
En el Mes de la Seguridad Vial, la Asociación Nacional de Importadores de Motocicletas (ANIM) alertó sobre la falta de escuelas certificadas para motociclistas en Chile y advirtió que las barreras regulatorias están frenando la formación segura en todo el país.
Mientras el parque de motocicletas sigue creciendo sostenidamente en Chile, la infraestructura para formar conductores especializados continúa siendo mínima. Según cifras de la Asociación Nacional de Importadores de Motocicletas (ANIM), entre 2018 y 2025 se vendieron 297.843 motocicletas en el país, pero actualmente existen solo dos escuelas certificadas para enseñar a conducir motos, ambas ubicadas en Santiago.
El dato preocupa al gremio en el marco del Mes de la Seguridad Vial, especialmente considerando que las motocicletas ya cumplen un rol cada vez más relevante en la movilidad urbana y rural.
De acuerdo con ANIM, el segmento de motos de calle concentró el 87% de las ventas, con más de 260 mil unidades comercializadas durante los últimos siete años. Sin embargo, ese crecimiento no ha sido acompañado por una red de formación adecuada para nuevos motociclistas.
“La formación de conductores es un elemento central para avanzar en seguridad vial. Hoy existe una demanda creciente por capacitación formal, pero las condiciones regulatorias dificultan la creación de nuevas escuelas especializadas”, advirtió el gremio.
La situación contrasta con el escenario de los automóviles. Según datos de CONASET, Chile cuenta con más de 650 escuelas de conducción para vehículos livianos, mientras que la oferta formal para motociclistas sigue siendo extremadamente limitada.
Barreras regulatorias frenan nuevas escuelas
Desde ANIM sostienen que el proceso de certificación para escuelas de motocicletas contempla exigencias administrativas y operativas que muchas veces no se ajustan a la realidad de este tipo de formación.
Entre las principales dificultades aparecen requisitos de infraestructura, seguros y autorizaciones administrativas que, según el gremio, terminan desincentivando la apertura de nuevos centros especializados.
Alejandra Álvarez, directora de Women Riders Chile y primera mujer acreditada en Chile como instructora de motos, aseguró que el problema no está en la falta de personas capacitadas para enseñar.
“Existen personas preparadas y con vocación para enseñar correctamente, pero el proceso de certificación es lento, costoso y poco claro. Muchas veces los criterios no son uniformes y los trámites pueden extenderse durante meses”, explicó.
La instructora agregó que la falta de escuelas fuera de Santiago limita gravemente el acceso a capacitación formal en regiones.
“Hoy miles de motociclistas simplemente no tienen alternativas cercanas para capacitarse de manera profesional”, afirmó.
Seguridad vial y formación especializada
Desde ANIM también cuestionan algunas exigencias regulatorias que consideran desproporcionadas para este tipo de enseñanza. Entre ellas, mencionan la obligación de contratar seguros de responsabilidad civil de hasta 1.000 UF por vehículo, requisito originalmente pensado para licencias profesionales de vehículos de gran tamaño.
José Ignacio Zenteno, director de ANIM, señaló además que existen diferencias de interpretación entre autoridades administrativas respecto de las autorizaciones necesarias para operar.
“En algunos casos, incluso distintas autoridades interpretan de manera diferente sus competencias sobre este tipo de instalaciones, lo que genera incertidumbre y retrasa los procesos”, sostuvo.
El gremio enfatizó que fortalecer la seguridad vial requiere ampliar la cobertura de formación especializada y facilitar la creación de nuevos espacios de capacitación en distintas regiones del país.
“Si queremos mejorar la seguridad vial de manera sostenible, necesitamos más y mejores espacios de formación. La motocicleta dejó de ser un vehículo de nicho y hoy cumple un rol clave en la movilidad cotidiana de miles de personas”, concluyó ANIM.





