Investigación de la U. de Chile abre nueva vía para prevenir recaídas y metástasis del cáncer de mama

Proyecto Fondecyt 2026 estudia cómo células grasas cercanas al tumor podrían favorecer la recurrencia del cáncer de mama incluso después de una cirugía exitosa. El trabajo, liderado por investigadoras del ICBM de la Universidad de Chile, también impulsa el desarrollo de LacApta, un innovador biofármaco experimental que busca bloquear proteínas asociadas a la progresión tumoral y reducir futuras metástasis.

Comprender por qué algunas pacientes vuelven a desarrollar cáncer de mama años después de una mastectomía exitosa es uno de los grandes desafíos de la investigación oncológica actual. En esa línea, un equipo de la Universidad de Chile abrió una nueva línea de estudio que podría transformar la forma en que se aborda la recurrencia tumoral y la reconstrucción mamaria.

La investigación, liderada por la doctora Lorena Lobos-González, analizará cómo las células adiposas cercanas al tumor mamario podrían favorecer la reaparición del cáncer y el desarrollo de metástasis, incluso después de la resección quirúrgica.

El proyecto, financiado por un Fondecyt Regular 2026, se complementa con el desarrollo de LacApta, un aptámero diseñado para bloquear la acción de la lactadherina, proteína asociada a la progresión del cáncer de mama.

El rol oculto de las células grasas en el cáncer de mama

Según explica la investigadora, el equipo logró determinar que la lactadherina —una proteína que normalmente participa en la formación de los gránulos de la leche materna— aumenta considerablemente su expresión cuando existe cáncer de mama y cumple un rol clave en la progresión de la enfermedad.

A partir de ese hallazgo, el grupo bloqueó experimentalmente esta proteína mediante un anticuerpo, logrando frenar el crecimiento tumoral, reducir la ascitis maligna y disminuir la metástasis en modelos experimentales.

Sin embargo, el siguiente paso fue desarrollar una alternativa terapéutica más accesible y específica. Así nació LacApta, un aptámero de ADN de hebra simple capaz de plegarse tridimensionalmente y unirse de forma selectiva a la lactadherina.

La idea es que este biofármaco experimental pueda utilizarse tanto durante la cirugía como posteriormente, para reducir el riesgo de recurrencia.

“Apuntamos a desarrollar un biofármaco captador y bloqueador de lactadherina que pueda utilizarse durante la resección quirúrgica del tumor y también después de la operación, para evitar futuras metástasis”, explica la doctora Lobos-González.

Adipocitos asociados al cáncer: una amenaza silenciosa

Uno de los focos más innovadores del proyecto es el estudio de los llamados adipocitos asociados al cáncer, células grasas que son transformadas por el propio tumor.

“Durante muchos años se pensó que las células grasas solo servían como reserva nutricional para el tumor. Hoy sabemos que el cáncer es capaz de transformarlas”, señala la investigadora.

El estudio determinó que estos adipocitos modificados comienzan a liberar una mayor cantidad de vesículas extracelulares cargadas con ácido palmítico y lactadherina, moléculas que podrían favorecer la progresión tumoral y aumentar la permeabilidad de los vasos sanguíneos cercanos al tumor.

Ese fenómeno facilitaría la migración de células metastásicas hacia otros órganos.

“Estamos viendo que estas células grasas transformadas podrían mantenerse activas por años y generar alteraciones en el microentorno tumoral, incluso mucho tiempo después de la cirugía”, advierte la académica.

Una posible explicación para recaídas tardías

La investigación también busca explicar por qué algunas pacientes desarrollan metástasis muchos años después de tratamientos aparentemente exitosos.

Según plantea el equipo, podrían quedar adipocitos transformados en el tejido mamario o cicatricial tras la cirugía. Posteriormente, si se realiza reconstrucción mamaria utilizando grasa de la propia paciente, estas células podrían volver a alterar el entorno local.

“Creemos que esos adipocitos asociados al cáncer podrían transformar nuevamente nuevas células grasas utilizadas en la reconstrucción mamaria y favorecer futuras recaídas”, sostiene la investigadora.

El hallazgo podría abrir nuevas discusiones clínicas sobre las técnicas de reconstrucción mamaria utilizadas actualmente.

Investigación interdisciplinaria y nuevas proyecciones terapéuticas

El proyecto utilizará modelos celulares avanzados y modelos in vivo para analizar cómo estas células grasas modificadas interactúan con tumores mamarios.

Además, el equipo evaluará el comportamiento de las vesículas extracelulares secretadas por adipocitos asociados al cáncer y su impacto en la agresividad tumoral.

Los resultados podrían no solo mejorar la comprensión biológica del cáncer de mama, sino también impulsar nuevas estrategias quirúrgicas y terapéuticas orientadas a disminuir las recaídas.

Estamos abriendo camino en un área poco explorada, pero con potencial de impactar directamente en la calidad de vida y el pronóstico de las pacientes”, concluye la doctora Lobos-González.

Isabel Chandía

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