Más de 2 mil corredores de 50 países participarán en septiembre en la competencia, que agotó sus cupos. Una especialista advierte sobre los efectos del ripio, los desniveles, el frío y el viento en el rendimiento y la fatiga.
Más de 2 mil corredores de 50 países y casi 100 comunas de Chile llegarán en septiembre a Torres del Paine para participar en una nueva edición del Patagonian International Marathon, una de las competencias más exigentes del extremo sur del país.
La carrera agotó todos sus cupos con más de dos meses de anticipación y contempla distancias de 10K, 15K, 21K, 30K y 42K. El interés por la competencia incluso llevó a la organización a abrir anticipadamente las inscripciones para la edición 2027.
Pero el desafío no está solo en la distancia. El terreno irregular, los desniveles, el viento y los cambios bruscos de temperatura convierten a esta carrera en una prueba muy distinta a correr en una ciudad.
La Dra. Eva Peña, especialista en Medicina del Deporte y la Actividad Física de Clínica CRL, explica cuáles son los principales factores que los corredores deben considerar antes de enfrentarse al recorrido patagónico.
Ripio y desniveles aumentan la exigencia
Los paisajes de Torres del Paine son parte del atractivo de la competencia, pero también imponen condiciones particulares para el cuerpo. El ripio, las curvas y las pendientes obligan a modificar constantemente la forma de correr.
A diferencia del asfalto, donde el movimiento suele ser más estable y predecible, el terreno patagónico obliga a realizar ajustes permanentes de dirección, equilibrio y apoyo.
“En el ripio, las curvas y los desniveles, cada zancada exige microajustes constantes, lo que activa muchos más músculos estabilizadores que en una carrera urbana. Esto es positivo para la fuerza funcional, pero también multiplica la fatiga neuromuscular”, señala la especialista.
Las pendientes también cambian la distribución del esfuerzo. En las subidas aumenta la demanda sobre las caderas y los tobillos, mientras que los descensos generan una mayor carga sobre los cuádriceps.
Esto ocurre porque durante las bajadas el músculo realiza contracciones excéntricas, que pueden provocar mayor daño muscular que correr en terreno plano, incluso cuando la velocidad es menor.
Por eso, mantener un ritmo fijo durante toda la competencia puede no ser la mejor estrategia.
“En una carrera de estas características, el ritmo objetivo pierde sentido como única referencia. Es importante aprender a competir también por percepción de esfuerzo y adaptar la intensidad a las condiciones del terreno”, explica la Dra. Peña.
Frío y viento también afectan el rendimiento
El clima es otro factor que puede modificar la respuesta del organismo. Las bajas temperaturas y el viento aumentan la pérdida de calor corporal, especialmente cuando la ropa está húmeda por la lluvia o el sudor.
El frío también puede reducir el flujo sanguíneo periférico y afectar la elasticidad de músculos y tendones. Por eso, realizar un calentamiento adecuado cobra especial importancia antes de comenzar a correr.
La especialista recomienda utilizar vestimenta por capas, de manera que los corredores puedan regular su temperatura, evacuar la humedad y protegerse del viento.
La hidratación sigue siendo clave
Las bajas temperaturas pueden generar una falsa sensación de seguridad frente a la hidratación. Aunque el corredor sienta menos sed, el organismo continúa perdiendo líquidos a través de la sudoración y la respiración.
Por esta razón, la recomendación es establecer un plan de hidratación antes de la carrera y respetarlo durante el recorrido, sin esperar a que aparezca la sensación de sed.
También es importante adaptar la estrategia a las condiciones reales del día de la competencia, considerando temperatura, viento, distancia y nivel de esfuerzo.
Prepararse para la carrera real
La Dra. Peña enfatiza que una adecuada preparación debe reproducir, en la medida de lo posible, las condiciones que el corredor encontrará en Torres del Paine.
Eso significa incorporar terreno irregular, desniveles y trabajo específico para los descensos, además de preparar al organismo para las condiciones climáticas que pueden presentarse durante la competencia.
“El consejo es preparar el cuerpo para la carrera que realmente se va a enfrentar: terreno irregular, descensos, frío y viento. La distancia debe ser el resultado de la preparación acumulada, no un objetivo que obligue a acortar el camino”, concluye la especialista de Clínica CRL.
La nueva edición del Patagonian International Marathon no solo reunirá a corredores de distintos países y regiones de Chile. También pondrá a prueba su capacidad para adaptar el esfuerzo a uno de los entornos naturales más exigentes y cambiantes del país.






