
Especialistas advierten que la infertilidad se ha convertido en un problema de salud pública, impulsado por la postergación de la maternidad, el estrés, el sedentarismo y factores de salud que afectan tanto a mujeres como a hombres.
La infertilidad afecta actualmente a una de cada seis personas en edad reproductiva, una cifra que sigue creciendo y que refleja profundos cambios sociales, reproductivos y de salud en la población. Aunque durante años se asoció principalmente a las mujeres, hoy existe consenso científico en que se trata de una condición que involucra tanto a hombres como a mujeres y que requiere un abordaje integral y oportuno.
Así lo explica Sara Parada Ibáñez, directora de la carrera de Obstetricia de la Universidad Andrés Bello, sede Santiago, quien advierte que las causas de infertilidad son múltiples y cada vez más frecuentes. “Hoy observamos factores femeninos como trastornos ovulatorios, especialmente el síndrome de ovario poliquístico, además de endometriosis, patologías uterinas y compromiso tubario. Sin embargo, también existen factores masculinos asociados a alteraciones en la calidad espermática, además de causas mixtas o incluso inexplicadas”, sostiene.
A ello se suman factores sociales y culturales, como la postergación de la maternidad y paternidad por razones laborales, económicas o proyectos de vida, situación que desplaza el deseo reproductivo hacia edades más avanzadas.
Uno de los factores más determinantes sigue siendo la edad, especialmente en las mujeres. “La reserva ovárica comienza a disminuir desde los 30 años y este descenso se acelera después de los 35, reduciendo significativamente las probabilidades de embarazo y aumentando los riesgos reproductivos”, explica la académica.
No obstante, la especialista recalca que el paso del tiempo también impacta la fertilidad masculina. “En los hombres disminuye la motilidad espermática, aumenta la fragmentación del ADN y se incrementa el riesgo de resultados reproductivos adversos”, añade.
El estilo de vida también juega un rol clave y, muchas veces, subestimado. El tabaquismo, el consumo de alcohol, el sedentarismo y las alteraciones del peso afectan directamente la fertilidad tanto femenina como masculina.
Sara Parada Ibáñez enfatiza que estos factores tienen algo en común: son modificables. “Trabajar en hábitos saludables puede marcar una diferencia importante en la salud reproductiva. Por eso, la Organización Mundial de la Salud recomienda entregar consejería incluso antes de iniciar tratamientos de fertilidad”, señala.
Sin embargo, el impacto de la infertilidad va mucho más allá de lo físico. La condición también afecta profundamente la salud emocional y mental de quienes la viven.
“La infertilidad no es solo una condición biológica. Genera angustia, frustración y afecta la calidad de vida y las relaciones de pareja. Por eso, el acompañamiento psicosocial es tan importante como el tratamiento clínico”, afirma la directora de Obstetricia de la UNAB.
En este escenario, la detección precoz se vuelve fundamental. Según la especialista, identificar oportunamente factores de riesgo permite iniciar tratamientos antes y evitar la pérdida de tiempo reproductivo, especialmente en mujeres mayores de 35 años.
“El tiempo es un factor crítico y un diagnóstico temprano puede cambiar completamente el pronóstico”, advierte.
La académica también destaca el rol que cumple la matronería en este proceso. Desde la educación sexual y reproductiva hasta la consejería preconcepcional, las matronas se posicionan como agentes clave en la prevención y acompañamiento de las personas.
“Tenemos una labor fundamental en informar, orientar y acompañar a las personas, además de derivar oportunamente a otros profesionales cuando es necesario. Nuestra mirada es integral y centrada en las personas”, sostiene Sara Parada Ibáñez.
Finalmente, la especialista subraya la necesidad de visibilizar la infertilidad como un problema de salud pública y de derechos reproductivos. Derribar mitos, promover información clara y garantizar un acceso oportuno a la atención no solo mejora los resultados reproductivos, sino que también contribuye a una atención más humana y empática.





