Caídas explican 3 de cada 4 fracturas de cadera en Chile

Un estudio nacional publicado en 2026 analizó más de 40 mil hospitalizaciones por fractura de cadera y encontró que el 76,7% se relacionó con caídas. Especialistas advierten que la pérdida de fuerza y equilibrio puede comprometer la autonomía de las personas mayores y destacan la importancia de la prevención y la recuperación oportuna de la movilidad.

Una caída dentro de la casa, un tropiezo al caminar o una pérdida repentina del equilibrio pueden tener consecuencias importantes para una persona mayor. En Chile, un estudio publicado en marzo de 2026 analizó 40.912 hospitalizaciones por fractura de cadera registradas entre 2018 y 2022 y determinó que, en el 76,7% de los casos, la causa externa fue una caída, ocurrida principalmente en el hogar.

El hallazgo refuerza la importancia de prevenir estos accidentes y de actuar oportunamente cuando una persona pierde movilidad. Una fractura puede limitar actividades cotidianas y obligar a reducir el movimiento durante la recuperación, lo que puede acelerar la pérdida de fuerza muscular, equilibrio y autonomía.

El Dr. Helmuth Reinhardt, especialista en Medicina del Deporte y la Actividad Física de Clínica de Recuperación de Lesiones CRL, advierte que las consecuencias de la inmovilidad pueden aparecer en poco tiempo.

“El músculo envejecido tolera muy mal la inactividad. En una persona mayor, unos pocos días sin moverse pueden tener consecuencias funcionales importantes”, explica.

Una investigación experimental realizada con 11 adultos mayores sanos observó que diez días de reposo en cama redujeron en un 13,2% la fuerza extensora de la rodilla y en un 12% la capacidad aeróbica. Aunque estos resultados corresponden a un grupo pequeño, muestran cómo la inactividad puede afectar capacidades importantes para desenvolverse en la vida diaria.

Esta pérdida de fuerza puede dificultar acciones tan habituales como levantarse de una silla, caminar o subir un escalón. Además, después de una caída, el temor a sufrir otro accidente puede llevar a la persona a moverse menos, favoreciendo un círculo de inactividad, debilidad y mayor vulnerabilidad.

Las señales de alerta antes de una caída

Algunos cambios en la movilidad pueden advertir que una persona necesita una evaluación. Caminar más lento, apoyarse en muebles o paredes, necesitar las manos para levantarse de una silla o evitar actividades por miedo a caer son señales que conviene observar.

También pueden influir los mareos al ponerse de pie, las alteraciones visuales, determinados medicamentos, los problemas en los pies y las condiciones del hogar. Las alfombras sueltas, los desniveles y la iluminación insuficiente pueden aumentar el riesgo de accidentes.

“En una persona mayor no solo importa que ocurra una caída. También hay que observar cómo camina, cómo se levanta y qué capacidad tiene para reaccionar frente a un tropiezo”, señala Reinhardt.

Por eso, la prevención requiere considerar tanto las condiciones del entorno como la capacidad física de cada persona. Identificar a tiempo las dificultades de equilibrio y movimiento permite evaluar medidas para reducir riesgos y mantener la independencia.

Fuerza y equilibrio para prevenir caídas

La actividad física adaptada a las capacidades de cada persona puede contribuir a prevenir estos accidentes. Una revisión Cochrane que reunió 108 ensayos clínicos y más de 23 mil participantes concluyó que los programas de ejercicio reducen en aproximadamente un 23% la tasa de caídas en personas mayores que viven en la comunidad.

Los programas que incorporan ejercicios de equilibrio y movimientos funcionales muestran beneficios importantes. La combinación con ejercicios de fuerza también puede ayudar a mantener la capacidad para realizar actividades cotidianas.

“Para prevenir caídas no basta solo con caminar. Tenemos que entrenar justamente las capacidades que necesitamos para no caernos: fuerza, equilibrio y capacidad de reaccionar”, afirma el especialista.

Entre las actividades que pueden incorporarse, según la condición física y la evaluación profesional de cada persona, se encuentran los ejercicios para fortalecer las extremidades inferiores, practicar el movimiento de sentarse y levantarse, subir escalones y trabajar progresivamente el equilibrio.

La clave es adaptar el ejercicio a las necesidades y capacidades individuales, especialmente cuando existen antecedentes de caídas, enfermedades crónicas o dificultades para desplazarse.

Recuperar la movilidad también es parte del tratamiento

Cuando una caída o una fractura obliga a reducir la actividad física, la recuperación no debería centrarse únicamente en resolver la lesión. También es importante recuperar progresivamente la fuerza, el equilibrio y la capacidad de realizar actividades cotidianas.

“El objetivo no puede ser solamente superar el problema que produjo la caída; tenemos que lograr que la persona vuelva a levantarse, caminar y realizar sus actividades con la mayor independencia posible”, concluye Reinhardt.

El desafío, por tanto, consiste en prevenir nuevas caídas y evitar que la pérdida de movilidad se transforme en una limitación permanente. Mantener la fuerza, entrenar el equilibrio y recuperar el movimiento de forma oportuna son medidas fundamentales para proteger la autonomía y la calidad de vida de las personas mayores.

Isabel Chandía

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