
El hígado cumple funciones esenciales para el organismo. Participa en el metabolismo de los nutrientes, elimina sustancias tóxicas y almacena energía.
Sin embargo, cuando más del 5% de su peso corresponde a grasa, se diagnostica hígado graso, una condición que durante años fue subestimada y que hoy representa un importante problema de salud pública.
“Se trata de una enfermedad silenciosa. Muchas personas no presentan molestias y el diagnóstico suele realizarse durante una ecografía o mediante exámenes de sangre que muestran alteraciones en las enzimas hepáticas”, explicó el especialista.
Por esta razón, recomienda que las personas con obesidad, diabetes tipo 2, hipertensión arterial, colesterol o triglicéridos elevados y resistencia a la insulina mantengan controles médicos periódicos, ya que presentan un mayor riesgo de desarrollar esta enfermedad.
La pérdida de peso puede revertir el daño
Una de las principales ventajas del diagnóstico precoz es que el hígado tiene una gran capacidad de recuperación cuando se eliminan los factores que provocan el daño.
El académico explicó que una reducción del peso corporal de entre un 5% y un 10% puede disminuir significativamente la grasa acumulada en el hígado, reducir la inflamación y favorecer su recuperación.
Qué alimentos ayudan a proteger el hígado
Más que seguir dietas restrictivas o tendencias alimentarias pasajeras, el especialista recomienda mantener una alimentación saludable y sostenible en el tiempo.
Entre los alimentos que conviene privilegiar se encuentran verduras y frutas de distintos colores, legumbres, cereales integrales, pescados, carnes magras, huevos, lácteos bajos en grasa y grasas saludables, como aceite de oliva, palta y frutos secos en cantidades adecuadas.
“Estos alimentos aportan fibra, vitaminas, minerales y grasas de buena calidad, favoreciendo un mejor control del peso y de la salud metabólica”, señaló Maruri.
En cambio, aconseja reducir el consumo de bebidas azucaradas, jugos, dulces, pasteles, comida rápida y alimentos ultraprocesados, ya que su consumo habitual favorece la acumulación de grasa en el hígado.
¿El alcohol también influye?
Aunque muchas personas relacionan el daño hepático únicamente con el consumo excesivo de alcohol, esta enfermedad puede desarrollarse incluso en personas que no beben.
Sin embargo, cuando ya existe un diagnóstico de hígado graso, incluso pequeñas cantidades de alcohol pueden dificultar la recuperación del órgano.
“Quienes han sido diagnosticados con hígado graso deben evitar completamente las bebidas alcohólicas durante el tratamiento”, enfatizó el académico.
Actividad física: un tratamiento tan importante como la alimentación
La alimentación saludable debe complementarse con ejercicio regular y un adecuado control de las enfermedades metabólicas.
El especialista recomienda realizar al menos 150 minutos de actividad física moderada a la semana, disminuir el tiempo sedentario, mantener un peso saludable y controlar patologías como la diabetes y la hipertensión.
Además, aconseja reemplazar las bebidas azucaradas por agua o infusiones sin azúcar, incorporar verduras y frutas en las comidas principales y caminar al menos 30 minutos al día, cinco veces por semana.
Los principales mitos sobre el hígado graso
Uno de los errores más frecuentes es pensar que solo las personas con obesidad desarrollan hígado graso.
“Si bien el exceso de peso aumenta significativamente el riesgo, esta enfermedad también puede presentarse en personas con peso normal que tienen alteraciones metabólicas o antecedentes familiares”, explicó Maruri.
Otro mito ampliamente difundido es creer que existen productos o suplementos “desintoxicantes” capaces de limpiar el hígado.
“Actualmente no existe evidencia científica sólida que respalde estos productos como tratamiento efectivo para el hígado graso. La estrategia más eficaz sigue siendo mejorar la alimentación, aumentar la actividad física y controlar los factores de riesgo bajo supervisión profesional”, enfatizó.
Finalmente, el académico destacó que diagnosticar la enfermedad a tiempo permite proteger el hígado y reducir el riesgo de diabetes, enfermedades cardiovasculares y otras complicaciones asociadas al síndrome metabólico.
“El hígado posee una notable capacidad de recuperación cuando se eliminan los factores que lo dañan. Adoptar hábitos saludables no solo protege este órgano, sino que mejora la salud integral de las personas”, concluyó.






