La neurodiversidad gana cada vez más visibilidad en Chile, pero los desafíos para lograr una inclusión efectiva siguen siendo importantes. En el marco del Día del Orgullo Autista, que se conmemora cada 18 de junio, especialistas llaman a dejar atrás los estereotipos y avanzar hacia una sociedad donde las diferencias neurológicas sean reconocidas como una expresión legítima de la diversidad humana y una fuente de valor para las comunidades, organizaciones y espacios educativos.
Del déficit a la identidad
Durante décadas, el autismo fue definido principalmente desde una mirada centrada en las dificultades o carencias. Sin embargo, hoy crece una perspectiva que entiende el autismo como parte de la diversidad natural de las personas, promoviendo el respeto, la participación y el reconocimiento de distintas formas de pensar, aprender y relacionarse con el mundo.
La reflexión cobra especial relevancia considerando que, según la encuesta Work in Progress 2025 de Buk, Chile lidera América Latina con un 13% de colaboradores que se identifican como neurodivergentes. No obstante, un 44% declara haber experimentado discriminación laboral y un 24% reporta episodios frecuentes de depresión en el trabajo.
Además, el estudio revela que un 57% de quienes se identifican como neurodivergentes son mujeres, mientras que las generaciones Millennials y Z concentran los mayores niveles de identificación, reflejando una mayor visibilidad y acceso a diagnósticos en comparación con décadas anteriores.
La importancia de construir una identidad positiva
Para Soledad Gómez, periodista, MBA especializada en gestión de personas, consultora en neurodiversidad y fundadora de AtípicaMente, el orgullo autista no implica desconocer las dificultades que algunas personas enfrentan, sino cuestionar una narrativa histórica basada exclusivamente en el déficit.
“Muchas personas llegamos al diagnóstico después de años sintiéndonos diferentes, pensando que había algo malo en nosotros o intentando encajar en espacios que no estaban diseñados para nuestra forma de funcionar. Cuando entendemos que nuestra forma de experimentar el mundo es parte de la diversidad humana, aparece algo muy poderoso: la posibilidad de construir una identidad positiva”, explica.
La especialista señala que el diagnóstico puede transformarse en una herramienta de comprensión personal, pertenencia y bienestar emocional.
“De eso habla el Orgullo Autista: no de negar las dificultades, sino de dejar de sentir vergüenza por ser quienes somos”, agrega.
El costo de ocultar quién se es
Uno de los fenómenos más frecuentes entre personas autistas es el denominado masking o enmascaramiento, que consiste en ocultar comportamientos, necesidades o características propias para parecer neurotípico y ser aceptado socialmente.
Según Gómez, este esfuerzo permanente puede tener consecuencias importantes para la salud mental.
“El masking suele estar asociado a agotamiento crónico, ansiedad, burnout y una profunda sensación de desconexión con la propia identidad”, advierte.
Por ello, sostiene que resulta fundamental generar entornos donde las personas puedan desenvolverse con autenticidad, sin sentirse obligadas a ocultar quiénes son para ser aceptadas.
El desafío de la inclusión laboral
La conversación también alcanza al mundo del trabajo, donde aún persisten importantes barreras para las personas neurodivergentes.
Para la fundadora de AtípicaMente, el principal desafío no está en las capacidades de las personas, sino en estructuras organizacionales diseñadas bajo una visión homogénea del comportamiento, la comunicación y el desempeño laboral.
“Cuando hablamos de inclusión solemos pensar en contratación, pero la verdadera inclusión ocurre cuando las personas pueden desarrollarse, participar y permanecer en los espacios sin renunciar a su identidad”, afirma.
La especialista enfatiza que la inclusión real no consiste solo en abrir oportunidades de acceso, sino también en garantizar condiciones para que las personas puedan crecer, aportar y sentirse parte de una comunidad.
Gómez sostiene que avanzar hacia una cultura más inclusiva requiere modificar el lenguaje y las miradas que históricamente han definido las diferencias neurológicas como defectos o limitaciones.
“Hablar de neurodiversidad significa reconocer que existen distintas formas de pensar, aprender, comunicarse y relacionarse con el mundo. No se trata de negar las necesidades de apoyo cuando existen, sino de dejar de interpretar automáticamente esas diferencias como una falla”, señala.
A su juicio, la neurodiversidad aporta nuevas perspectivas, creatividad, innovación y distintas formas de resolver problemas, beneficios que fortalecen tanto a las organizaciones como a la sociedad en su conjunto.
Una invitación a la autenticidad y la pertenencia
En el marco del Día del Orgullo Autista, la especialista hace un llamado a construir comunidades, colegios, universidades y lugares de trabajo donde las personas puedan desarrollarse desde la autenticidad.
“El desafío es avanzar hacia una sociedad donde nadie tenga que esconder quién es para sentirse aceptado, donde la diversidad sea vista como una fortaleza y donde cada persona pueda construir su identidad desde el orgullo, la pertenencia y el respeto”, concluye.
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