La expansión de los vehículos eléctricos abre un nuevo desafío para Chile: reutilizar y gestionar de forma segura las baterías que dejan de cumplir las exigencias del uso automotriz.
La expansión de la electromovilidad en Chile traerá un nuevo desafío ambiental y tecnológico: qué hacer con las baterías de litio cuando dejen de ser eficientes para los vehículos eléctricos. Durante la próxima década, aumentará progresivamente el número de baterías que saldrán del uso automotriz, generando la necesidad de contar con infraestructura, protocolos de seguridad y regulaciones para su gestión.
Sin embargo, que una batería deje de ser adecuada para mover un automóvil no significa que haya llegado al final de su vida útil. Una de las alternativas que comienza a tomar fuerza es reutilizarla en aplicaciones que requieren menores niveles de potencia y autonomía.
Alejandra Bravo, directora de Transferencia Tecnológica del proyecto LiBR3, liderado por CircularTec, explica que después de 10 a 15 años una batería puede perder eficiencia para el uso automotriz, pero mantener entre 70% y 80% de su capacidad de carga. Ese nivel permite evaluar su utilización en otras aplicaciones industriales.
De residuo a activo energético
La llamada segunda vida de las baterías busca aprovechar aquellas unidades que todavía mantienen condiciones adecuadas de funcionamiento. Una de sus principales aplicaciones está en los sistemas estacionarios de almacenamiento de energía, conocidos como BESS.
Domingo Ruiz León, académico de la Universidad de Santiago de Chile e investigador de ReBatVE, destaca que esta alternativa permite prolongar el uso de materiales críticos como litio, níquel, cobalto, cobre y grafito, reduciendo tanto la demanda de nuevas materias primas como la generación de residuos.
En Chile, proyectos como LiBR3 y ReBatVE trabajan en demostrar la viabilidad de estas soluciones y, al mismo tiempo, desarrollar capacidades para su implementación. Esto incluye infraestructura de ensayo, tecnologías de diagnóstico y protocolos que permitan determinar qué baterías pueden ser reutilizadas y bajo qué condiciones.
Chile debe prepararse para el nuevo escenario
El desafío no consiste únicamente en encontrar nuevos usos para las baterías. También implica construir desde ahora la infraestructura, los estándares de seguridad y las capacidades tecnológicas necesarias para enfrentar el crecimiento de esta futura corriente de baterías fuera de uso.
Luis Martínez Cerna, director ejecutivo de CircularTec, plantea que la electromovilidad debe considerar desde su expansión qué ocurrirá con las baterías cuando ya no cumplan las exigencias del transporte.
“Para Chile, esto representa una oportunidad concreta de economía circular, y es extender la vida útil de estos activos, desarrollar capacidades tecnológicas y generar nuevas soluciones de almacenamiento energético. Creemos que el desafío es construir desde hoy el ecosistema, la infraestructura y los estándares de seguridad que permitan transformar una futura corriente de residuos en una nueva fuente de valor para el país y sus territorios”, señala.
¿Dónde podrían utilizarse?
Las baterías reacondicionadas podrían tener aplicaciones en industrias, instalaciones comerciales, viviendas e infraestructura de carga para vehículos eléctricos. También podrían utilizarse en distintos sistemas de almacenamiento vinculados a la red eléctrica.
Entre las alternativas que se estudian aparecen el arbitraje energético, la gestión de redes y otras aplicaciones asociadas al almacenamiento de electricidad, además de posibles usos vinculados a la producción de hidrógeno verde.
La duración de esta segunda vida dependerá, entre otros factores, de la intensidad con que se utilice cada batería.
Gonzalo Bustos, líder BESS y Aplicaciones LiBR3, explica que en aplicaciones exigentes la vida adicional puede ser de pocos años, mientras que en usos más moderados puede extenderse significativamente. La estimación para muchas aplicaciones se sitúa entre cinco y 15 años adicionales.
Antes del reciclaje
La reutilización en sistemas de almacenamiento aparece así como una alternativa para extender la vida útil de las baterías antes de que lleguen a la etapa de reciclaje.
Para que este modelo pueda desarrollarse en Chile, será necesario avanzar en tecnologías de diagnóstico, protocolos de seguridad, infraestructura especializada, modelos de negocio y regulación.
El desafío será determinar qué baterías pueden tener una segunda vida, en qué condiciones y durante cuánto tiempo. La meta es que la expansión de la electromovilidad no genere simplemente una nueva corriente de residuos, sino que permita recuperar valor y aprovechar por más tiempo recursos estratégicos para el país.






