Alimentos muy calientes: el riesgo oculto que puede dañar tu salud

Especialista advierte que consumir alimentos sobre los 65 °C puede provocar microquemaduras, inflamación crónica y aumentar el riesgo de cáncer de esófago.

El calor excesivo también puede afectar tu salud

En invierno, tomar un café humeante o disfrutar una sopa recién servida es parte de la rutina de muchas personas. Sin embargo, aunque estos alimentos resultan reconfortantes en los días fríos, consumirlos a temperaturas muy elevadas puede causar daños en el organismo.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte que ingerir alimentos o bebidas por sobre los 65 °C de forma frecuente aumenta el riesgo de lesiones en el tracto digestivo y favorece el desarrollo de enfermedades graves, como el cáncer de esófago.

El odontólogo y académico de la Universidad Andrés Bello, Fernando Inzunza, explica que el problema no está en el alimento, sino en su temperatura.

“Cuando soplamos apenas la comida y la tragamos sintiendo ese ‘fuego’ que baja por el pecho, estamos agrediendo nuestro propio organismo”, señala.

Microquemaduras que se repiten todos los días

El especialista compara este proceso con una quemadura en la piel. “Cuando nos quemamos un dedo, la piel se enrojece, se inflama y puede formar una ampolla. Lo mismo ocurre en el interior del cuerpo. La boca, la garganta y el esófago están recubiertos por tejidos mucho más delicados. Cada vez que ingerimos alimentos demasiado calientes provocamos pequeñas quemaduras que, si se repiten diariamente, generan una inflamación constante”, explica.

Las consecuencias van más allá de una simple molestia

Consumir alimentos muy calientes de manera habitual puede provocar pérdida temporal del gusto, debido al daño que sufren las papilas gustativas, además de dolor al tragar, ya que las lesiones repetidas pueden formar cicatrices que estrechan el esófago.

En el caso de los dientes, los cambios bruscos de temperatura también afectan el esmalte dental.

“El calor altera la microestructura del esmalte, favoreciendo la aparición de pequeñas grietas que aumentan la sensibilidad al frío y al calor”, indica Inzunza.

El mayor riesgo aparece a largo plazo

La consecuencia más preocupante ocurre cuando el daño se mantiene durante años.

“Cada vez que el esófago se quema debe reparar sus tejidos. Si este proceso se repite constantemente, las células se multiplican con mayor rapidez y aumenta el riesgo de desarrollar cáncer de esófago”, advierte el académico.

El especialista agrega que este riesgo aumenta aún más cuando se combina con factores como el tabaquismo, el consumo de alcohol o una dieta rica en alimentos cancerígenos.

“El problema no es el café, el té o la sopa, sino la temperatura extrema a la que los consumimos”, enfatiza.

El vapor puede ser la mejor señal de alerta

La buena noticia es que prevenir este daño resulta muy sencillo.

Fernando Inzunza recomienda esperar entre cinco y diez minutos antes de consumir alimentos o bebidas recién preparados, permitiendo que alcancen una temperatura segura.

“Si el plato o la taza siguen liberando una nube de vapor intensa y constante, todavía están demasiado calientes. Lo ideal es esperar hasta que el vapor disminuya considerablemente. Ese pequeño gesto puede proteger la salud de la boca, el esófago y todo el sistema digestivo”, concluye.

Isabel Chandía

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