Académica de la Universidad Andrés Bello alerta sobre las brechas que aún existen en rehabilitación de cáncer y enfatiza que el ejercicio terapéutico y la kinesiterapia son claves para mejorar la calidad de vida, prevenir secuelas y acompañar a los pacientes durante todo el proceso del cáncer.
La rehabilitación en cáncer ya no se entiende como una etapa posterior al tratamiento, sino como un proceso continuo que debe comenzar desde el diagnóstico médico. Así lo plantea Karol Ramírez Parada, académica de la Escuela de Kinesiología de la Universidad Andrés Bello, quien advierte que todavía existen importantes brechas para incorporar esta mirada de manera temprana e integral en la práctica clínica.
La especialista sostiene que el ejercicio terapéutico y la rehabilitación cumplen un rol fundamental durante todas las etapas del cáncer, no solo en la recuperación física, sino también en la autonomía, el bienestar emocional y la calidad de vida de las personas.
Aunque la rehabilitación en cáncer ha ganado espacio dentro del tratamiento integral, su implementación todavía es desigual en muchos centros de salud.
En numerosos casos, la intervención kinesiológica comienza cuando ya existen secuelas avanzadas, pese a que los especialistas recomiendan iniciar el acompañamiento desde las primeras etapas de la enfermedad.
“La rehabilitación implica acompañar a la persona desde el diagnóstico, durante el tratamiento y también en etapas posteriores, ya sea en la sobrevida o en cuidados paliativos”, explica Karol Ramírez.
Desde su experiencia en investigación clínica, la académica de Universidad Andrés Bello advierte que existen brechas importantes, especialmente en mujeres.
Muchas veces, señala, priorizan el cuidado de otros antes que su propia salud, retrasando controles preventivos y también los procesos de rehabilitación.
“Ese patrón de postergación impacta tanto en el diagnóstico oportuno como en el acceso a rehabilitación, desaprovechando beneficios fundamentales en momentos clave del tratamiento”, sostiene la docente.
Según la especialista, esta situación evidencia una brecha de género que afecta directamente las oportunidades de recuperación y calidad de vida.
Los cuatro pilares de la rehabilitación en cáncer
Actualmente, la rehabilitación oncológica se organiza en cuatro grandes paradigmas que acompañan a la persona durante todo el proceso de la enfermedad.
1. Prevenir
La primera etapa corresponde a la prehabilitación, enfocada en preparar físicamente al paciente antes de iniciar tratamientos como cirugía, quimioterapia o radioterapia.
El objetivo es optimizar la condición física y funcional para enfrentar mejor los tratamientos y prevenir futuras secuelas.
2. Restaurar
El segundo enfoque busca recuperar funciones afectadas por la enfermedad o sus tratamientos.
Aquí se trabaja en aspectos como:
- Capacidad física.
- Movilidad.
- Función respiratoria.
- Recuperación funcional.
3. Sostener
Cuando las secuelas se transforman en condiciones crónicas, la rehabilitación apunta a mantener la funcionalidad y promover la autonomía.
“La idea es ayudar a las personas a adaptarse a los cambios y mantener su calidad de vida”, explica Ramírez.
4. Acompañar
En etapas paliativas, el foco está en aliviar síntomas, preservar la dignidad y sostener el bienestar del paciente.
Más allá del tratamiento médico
La evidencia demuestra que las personas con mejor condición física y capacidad cardiorrespiratoria enfrentan de mejor manera tanto el cáncer como sus tratamientos.
Sin embargo, la académica enfatiza que la rehabilitación no debe centrarse únicamente en indicadores físicos.
“La rehabilitación también tiene que ver con la autonomía, la funcionalidad y la capacidad de la persona para desenvolverse en su vida diaria”, afirma.
Las principales barreras para acceder a rehabilitación oncológica
Pese a su relevancia, el acceso a programas de rehabilitación en cáncer sigue siendo limitado en Chile.
Entre las principales dificultades destacan:
- Baja presencia de profesionales de rehabilitación en oncología.
- Escasez de especialistas.
- Falta de derivación oportuna.
- Costos asociados.
- Problemas de traslado.
- Desigualdades territoriales.
Estas brechas terminan condicionando quiénes pueden acceder a este tipo de tratamientos y quiénes quedan fuera.
Una mirada integral del cáncer
Finalmente, Karol Ramírez enfatiza que el cáncer requiere una mirada mucho más amplia e integral.
“El cáncer no puede seguir abordándose únicamente desde el manejo médico. La rehabilitación debe ser considerada un componente esencial del tratamiento oncológico”, concluye la académica de Universidad Andrés Bello.






