Incontinencia urinaria: cuándo consultar y cómo tratarla

Las pérdidas involuntarias de orina no deben considerarse normales. Un urólogo de la Universidad Andrés Bello explica sus principales causas, factores de riesgo, señales de alerta y tratamientos disponibles para mejorar la calidad de vida.

 Las pérdidas involuntarias de orina pueden afectar la vida social, laboral y personal de quienes las experimentan, pero no deben asumirse como una consecuencia inevitable del envejecimiento o del embarazo. La incontinencia urinaria es una condición de salud que puede diagnosticarse y tratarse, por lo que reconocer sus señales de alerta permite acceder oportunamente a una evaluación médica.

El Dr. José Delgado, urólogo y académico de la carrera de Medicina de la Universidad Andrés Bello (UNAB), sede Concepción, explica que la incontinencia urinaria corresponde a la pérdida involuntaria de orina que genera un problema higiénico y social. Entre sus principales tipos se encuentran la incontinencia de esfuerzo y la incontinencia de urgencia.

“La incontinencia urinaria no es normal. Sin embargo, existen ciertas condiciones que permiten que tanto hombres como mujeres puedan padecerla durante su vida. Esta puede provocar aislamiento social, vergüenza e incapacidad para desarrollar una vida normal”, señala el académico.

Señales de alerta y factores de riesgo

Uno de los principales indicadores que requiere evaluación médica son las infecciones urinarias recurrentes, especialmente cuando aparecen junto con pérdidas de orina o cambios en los hábitos miccionales.

El especialista advierte que atribuir estos síntomas exclusivamente al envejecimiento puede retrasar el diagnóstico de enfermedades que requieren tratamiento.

Entre las personas con mayor riesgo de desarrollar incontinencia urinaria se encuentran los adultos mayores, pacientes con enfermedades neurológicas, personas con diabetes y quienes han sido sometidos a cirugías o radioterapia pélvica.

El embarazo y el parto también pueden afectar los mecanismos normales de continencia. “Durante el embarazo y el parto, el piso pélvico se ve alterado y, por lo tanto, también los mecanismos normales de continencia, ya sea por daño estructural o neuropático que afecta el control esfinteriano”, explica Delgado.

En la menopausia también pueden aparecer factores que favorecen la incontinencia. La disminución de estrógenos, la atrofia genital y algunas enfermedades crónicas o neurológicas pueden contribuir tanto a la incontinencia de esfuerzo como a la de urgencia.

¿Por qué ocurre en los hombres?

En los hombres, la incontinencia urinaria puede relacionarse con enfermedades prostáticas y tratamientos quirúrgicos de la próstata.

“La obstrucción crónica de la vejiga puede producir vejigas hiperactivas que inducen incontinencia de urgencia. Asimismo, la cirugía prostática, especialmente la prostatectomía radical por cáncer, es una causa frecuente de incontinencia urinaria debido a la lesión del esfínter”, señala el urólogo.

También pueden influir enfermedades neurológicas como los accidentes cerebrovasculares, el Parkinson, la esclerosis múltiple y las demencias, además de algunos trastornos psiquiátricos y enfermedades metabólicas, como la diabetes mellitus mal controlada.

A estos factores se suman algunos hábitos y condiciones que pueden aumentar el riesgo. El sobrepeso, el tabaquismo, la constipación, la tos crónica y postergar la micción durante muchas horas pueden favorecer la aparición o agravamiento de los síntomas.

Diagnóstico: identificar la causa es clave

El diagnóstico comienza principalmente con una evaluación clínica y un examen físico que permita identificar la pérdida urinaria y sus características.

Dependiendo de cada caso, el especialista puede solicitar exámenes complementarios como análisis de orina, urocultivo, glicemia, hemoglobina glicosilada, ecografía pélvica o resonancia magnética del piso pélvico.

El estudio urodinámico también puede utilizarse para analizar con mayor precisión el funcionamiento de la vejiga y la uretra y determinar el tipo de incontinencia.

Cambios de hábitos y tratamiento

El tratamiento depende de la causa y del tipo de incontinencia. El abordaje puede combinar cambios de hábitos, ejercicios, medicamentos y otras alternativas terapéuticas, según las necesidades de cada paciente.

“Es fundamental modificar hábitos como dejar de fumar, mantener una adecuada ingesta de agua, realizar ejercicios de piso pélvico (Kegel), tratar la constipación cuando exista y establecer horarios para la micción”, explica Delgado.

En algunos casos, el médico puede indicar tratamientos farmacológicos, entre ellos anticolinérgicos como oxibutinina y tolterodina, o beta-agonistas como mirabegrón.

La clave está en no normalizar las pérdidas de orina. Consultar a tiempo permite identificar la causa, descartar enfermedades asociadas y definir un tratamiento que puede mejorar significativamente la calidad de vida.

“El diagnóstico precoz permite identificar la causa y mejorar significativamente la calidad de vida de los pacientes”, concluye el especialista.

Isabel Chandía

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