juego tradicional, una instancia para aprender a convivir; y una conversación familiar, una puerta para acercarnos a nuestra historia”, resume Juan Pablo Valenzuela, director del CIAE de la Universidad de Chile.
Así, las Fiestas Patrias pueden ser mucho más que una pausa en el calendario escolar. La cocina, los juegos, la música, las palabras y las conversaciones familiares pueden convertirse en experiencias significativas de aprendizaje, mientras niños y niñas conocen, disfrutan y reflexionan sobre las tradiciones que forman parte de su entorno.







