RUT y códigos: así operan las nuevas estafas bancarias

Los ciberdelincuentes combinan datos personales, llamadas telefónicas y códigos de verificación para tomar el control de cuentas bancarias. Especialistas llaman a no entregar información y verificar siempre por canales oficiales.

Una nueva modalidad de estafa bancaria combina información personal, bloqueo de cuentas y llamadas telefónicas para engañar a los usuarios y obtener códigos de verificación. Los ciberdelincuentes utilizan datos como el RUT, nombre y número telefónico de sus víctimas para generar un supuesto problema de seguridad y luego contactarlas haciéndose pasar por funcionarios de un banco.

El fraude comienza con la obtención previa de información personal. Con esos datos, los atacantes pueden intentar ingresar reiteradamente a una cuenta hasta provocar su bloqueo.

Luego viene la llamada. El supuesto ejecutivo informa a la víctima que detectó un intento de fraude y ofrece ayudarla a recuperar el acceso a su cuenta.

El momento crítico ocurre cuando solicita el código de verificación enviado por SMS o correo electrónico. Al entregar ese código, la víctima puede permitir que los delincuentes restablezcan sus credenciales y tomen el control de la cuenta.

Para Ohbrayan Ávila, especialista en Ciberseguridad de la Universidad del Alba, esta modalidad demuestra cómo los delincuentes están adaptando sus estrategias frente al fortalecimiento de las medidas de seguridad de las instituciones financieras.

“Efectivamente, existe un incremento importante en cuanto a los engaños telefónicos. Siempre hay que tener cuidado. Nunca entreguemos información que no nos solicite normalmente nuestro banco. Por ejemplo, nuestras claves o accesos adicionales para restablecer nuestras contraseñas, y siempre revisar sus aplicaciones en su dispositivo móvil o en su computador de confianza”, señaló.

Vishing: cuando la estafa llega por teléfono

Esta modalidad comparte características con el vishing, una técnica de ingeniería social que utiliza llamadas telefónicas para suplantar a bancos, organismos públicos, empresas o incluso personas conocidas.

El objetivo es generar confianza, miedo o sensación de urgencia para conseguir información personal, datos financieros, códigos de seguridad o transferencias de dinero.

Pedro Gallardo, director de IndraMind Cybersecurity Chile, de la firma española Indra Group, explica que el principal riesgo no siempre está en una vulnerabilidad tecnológica.

“Los ciberdelincuentes suelen hacerse pasar por instituciones legítimas mediante llamadas telefónicas, afirmando representar a un banco, un organismo público o incluso a un familiar. Su objetivo es generar confianza en la víctima para obtener información personal o financiera, o inducirla a realizar transferencias de dinero”, explica.

El especialista advierte que estas estafas son cada vez más sofisticadas porque combinan información previamente obtenida con presión psicológica, urgencia y herramientas tecnológicas.

A esto se suma el avance de la inteligencia artificial, que puede facilitar la clonación de voces y la personalización de las interacciones. Esto permite construir conversaciones más creíbles y aumentar las posibilidades de que la víctima siga las instrucciones del atacante.

Por eso, frente a una llamada inesperada que informe sobre un supuesto fraude, bloqueo de cuenta o movimiento sospechoso, la recomendación es clara: no entregar información ni seguir instrucciones durante la llamada.

Lo correcto es finalizar la comunicación y contactar directamente a la institución a través de su aplicación, sitio web o número oficial.

El phishing también sigue vigente

Las llamadas telefónicas son solo una de las vías utilizadas por los ciberdelincuentes. Los mensajes de texto, correos electrónicos, redes sociales y sitios web fraudulentos también son utilizados para obtener información personal y financiera.

Una de las modalidades más conocidas es el phishing. En estos casos, los delincuentes envían mensajes que aparentan provenir de bancos, empresas, servicios públicos o plataformas digitales.

El mensaje suele incluir un enlace que dirige a una página falsa diseñada para capturar contraseñas, datos bancarios o información de tarjetas.

También existen sitios que imitan a comercios legítimos y utilizan ofertas demasiado atractivas como mecanismo para captar víctimas.

Antes de ingresar información, Gallardo recomienda revisar cuidadosamente la dirección del sitio, buscar modificaciones pequeñas en el dominio, detectar errores ortográficos y comprobar que existan datos de contacto confiables.

También es importante desconfiar de precios muy por debajo del mercado, medios de pago inusuales o formularios que soliciten más información de la necesaria.

La regla, plantea el especialista, es sencilla: detenerse y verificar antes de actuar.

¿Cómo evitar una estafa bancaria?

Ante una llamada, mensaje o correo sospechoso, los especialistas recomiendan:

  • Nunca entregar claves, códigos de verificación ni datos de acceso, aunque quien contacte conozca el nombre, RUT u otros antecedentes personales.
  • No seguir instrucciones durante una llamada inesperada, especialmente si existe presión o sensación de urgencia.
  • Finalizar la comunicación y contactar directamente al banco mediante su aplicación, sitio web oficial o canales habituales de atención.
  • No ingresar credenciales desde enlaces recibidos por SMS, correo electrónico o redes sociales sin verificar previamente su origen.
  • Revisar la dirección del sitio web antes de ingresar información personal o bancaria.
  • Desconfiar de ofertas demasiado atractivas y de páginas que no entreguen información clara sobre quién está detrás del servicio.
  • Verificar siempre por un canal independiente. Si una persona llama desde un supuesto banco, no se debe utilizar el número que ella proporciona para comprobar la información.
  • Ante cualquier duda, detenerse antes de actuar. Unos minutos de verificación pueden evitar la pérdida de información o dinero.

Empresas y pymes también están en riesgo

El problema no afecta únicamente a los usuarios individuales. Las empresas y pymes también pueden convertirse en objetivos de este tipo de ataques, especialmente cuando los delincuentes logran acceder a información de trabajadores, clientes o proveedores.

Por ello, resulta fundamental establecer protocolos claros para detectar, reportar y responder ante incidentes de ciberseguridad.

La capacitación permanente de los equipos también cumple un papel clave. Un correo, mensaje o llamada aparentemente inofensiva puede convertirse en la puerta de entrada a sistemas corporativos y comprometer información sensible, activos críticos o incluso la continuidad operacional.

El escenario actual demuestra que las estafas digitales ya no dependen únicamente de encontrar una vulnerabilidad técnica.

Cada vez con mayor frecuencia, los ciberdelincuentes explotan la confianza, el miedo y la urgencia de las personas para conseguir que sean ellas mismas quienes entreguen la información que necesitan.

Por eso, la principal defensa combina tecnología y educación. Detenerse, desconfiar de las situaciones inesperadas y verificar siempre por canales oficiales puede marcar la diferencia entre una alerta y una estafa.

Isabel Chandía

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