
La JUNJI conmemora su aniversario N°56 con la inauguración de un mural comunitario en Huechuraba, una obra de más de 400 metros que fortalece la seguridad, identidad y educación en La Pincoya.
En el marco de los 56 años de la JUNJI, la comunidad de La Pincoya inauguró un mural participativo de más de 400 metros en Huechuraba, consolidando un proyecto que une educación, arte y seguridad comunitaria.
Arte, educación y comunidad en La Pincoya
La obra se extiende por más de 400 metros lineales en los muros del establecimiento, transformando el entorno en un espacio más seguro y acogedor. El mural releva el cuidado de la primera infancia, la interculturalidad y la inclusión, proyectándose como un símbolo de identidad para vecinas y vecinos.
La intervención no solo embellece el sector, sino que también fortalece el vínculo entre el jardín infantil y la comunidad, integrando a familias, equipos educativos y actores locales en su diseño y ejecución.
La directora regional (s) Metropolitana de JUNJI, María Elena Orellana, destacó que “estas acciones reflejan el carácter transformador de los jardines infantiles en sus territorios”, subrayando su impacto más allá del aula.
Además, enfatizó que “construir comunidad y fortalecer redes de apoyo con niñas y niños en el centro es parte esencial de nuestro quehacer”, valorando el trabajo colaborativo detrás de la iniciativa.
La agrupación Parguolmos Wichan ejecutó el mural con financiamiento del Gobierno de Santiago y lo desarrolló mediante un proceso participativo.
Niñas, niños y sus familias participaron en talleres donde definieron temáticas y elementos de la obra, reforzando el sentido de pertenencia.
El proyecto fue liderado por la directora del establecimiento, Mónica Tapia, junto al equipo educativo, articulando el trabajo con apoderados, vecinos y entidades como la Municipalidad de Huechuraba. El objetivo fue claro: mejorar la seguridad del entorno y recuperar espacios públicos desde la comunidad.
“Seguiremos impulsando iniciativas que releven la cultura y los aprendizajes de niñas y niños, fortaleciendo el vínculo con la comunidad”, señaló la directora.
La intervención permitió transformar la cuadra en un espacio de encuentro comunitario, donde el arte se integra a la vida cotidiana y promueve un entorno más seguro, inclusivo y participativo para todos.





