Asma en Chile: cómo prevenir las crisis

Chile presenta una alta prevalencia de síntomas asmáticos en Latinoamérica. La falta de control de la enfermedad aumenta el riesgo de exacerbaciones, por lo que la prevención, la educación y la kinesiología cardiorrespiratoria cumplen un papel clave.

Chile se encuentra entre los países de Latinoamérica con mayor prevalencia de síntomas compatibles con asma, especialmente entre niños y adolescentes. A esto se suma un desafío relevante: una proporción importante de pacientes no mantiene un control adecuado de la enfermedad, situación que puede favorecer nuevas crisis y aumentar el riesgo de hospitalización.

Según la Encuesta Nacional de Salud 2016-2017, el 5,4% de los adultos en Chile declaró contar con un diagnóstico de asma. En la población infantil y adolescente, en tanto, estudios nacionales derivados del proyecto ISAAC han estimado que entre 15% y 18% de los escolares chilenos presentan síntomas compatibles con asma.

El académico de la Escuela de Kinesiología de la Universidad Andrés Bello, Felipe Castillo, explica que las llamadas crisis de asma ocurren por la interacción entre una enfermedad caracterizada por la inflamación crónica de las vías respiratorias y distintos factores ambientales que pueden desencadenar una respuesta exagerada de la vía aérea.

“Esta situación adquiere una relevancia especial debido a la combinación de altos niveles de contaminación atmosférica según el lugar que se analice, una importante circulación estacional de virus respiratorios como rinovirus, influenza y virus respiratorio sincicial, y condiciones climáticas que favorecen la inflamación de la vía aérea y, por ende, pueden desencadenar un episodio de exacerbación o ‘crisis’”, explica el docente.

Falta de control aumenta el riesgo

Uno de los principales desafíos es mantener la enfermedad bajo control. Un análisis de la Encuesta Nacional de Salud mostró que el 63% de los adultos con diagnóstico de asma no recibía tratamiento al momento de la encuesta, mientras que cerca de un tercio utilizaba únicamente broncodilatadores de rescate.

El tratamiento del asma no se limita a controlar una crisis cuando esta aparece. El período entre una exacerbación y otra ofrece una oportunidad para prevenir nuevas descompensaciones, identificar factores de riesgo y fortalecer la adherencia al tratamiento.

“En ese contexto, la kinesiología cardiorrespiratoria cumple un rol cada vez más relevante como parte del manejo multidisciplinario en los diferentes niveles de atención de la red de salud pública y privada. Un ejemplo claro de esta cobertura es el control de estos pacientes crónicos a nivel de atención primaria de salud con las salas ERA (Enfermedades Respiratorias del Adulto)”, indica Castillo.

Prevenir antes de que la crisis avance

Una de las claves para evitar que una exacerbación termine en un servicio de urgencia o en una hospitalización es intervenir antes de que la crisis progrese.

En atención primaria, el kinesiólogo puede contribuir mediante la educación del paciente y su familia, la evaluación y corrección de la técnica inhalatoria y el refuerzo de la adherencia al tratamiento. También participa en la identificación de factores desencadenantes y en la elaboración de planes de acción para responder ante las primeras señales de descompensación.

“En atención primaria, el kinesiólogo, por ejemplo, desempeña un rol fundamental mediante la educación del paciente y su familia, la evaluación y corrección de la técnica inhalatoria, la optimización de la adherencia al tratamiento, la identificación de factores desencadenantes y la elaboración de un plan de acción frente a las primeras señales de descompensación”, explica el académico.

Cuando estas medidas no son suficientes y el paciente presenta una crisis moderada o grave que requiere atención de urgencia, el kinesiólogo cardiorrespiratorio forma parte del manejo agudo multidisciplinario.

“Su participación puede incluir la administración y monitorización de la terapia inhalatoria, optimizando la entrega de broncodilatadores mediante el dispositivo e interfaz más adecuados. También puede ajustar junto al equipo médico el aporte de oxígeno para corregir la hipoxemia, evitando concentraciones innecesarias, y apoyar, en pacientes con mayor compromiso respiratorio y casos seleccionados, el uso de ventilación mecánica”, detalla.

La evaluación permanente del trabajo respiratorio, la respuesta al tratamiento y la aparición de signos de deterioro permite al equipo clínico tomar decisiones oportunas y actuar frente a una eventual progresión de la dificultad respiratoria.

Cuándo consultar

Reconocer las primeras señales de pérdida de control puede marcar una diferencia. El especialista explica que algunos síntomas recurrentes indican que es necesario reevaluar el tratamiento.

“Cuando comienzan a aparecer episodios frecuentes de tos, especialmente durante la noche, sensación de pecho apretado, silbidos al respirar o necesidad creciente de utilizar el inhalador de rescate, es muy probable que la enfermedad esté perdiendo el control y que el tratamiento deba ser reevaluado”, señala Castillo.

También deben considerarse señales de alerta la disminución de la tolerancia al ejercicio y los despertares nocturnos asociados a la falta de aire. Estas manifestaciones no deberían normalizarse y requieren una evaluación profesional.

Existen, además, síntomas que pueden indicar una exacerbación grave y que requieren atención médica inmediata.

“La dificultad respiratoria intensa que impide hablar frases completas, la utilización evidente de los músculos del cuello y del tórax para respirar, la persistencia de la falta de aire pese al uso del broncodilatador de rescate, la coloración azulada de labios o dedos, el agotamiento físico y la aparición de somnolencia o confusión”, detalla el académico.

En pacientes que utilizan un medidor de flujo espiratorio máximo, un valor inferior al 50% de su mejor registro personal constituye también un criterio de gravedad.

Aunque la mortalidad por asma en Chile ha disminuido de manera sostenida durante las últimas décadas, la enfermedad puede llegar a ser grave y potencialmente mortal cuando una exacerbación no recibe atención oportuna.

Por ello, mantener controles periódicos, reconocer las señales de pérdida de control y actuar tempranamente frente a una crisis son elementos fundamentales para reducir complicaciones y favorecer un mejor manejo de la enfermedad.

Isabel Chandía

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