Mauricio Sancho, piloto, representante de una marca Alemana de Karts de competición y distribuidor de equipamiento e insumos, ha construido una mirada transversal sobre la actividad. Un enfoque que, al margen del talento y velocidad, incorpora la gestión, el mercado, los desafíos y la formación de nuevos talentos para el deporte.
La pasión comenzó desde su niñez. Para Mauricio Sancho, el karting no nació como una actividad comercial ni como una oportunidad profesional. Nació en familia, frente a un televisor y, sobre todo, alrededor de un Jeep de carreras que su padre preparaba durante largas jornadas para competir.
Su vínculo con el mundo motor comenzó durante su infancia, en los años 80’, cuando los domingos se transformaban en una verdadera ceremonia familiar: Fórmula 1 por televisión durante la mañana y carreras de distintas categorías en Vizcachas durante la tarde. No obstante, fue observar a su padre preparar su Jeep Fun Race, lo que terminó marcando su relación con el deporte motor.
“Veía como llegaba de su trabajo y se ponía a preparar el Jeep para el fin de semana de carreras, familiares y amigos ayudaban hasta la madrugada. Aprendí a identificar herramientas, conceptos técnicos y principalmente el trabajo en equipo”, recuerda el piloto.
Sancho siguió ligado al mundo motor. Durante su adolescencia practicó motocross y enduro de manera recreacional y, en paralelo, el karting comenzó a ocupar un lugar especial. Incluso recuerda “haber tenido, siendo niño, un kart con motor Suzuki 125 de dos tiempos, seis cambios y embrague al pie”.
El factor deportivo y empresarial
A comienzos del nuevo milenio llegó el paso decisivo: después de terminar sus estudios superiores, compitió durante tres o cuatro años en circuitos como Lampa, Rancagua y Limache, entre otros. Luego vendría una pausa marcada por la vida familiar, para luego regresar al karting desde otra perspectiva: como representante en Chile de Mach1, marca alemana de karts de competición.
Sancho conoce el karting desde el volante, pero también desde el paddock, el taller, la importación, la venta de componentes y la relación cotidiana con pilotos y equipos.
A su juicio, “cada carrera implica una estructura económica que resulta fundamental para que la actividad pueda desarrollarse. Es un deporte que apasiona ir a 120 kms/h a 2 centímetros del suelo es una sensación que enamora, no conozco quién lo haya dejado porque dejó de atraerlo. En Chile y en todo el mundo, hablar de karting, también significa hablar de dinero. Debemos distinguir entre su práctica a través de arriendo, recreacional y alta competencia”.
Sin ir más lejos, “la puerta de entrada es relativamente sencilla. Por alrededor de $25.000, un aficionado puede acceder a una sesión de aproximadamente 20 minutos, con kart, casco e inducción incluidos. Sin duda, la mejor manera de probar la actividad antes de realizar una inversión mayor”, explicó el Ingeniero Civil Industrial.
Asimismo, “que requiere de un presupuesto importante y lamentablemente no todo al que le guste o quiera practicarlo podrá hacerlo. Hay una barrera de entrada importante relacionada al financiamiento”
Sancho, explicó que “hoy un kart nuevo puede costar entre $3,5 y $7 millones, dependiendo de la categoría y la marca, mientras que el motor puede representar otros $2,5 a $6 millones. A eso se suman neumáticos, inscripción a las fechas, equipamiento de seguridad homologado, preparación mecánica, equipo de telemetría, transpondedor y licencia deportiva”.
El desafío de deportivo y la consolidación de una industria
Desde el punto de vista estrictamente deportivo, Sancho tiene una opinión positiva sobre el presente del karting nacional. Asegura que el nivel de los pilotos chilenos es alto, respaldado por competencias de buen nivel en las distintas categorías.
A su juicio en términos de calidad y no de cantidad, “Chile puede situarse al nivel de Argentina y Brasil, El potencial aparece con especial fuerza entre los niños y jóvenes. Hoy puedo decir sin temor a equivocarme que si no haz competido con éxito antes de los 15 años en kart de competición, muy difícilmente existirá una posibilidad concreta de construir una trayectoria internacional y posteriormente dar el salto hacia los monoplazas”.
La lista de pilotos chilenos que han conseguido proyectarse fuera del país demuestra: Por un lado están los que ya vivieron ese proceso y están forjando su camino con mucho talento y esfuerzo como lo son entre otros Clemente Huerta, Nicolás Ambiado, Agustín Sepúlveda y Nico Pino. Y por otro lado están compitiendo a gran nivel en Chile y el extranjero Anaís Orellana, Izko Alonso, Augusto Salamé, Bruno Miranda y Facundo Hernández (ya en Fórmula en USA) quienes no superan los 13 años. Son ejemplos de una generación que ha conseguido abrirse camino en escenarios internacionales.
Para Sancho, uno de los principales obstáculos para el crecimiento del karting chileno no está necesariamente en las pistas ni en el talento, sino en la capacidad del deporte para mostrarse dentro y fuera de Chile. Si bien, hoy existen campeonatos que son transmitidos mediante streaming, “la calidad audiovisual y el conocimiento especializado de quienes relatan y comentan las carreras todavía están lejos de lo que podría ofrecer el deporte.”.
Su crítica tiene un objetivo concreto: si el karting quiere atraer pilotos, auspiciadores y público, necesita convertirse en un producto atractivo para quienes todavía no forman parte de la comunidad.
“Lo fundamental que debe ocurrir, para crecer de manera constante es tener más y mejor información, difusión y transmisión”, afirma.
Para Sancho, “las empresas que pueden financiar a los talentos buscan visibilidad y llamar la atención de más personas. Sin audiencia no hay suficiente atractivo comercial y, sin financiamiento, resulta más difícil que los pilotos puedan progresar. Asimismo, sin nuevos pilotos, el mercado tampoco consigue crecer”.
Por eso, cuando habla del futuro del karting chileno, su mirada no se limita a la adrenalina de la velocidad y al ambiente que se genera. También involucra financiamiento, pilotos, audiencias y circuitos, pero también de industria. Ahí, radica su principal capital: entender que para que el karting avance, no basta con acelerar. También es necesario construir el camino.






