
El creciente ingreso de influencers y figuras mediáticas a la política plantea oportunidades y riesgos, desde mayor conexión con la ciudadanía hasta dudas sobre preparación y gobernanza.
La irrupción de influencers y celebridades en cargos políticos en Chile y el mundo ha abierto un debate clave sobre la calidad del liderazgo público. Mientras su visibilidad en redes sociales les permite conectar con nuevas audiencias, expertos advierten que la popularidad no siempre garantiza capacidades para gobernar.
En los últimos años, la política ha experimentado una transformación profunda, marcada por el auge de las redes sociales y el peso de la atención digital en la construcción del poder.
De la popularidad digital al poder político
Según explica Anna Isabel López Ortega, directora de la Maestría en Comunicación y Marketing Político de la Universidad Internacional de Valencia (VIU), este fenómeno responde a un cambio estructural en la forma de hacer política.
“El capital político hoy se parece cada vez más al capital de atención. Tener millones de seguidores reduce las barreras de entrada al sistema y se convierte en una ventaja estratégica”, señala.
Este escenario ha llevado a que muchos políticos tradicionales adopten lógicas de creación de contenido, mientras que figuras del mundo digital ingresan al debate público con mayor facilidad.
Crisis de confianza y nuevos liderazgos
El fenómeno también se explica por la creciente desconfianza hacia las instituciones tradicionales, lo que abre espacio a perfiles percibidos como cercanos, auténticos y ajenos a la política convencional.
“Muchos ciudadanos buscan voces que hablen sin filtros y representen sus inquietudes de forma directa”, plantea la experta.
Sin embargo, este cambio plantea una pregunta de fondo: ¿basta la conexión emocional para ejercer un cargo público?
Riesgos: popularidad no es capacidad de gobernar
Uno de los principales desafíos es no confundir visibilidad con preparación. La gestión pública exige habilidades complejas que van más allá de la comunicación.
“Gobernar implica negociación, conocimiento institucional y toma de decisiones en contextos complejos. No es un liderazgo que pueda sostenerse solo en una marca personal”, advierte López Ortega.
Además, tener una gran cantidad de seguidores no garantiza votos, como se ha visto en procesos electorales recientes.
Oportunidades: acercar la política a nuevas audiencias
Pese a los riesgos, la participación de influencers también abre oportunidades relevantes.
Estos perfiles pueden:
- Ampliar la conversación pública
- Acercar la política a jóvenes y audiencias digitales
- Traducir temas complejos a un lenguaje más accesible
“Muchos jóvenes se informan principalmente a través de redes sociales. La presencia de creadores digitales puede incentivar mayor interés y participación”, destaca la especialista.
El rol de partidos y votantes
En este nuevo escenario, los partidos políticos enfrentan el desafío de elevar sus estándares internos, asegurando formación y preparación de quienes aspiran a cargos públicos.
“En democracia cualquiera puede ser elegido, pero necesitamos partidos más exigentes y votantes más críticos”, sostiene López Ortega.
El desafío: distinguir entre atención y proyecto político
El debate de fondo no es si influencers pueden participar en política, sino cómo asegurar que quienes acceden al poder cuenten con las competencias necesarias.
“Las redes sociales son una herramienta poderosa para comunicar, pero gobernar requiere mucho más que captar atención”, concluye.
En un contexto de cambio, el desafío para la democracia es equilibrar visibilidad, preparación y responsabilidad, asegurando que el liderazgo público responda a las necesidades reales de la sociedad.




