El nacimiento de un hijo suele imaginarse con un primer abrazo, contacto piel con piel e inicio de la lactancia. Sin embargo, cuando un bebé nace prematuramente, esa experiencia cambia por completo. La incubadora reemplaza los brazos, los equipos médicos acompañan cada respiración y la alimentación puede comenzar a través de una sonda.
En este contexto, la leche materna adquiere un valor que va mucho más allá de la nutrición. Para un recién nacido prematuro, puede convertirse en una intervención fundamental para su recuperación, ya que favorece la maduración de sus órganos y ayuda a disminuir el riesgo de infecciones y otras complicaciones graves.
Además, la lactancia materna se asocia con mejores resultados en el desarrollo cerebral y cognitivo, así como con un menor riesgo de alteraciones del neurodesarrollo durante la infancia.
Pero hablar de lactancia en la prematurez también implica reconocer el enorme esfuerzo que realizan muchas madres. En numerosos casos, el recién nacido todavía no está preparado para alimentarse directamente del pecho, por lo que la extracción frecuente de leche se convierte en una de las principales formas de mantener la producción y entregar este alimento al bebé.
Este proceso requiere constancia, paciencia y esperanza. Todo ocurre mientras las familias enfrentan la incertidumbre y el miedo propios de una hospitalización que puede prolongarse durante semanas.
Alimentar también es vincular
Hoy sabemos que alimentar también es una forma de vincularse. El contacto piel con piel mediante el Método Madre Canguro, la voz de los padres, el contacto visual y la leche materna forman parte de un cuidado integral que favorece el apego y acompaña el desarrollo del recién nacido prematuro.
La ciencia muestra que el cerebro continúa desarrollándose intensamente durante las últimas semanas de gestación y los primeros meses de vida. Por eso, cada experiencia de cuidado, protección y cercanía puede contribuir al desarrollo de conexiones neuronales fundamentales para el futuro.
Ninguno de estos avances ocurre de manera aislada. Detrás de cada recién nacido prematuro existe un equipo multidisciplinario que trabaja por su recuperación. Matronas, neonatólogos, enfermeras, kinesiólogos, fonoaudiólogos, nutricionistas y otros profesionales coordinan sus esfuerzos para favorecer la alimentación, la succión, la deglución y el neurodesarrollo.
La neonatología actual no solo busca que los niños prematuros sobrevivan. También busca que tengan las mejores oportunidades para desarrollarse plenamente.
Cada extracción también es una forma de cuidar
Para muchas madres y padres, el tiempo de visita en una unidad de neonatología es limitado. En ese escenario, cada extracción de leche puede adquirir un significado que trasciende lo nutricional.
Se transforma en una manera de continuar cuidando, de mantener el vínculo y de sentir que, aunque no puedan sostener a su hijo en brazos todo el tiempo, siguen participando activamente de su recuperación.
Por eso, promover la lactancia en recién nacidos prematuros requiere mucho más que recomendarla. Es necesario fortalecer el acceso a apoyo profesional, impulsar la gestión de bancos de leche humana y desarrollar políticas públicas que acompañen efectivamente a las familias durante la hospitalización.
En una unidad de neonatología, cada gota de leche materna puede representar ciencia, cuidado y esperanza para un bebé que comenzó su vida antes de tiempo.
Porque cuando una madre alimenta a su hijo con su propia leche, también fortalece un vínculo que ninguna incubadora puede reemplazar y acompaña el desarrollo de un cerebro que recién comienza a descubrir el mundo.
Manola Meza, académica de la Escuela de Obstetricia y Puericultura de la Universidad de Las Américas







