
Más que vigilancia o sanciones, la seguridad escolar efectiva requiere fortalecer vínculos, salud emocional y trabajo conjunto entre familias, escuelas y comunidad.
En medio del debate por la seguridad escolar en Chile y la reciente aprobación del proyecto de Ley de escuelas protegidas, Fundación ALMA hizo un llamado a cambiar el enfoque: pasar del control a la prevención, poniendo en el centro el vínculo, la confianza y el desarrollo emocional desde la primera infancia.
La organización advierte que reforzar únicamente medidas como vigilancia, infraestructura o sanciones no resuelve el problema de fondo, ya que la violencia escolar tiene raíces más profundas vinculadas al desarrollo socioemocional y a la calidad de las relaciones en el entorno educativo.
Prevención desde la primera infancia
En un contexto donde crece la preocupación por la convivencia escolar, la directora ejecutiva de Fundación ALMA, Carmen de la Maza, enfatiza que la protección real no se construye con más control, sino con más vínculo y acompañamiento temprano.
“La protección de niños y niñas no se logra con más vigilancia, sino con más prevención, más vínculo y comunidades educativas que acompañen desde los primeros años”, afirma.
Desde la fundación explican que la convivencia escolar comienza mucho antes de la etapa escolar, y que los primeros vínculos afectivos son determinantes en el desarrollo de habilidades como la autorregulación, la empatía y la resolución de conflictos.
Un niño que crece en un entorno de escucha, validación y cuidado tiene más herramientas para enfrentar conflictos sin recurrir a la violencia, lo que convierte a la primera infancia en un eje clave para cualquier política pública en esta materia.
Familia y escuela: una alianza clave
Fundación ALMA también pone el foco en la necesidad de fortalecer el vínculo entre familias y establecimientos educacionales, pasando de una relación administrativa a una verdadera comunidad de aprendizaje.
“Si queremos escuelas seguras, necesitamos comunidades más fuertes, donde familias, docentes y Estado trabajen de manera articulada”, sostiene De la Maza.
Este enfoque permite detectar tempranamente señales de alerta, acompañar procesos emocionales y generar entornos más protectores, donde la seguridad no depende solo de medidas externas, sino de relaciones de confianza.
Más comunidad, menos control
La organización advierte que apostar únicamente por infraestructura o vigilancia puede generar una falsa sensación de seguridad, sin abordar las causas estructurales de la violencia.
Por ello, plantean la urgencia de invertir en salud mental, alfabetización emocional y programas preventivos, especialmente dirigidos a familias y comunidades.
“Más muros o más castigos no solucionan el problema. La prevención comienza en el cuidado, el diálogo y la salud emocional”, recalca la directora ejecutiva.
Volver a lo esencial para una convivencia sana
Fundación ALMA subraya que la seguridad escolar debe construirse desde lo cotidiano, a través de prácticas simples pero significativas como el juego, la lectura compartida y el acompañamiento activo de adultos.
Este enfoque permite fortalecer la confianza, el sentido de pertenencia y las habilidades socioemocionales, elementos clave para una convivencia escolar sana y sostenible.
La evidencia es clara: sin vínculos sólidos, cualquier medida de control solo actúa como contención temporal, sin generar cambios reales en el largo plazo.
En ese sentido, el desafío es avanzar hacia comunidades educativas más cuidadoras, conectadas y comprometidas con el desarrollo integral de niños y niñas, donde la seguridad no sea solo una respuesta al conflicto, sino una construcción permanente basada en el respeto, la confianza y el cuidado mutuo.





