A cien años del nacimiento de Egon Wolff y a una década de su fallecimiento, Teatro Finis Terrae estrena una renovada puesta en escena de su obra más emblemática. Bajo la dirección de Francisco Krebs y con las actuaciones de Camila Hirane y Felipe Zepeda, el clásico del teatro chileno regresa con una mirada contemporánea sobre la soledad, los vínculos y la dificultad de conectar con el otro.
Uno de los grandes clásicos de la dramaturgia chilena vuelve a los escenarios. El próximo 11 de junio, Teatro Finis Terrae estrenará una nueva versión de Flores de Papel, la obra más reconocida de Egon Wolff, en el marco de la conmemoración de los 100 años de su natalicio y los 10 años de su muerte. La producción busca acercar el texto a las problemáticas actuales, transformando el conflicto original en una reflexión sobre la fragilidad de las relaciones humanas en tiempos de aislamiento emocional.
La nueva producción de Teatro Finis Terrae cuenta con financiamiento de la Convocatoria Pública 2026 de Teatros Universitarios del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio y reúne a un destacado equipo artístico encabezado por el reconocido director Francisco Krebs, junto a los actores Camila Hirane y Felipe Zepeda.
Un clásico chileno que sigue interpelando al presente
Estrenada originalmente en 1970, Flores de Papel es considerada una de las obras más importantes del teatro chileno contemporáneo. Su impacto ha trascendido fronteras, siendo representada en más de veinte países, entre ellos Estados Unidos, Inglaterra, Suecia, Grecia, China, Japón, México y Argentina.
La historia sigue el encuentro entre Eva, una mujer solitaria que dedica sus días a fabricar flores de papel, y Beto “El Merluza”, un hombre marginal cuya irrupción altera completamente su rutina y transforma la aparente tranquilidad de su mundo.
Para Francisco Krebs, la vigencia del texto radica en que hoy aborda problemáticas aún más profundas.
“Flores de Papel habla de algo profundamente contemporáneo: la imposibilidad de encontrarse realmente con otro. En una época marcada por vínculos efímeros y relaciones cada vez más superficiales, la obra deja de ser únicamente un retrato de diferencias sociales para transformarse en una reflexión brutal sobre nuestra incapacidad de construir intimidad”, afirma el director.
Teatro Finis Terrae celebra el legado de Egon Wolff
La obra forma parte de la programación especial que Teatro Finis Terrae dedica al centenario de Egon Wolff, dramaturgo fundamental de la escena nacional y ganador del Premio Nacional de Artes de la Representación y Audiovisuales 2013.
Para Marco Antonio de la Parra, director artístico de Teatro Finis Terrae, la elección de esta obra responde a su relevancia histórica y artística.
“Cuando pensamos qué era importante representar este año, inmediatamente apareció esta pieza magnífica. Con pocos actores, una tensión creciente y una resolución sorprendente, es una joya de la dramaturgia chilena que abrió las puertas internacionales para Egon Wolff. Por eso decidimos celebrar su centenario con esta obra mayor, aparentemente pequeña, pero gigantesca en su propuesta y alcance”, destaca.
Una experiencia visual y emocional
La nueva puesta en escena apuesta por una experiencia sensorial marcada por la tensión psicológica, el deterioro emocional y una potente propuesta visual.
El montaje cuenta con diseño integral de Pablo de la Fuente, composición musical de Alejandro Miranda y diseño audiovisual de Ximena Sánchez, elementos que contribuyen a construir una atmósfera inquietante y profundamente emotiva.
“Me interesa que el público no solo comprenda racionalmente la historia, sino que la experimente emocionalmente. Queremos que el espectador entre en una especie de pesadilla íntima donde el deterioro del vínculo se transforme también en una experiencia sensorial”, explica Francisco Krebs.
Camila Hirane y Felipe Zepeda protagonizan el montaje
La actriz Camila Hirane destaca la riqueza emocional del texto y su capacidad para conectar con problemáticas actuales.
“Es una obra hermosa, con humor, ternura y belleza, pero también profundamente oscura porque aborda algo muy presente en nuestra sociedad: la dificultad de construir vínculos profundos con otras personas”, señala.
Por su parte, Felipe Zepeda enfatiza la vigencia política y social de la historia.
“Hacer esta obra hoy es necesario porque El Merluza sigue tocando la puerta. Antes era el harapiento del Mapocho; hoy puede llegar por delivery. Flores de Papel nos obliga a mirar nuestros miedos, nuestras contradicciones y el país que hemos construido. No es nostalgia: es un espejo para el Chile de 2026”, concluye.






