Infarto: señales que no debes ignorar

Dolor en la mandíbula, náuseas, falta de aire o fatiga repentina pueden ser señales de un ataque cardíaco. Especialistas llaman a reconocer los síntomas y buscar atención urgente.

Un infarto no siempre comienza con un intenso dolor en el pecho. Molestias en la mandíbula, cuello o espalda, náuseas, dificultad para respirar, sudor frío o una fatiga repentina también pueden ser señales de un ataque cardíaco. Reconocer estos síntomas y actuar rápidamente puede ser determinante para reducir el daño al corazón y evitar complicaciones.

De acuerdo con revisiones científicas respaldadas por las guías de la Sociedad Europea de Cardiología (ESC) y la Asociación Americana del Corazón (AHA), entre el 20% y el 30% de las personas que sufren un infarto presentan síntomas distintos al clásico dolor torácico.

Estas manifestaciones son más frecuentes en mujeres, adultos mayores y personas con diabetes. Por eso, los especialistas llaman a no minimizar molestias repentinas que pueden confundirse con una indigestión, estrés, cansancio o un problema muscular.

Las señales que pueden confundirse

“Un dolor que se irradia hacia la mandíbula, el cuello o la espalda; molestias en la boca del estómago, náuseas, dificultad para respirar, sudor frío o una fatiga intensa y repentina pueden corresponder a un infarto, aunque muchas personas los atribuyen a una indigestión, una contractura muscular, el estrés o el cansancio”, explica el doctor Jesús Gómez, especialista de Cordillera Interclínica.

Algunas personas también pueden experimentar una sensación repentina de angustia o percibir que “algo no está bien”, incluso sin presentar un dolor intenso en el pecho.

Si estas molestias aparecen de manera repentina, persisten durante varios minutos o se acompañan de otros síntomas, se debe buscar atención médica de inmediato.

“Lo que más nos preocupa es que muchas personas no relacionan estas molestias con un problema del corazón. Piensan que se trata de una indigestión, un dolor muscular o simplemente cansancio, y esperan a que pase. Esa demora puede hacer que el infarto siga avanzando y aumentar el riesgo de complicaciones”, advierte el especialista.

Una emergencia donde cada minuto importa

Las enfermedades cardiovasculares continúan entre las principales causas de muerte en el mundo. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), provocan cerca de 18 millones de fallecimientos cada año, y más de cuatro de cada cinco corresponden a infartos y accidentes cerebrovasculares.

En Chile, las enfermedades cardiovasculares también representan una de las principales causas de muerte. Dentro de este grupo, el infarto agudo al miocardio constituye una importante causa de enfermedad y mortalidad.

Según información de Interclínica, que cuenta con siete centros de salud en cinco regiones del país, los ingresos por infarto disminuyeron 16% durante el primer semestre de 2026 respecto del mismo período del año anterior.

Las principales disminuciones se registraron en Tarapacá Interclínica, en Iquique, con una baja de 44%; Cordillera Interclínica, en Santiago, con 20%; y Los Carrera Interclínica, en Quilpué, con 13%.

En contraste, San José Interclínica, en Arica, registró un aumento de 86%, mientras que Los Leones Interclínica, en La Calera, anotó un incremento de 6%.

“Los infartos siguen siendo una de las principales causas de muerte y discapacidad. El desafío es reconocer sus síntomas y actuar con rapidez, porque cada minuto sin tratamiento aumenta el daño que sufre el músculo cardíaco y empeora el pronóstico”, señala el doctor Gómez.

Ante un malestar repentino e inusual, especialmente si aparece junto con falta de aire, sudor frío o durante un esfuerzo físico, el especialista recomienda acudir inmediatamente a un servicio de urgencia.

Factores de riesgo que se pueden controlar

La edad y los antecedentes familiares influyen en el riesgo cardiovascular, pero muchos factores asociados al infarto pueden prevenirse o controlarse.

Entre ellos se encuentran la hipertensión arterial, la diabetes, el colesterol elevado, el tabaquismo, el sedentarismo, la obesidad y el estrés mantenido en el tiempo.

El problema es que algunas de estas condiciones pueden avanzar durante años sin provocar síntomas evidentes.

“Con frecuencia atendemos pacientes que descubren recién durante un infarto que tenían la presión arterial elevada, diabetes o alteraciones importantes del colesterol. Los controles preventivos permiten detectar estos factores antes de que produzcan consecuencias graves y ofrecen una oportunidad concreta para cambiar el pronóstico”, afirma el doctor Andrés Triana, cardiólogo de Los Leones Interclínica.

Mantener una alimentación equilibrada, realizar actividad física regularmente, evitar el tabaco, moderar el consumo de alcohol, dormir adecuadamente y controlar periódicamente la presión arterial, la glicemia y el colesterol son medidas que contribuyen a disminuir el riesgo cardiovascular.

Qué hacer ante una posible emergencia

Tan importante como prevenir es saber cómo actuar frente a una posible emergencia cardíaca. Esperar a que los síntomas desaparezcan puede retrasar una atención que resulta fundamental para el pronóstico del paciente.

También es recomendable tener identificado previamente el servicio de urgencia al que se puede acudir ante una emergencia.

“Frente a un infarto no hay espacio para esperar a que los síntomas desaparezcan ni para improvisar. Saber dónde consultar y actuar de inmediato puede influir en la evolución del paciente”, concluye el doctor Triana.

La recomendación de los especialistas es clara: ante síntomas repentinos que puedan corresponder a un infarto, especialmente si son intensos, nuevos o se presentan en conjunto, la prioridad es buscar atención médica urgente.

Isabel Chandía

Te puede interesar

Recomendados

Portal Metropolitano