
La iniciativa XPP Copiapoa fue seleccionada entre más de 300 proyectos en ColaboraX, destacando por su enfoque científico y colaborativo para prevenir la extinción de especies en el desierto de Atacama.
Un proyecto de conservación en el desierto de Atacama se posiciona entre los más destacados de Chile, al ser reconocido en la categoría “Acción por el Clima” de ColaboraX, gracias a su impacto en biodiversidad, ciencia y trabajo territorial.
Reconocimiento nacional a la conservación colaborativa
La iniciativa fue seleccionada entre más de 300 postulaciones a nivel país, quedando dentro de las 15 más destacadas, en un proceso evaluado por un jurado multisectorial.
Las propuestas elegidas generan impacto en más de 1.200.000 personas, abordando desafíos ambientales mediante soluciones colaborativas e innovadoras.
Este reconocimiento valida la capacidad del proyecto para articular ciencia, comunidades y actores públicos y privados, consolidando un modelo de conservación con impacto real.
Un modelo pionero para prevenir extinciones
El proyecto XPP Copiapoa corresponde al primer piloto en Chile del Programa de Prevención de Extinciones (XPP), diseñado para actuar de manera anticipada frente a la pérdida de biodiversidad.
La iniciativa se desarrolla junto al Instituto de Ecología y Biodiversidad e Insular Chile, integrando investigación científica, restauración ecológica y trabajo territorial.
“Buscamos avanzar hacia modelos colaborativos que generen impacto real en especies amenazadas y reduzcan el riesgo de extinción”, destacó Marcela Torres, directora del proyecto.
Restauración ecológica y adaptación al cambio climático
Uno de los pilares del proyecto es la restauración ecológica, clave para recuperar la funcionalidad de los ecosistemas y fortalecer su resiliencia frente al cambio climático.
“Esto es especialmente relevante en ecosistemas frágiles y únicos como los del desierto de Atacama”, explicó Iñigo Ricalde, cofundador de Insular.
Ciencia, territorio y comunidad
El modelo XPP se estructura en cuatro ejes: investigación, conservación, desarrollo local y articulación estratégica, permitiendo abordar la protección ambiental desde una mirada integral y basada en evidencia.
Desde la ciencia, el proyecto posiciona al desierto como un laboratorio natural para entender la adaptación al cambio climático, integrando herramientas como genómica, microclima e isótopos.
“Estos ecosistemas permiten anticipar respuestas frente a escenarios extremos”, señaló Pablo Guerrero, investigador del Instituto de Ecología y Biodiversidad.
Un modelo con proyección nacional
Además del componente científico, la iniciativa impulsa el rol activo de las comunidades locales, promoviendo la valoración y cuidado del entorno natural.
El reconocimiento refuerza el carácter articulador del proyecto, que integra academia, sector público y privado, con el objetivo de transformar la evidencia científica en decisiones concretas de conservación.
Así, el desierto de Atacama se posiciona como un referente en innovación ambiental, proyectando soluciones sostenibles frente a la crisis climática y la pérdida de biodiversidad.





