El cansancio acumulado puede afectar el sueño, el ánimo, la concentración y las relaciones. Un psicólogo entrega recomendaciones para detectar cambios de conducta y pedir ayuda a tiempo.
El avance del segundo semestre puede traer consigo mayores niveles de cansancio y estrés por la acumulación de exigencias académicas y laborales. Cuando esta presión se mantiene durante un período prolongado, puede afectar el bienestar emocional, el descanso y la capacidad para enfrentar las actividades cotidianas.
En el marco del Mes de la Prevención del Suicidio, septiembre busca reforzar la importancia de hablar de salud mental durante todo el año, reducir los estigmas asociados a pedir ayuda y favorecer la detección temprana de señales de alerta.
Gerardo Riffo, director de la Carrera de Psicología de Universidad de Las Américas (UDLA), explica que mantener conversaciones permanentes sobre salud mental permite que las personas reconozcan antes sus señales de malestar y puedan acceder oportunamente a redes de apoyo y atención profesional.
“Hablar de prevención de manera permanente ayuda a construir entornos más seguros e inclusivos, donde las personas puedan reconocer su malestar, pedir ayuda y encontrar soporte oportunamente”, señala el académico.
Cuando el estrés deja de ser temporal
El especialista explica que no todo estrés tiene consecuencias negativas. Frente a una situación puntual, el organismo activa recursos para responder a una demanda y, una vez superado el desafío, es posible recuperar el funcionamiento habitual.
La dificultad aparece cuando las exigencias se mantienen durante demasiado tiempo y la persona percibe que los recursos disponibles no son suficientes para enfrentarlas. En esos casos, el estrés puede transformarse en una experiencia persistente que afecta distintas áreas de la vida.
Entre las manifestaciones más frecuentes se encuentran alteraciones del sueño, fatiga persistente, tensión muscular, dolores de cabeza y cambios gastrointestinales. También pueden aparecer irritabilidad, variaciones importantes del estado de ánimo, pérdida de interés por actividades habituales y una sensación constante de alerta.
“Es importante observar no solo la presencia de un síntoma aislado, sino también su persistencia y el cambio respecto del funcionamiento habitual de la persona”, explica Riffo.
Cambios de conducta que requieren atención
Además de los síntomas físicos y emocionales, existen cambios de comportamiento que pueden advertir que una persona está atravesando un período de mayor malestar.
Entre ellos se encuentran el deterioro del autocuidado, modificaciones importantes en los hábitos alimentarios, ausencias reiteradas, una disminución repentina del desempeño, aumento del consumo de sustancias, aislamiento social o el abandono de actividades que anteriormente resultaban significativas.
Estos cambios no necesariamente significan que exista una crisis de salud mental, pero sí pueden indicar que es necesario prestar atención, acercarse y abrir un espacio de conversación.
Las redes cercanas cumplen un papel relevante. Familiares, amigos, compañeros de estudio y colegas pueden ser quienes primero detecten que algo ha cambiado.
“Escuchar sin juzgar, validar lo que la persona está experimentando y favorecer que busque ayuda son acciones que pueden marcar una diferencia”, sostiene el académico.
Cómo enfrentar el estrés del segundo semestre
Frente a períodos de alta exigencia, el especialista recomienda establecer prioridades y límites claros, evitando que las obligaciones académicas o laborales ocupen completamente la rutina.
También aconseja mantener una adecuada higiene del sueño, realizar pausas durante la jornada y desarrollar actividad física de manera regular, de acuerdo con las posibilidades de cada persona.
A esto se suma la importancia de mantener espacios de recreación, encuentro afectivo y participación social. Compartir con familiares y amigos, retomar actividades placenteras y reservar momentos de descanso también forman parte del cuidado de la salud mental.
El objetivo no es eliminar todas las fuentes de estrés, sino evitar que las exigencias se acumulen sin espacios suficientes de recuperación.
Pedir ayuda también es prevención
Cuando el malestar aumenta, interfiere significativamente en la vida cotidiana o aparecen señales de riesgo, buscar apoyo profesional permite evaluar la situación y recibir orientación de manera oportuna.
En Chile, ante una emergencia o una situación de riesgo, se puede contactar a Salud Responde al 600 360 7777. También está disponible la línea *4141, No estás solo, no estás sola, destinada a la prevención del suicidio.
La prevención de la conducta suicida requiere atención durante todo el año. Por eso, más allá de septiembre, mantener conversaciones abiertas sobre salud mental, fortalecer las redes de apoyo y pedir ayuda cuando sea necesario son herramientas fundamentales para el cuidado individual y colectivo.







