La genética influye en la estatura, pero no es el único factor. Especialista explica qué señales pueden alertar sobre una alteración del crecimiento y aclara que los ejercicios de estiramiento no aumentan la talla.
¿Está creciendo lo suficiente? ¿Será bajo porque sus padres son bajos? ¿Hay algo que se pueda hacer para que crezca más? Son preguntas frecuentes entre madres y padres. En el marco del Día Mundial del Crecimiento Infantil, que se conmemora cada 20 de septiembre, especialistas llaman a observar cómo crecen niños y adolescentes a lo largo del tiempo y a mantener sus controles de salud periódicos.
Aunque la mayoría de los niños sigue una trayectoria de crecimiento normal, existen señales que pueden indicar que algo no está ocurriendo como se espera. Por eso, más que fijarse únicamente en la estatura, es importante observar la velocidad de crecimiento y los cambios que se producen en la curva durante la infancia y adolescencia.
La genética influye, pero no determina por sí sola la estatura
La estatura de los padres tiene un papel importante en el crecimiento de los hijos. A partir de ella, los especialistas pueden estimar un rango de talla familiar o talla diana. Sin embargo, esta estimación no permite determinar con exactitud cuánto medirá una persona en la adultez.
En el crecimiento también intervienen la nutrición, el estado general de salud, las hormonas, el inicio y progresión de la pubertad y distintos factores ambientales. Por eso, tener padres de talla baja no significa necesariamente que un niño será bajo por razones exclusivamente genéticas.
“Cuando los padres son de talla baja es especialmente importante observar cómo está creciendo el niño. Si simplemente asumimos que su estatura se debe a la familia, podemos pasar por alto una alteración del crecimiento. La talla familiar nos orienta sobre el potencial genético, pero siempre debe interpretarse junto con la velocidad de crecimiento y la trayectoria que el niño ha seguido en su curva”, explica la doctora Carolina Loureiro, endocrinóloga pediátrica de Endoplus.
Al mismo tiempo, la especialista enfatiza que tener una estatura menor que la de otros niños no significa necesariamente que exista una enfermedad. Muchos niños sanos presentan una talla baja y mantienen una velocidad de crecimiento adecuada.
Más que la estatura, importa cómo crece
Una de las principales señales de alerta no es simplemente que un niño sea bajo, sino que crezca más lentamente de lo esperado para su edad y etapa de desarrollo.
La velocidad de crecimiento se determina comparando mediciones precisas de la estatura realizadas en distintos momentos. De esta manera, los profesionales pueden observar si el niño mantiene su trayectoria o si comienza a alejarse progresivamente de ella.
“Una medición aislada nos entrega información limitada. Lo que realmente nos interesa es la trayectoria. Un niño puede estar en una talla baja y crecer perfectamente bien, mientras que otro puede tener una estatura aparentemente normal, pero estar desacelerando progresivamente su crecimiento. Ese cambio de trayectoria es una señal que debemos mirar con atención”, explica la especialista.
Por eso, si un niño deja de crecer al ritmo esperado o comienza a descender progresivamente respecto de su trayectoria habitual en la curva de crecimiento, es recomendable evaluar las posibles causas.
Una desaceleración del crecimiento puede tener distintos orígenes y no necesariamente se relaciona con un déficit de hormona de crecimiento. Alteraciones nutricionales, enfermedades crónicas, trastornos gastrointestinales, endocrinos o genéticos, entre otras condiciones, también pueden afectar la velocidad de crecimiento.
La evaluación, por lo tanto, debe ser integral y considerar los antecedentes del niño, su desarrollo, su historia familiar y la evolución de sus mediciones.
¿Los ejercicios de estiramiento aumentan la estatura?
Otro de los mitos frecuentes relacionados con el crecimiento infantil es que los ejercicios de elongación o estiramiento pueden hacer que un niño aumente su talla.
La doctora Loureiro explica que los ejercicios de estiramiento pueden mejorar la flexibilidad y contribuir a una mejor postura, pero no alargan los huesos ni modifican la talla final determinada por el potencial de crecimiento de cada niño.
Esto no significa que la actividad física no sea importante. Por el contrario, el movimiento, el deporte, el juego y las actividades al aire libre son fundamentales durante la infancia y adolescencia.
“El deporte, el movimiento, el juego y las actividades al aire libre deben formar parte de la vida cotidiana de niños y adolescentes. La actividad física contribuye a una buena salud ósea y muscular, ayuda a mantener una composición corporal saludable y favorece el bienestar físico y emocional. Todo ello genera un entorno favorable para que el niño pueda desarrollar adecuadamente su potencial de crecimiento”, señala la especialista.
Los controles permiten detectar cambios a tiempo
Para las familias, identificar una alteración en la velocidad de crecimiento puede ser difícil. Por eso, los controles pediátricos periódicos cumplen un papel fundamental.
Durante estas evaluaciones, la estatura debe medirse correctamente y registrarse en una curva de crecimiento apropiada para la edad y el sexo. La comparación de estas mediciones a lo largo del tiempo permite detectar cambios que podrían pasar inadvertidos en la vida cotidiana.
En este contexto, la trayectoria de crecimiento entrega información más relevante que una medición aislada. Un niño puede ser más bajo que sus compañeros y estar creciendo normalmente, mientras otro puede encontrarse dentro de un rango considerado normal, pero presentar una desaceleración que requiera evaluación.
La recomendación, por tanto, es evitar las conclusiones basadas únicamente en comparaciones con otros niños o en la estatura de los padres.
Crecer también significa desarrollarse
En el marco del Día Mundial del Crecimiento Infantil, la doctora Carolina Loureiro invita a las familias a mirar el crecimiento desde una perspectiva integral.
Además de realizar un seguimiento de la estatura, es importante promover una alimentación saludable, actividad física regular, sueño adecuado, bienestar emocional, juego y tiempo al aire libre. Estos factores contribuyen a que niños y adolescentes desarrollen de manera saludable su potencial.
En esa línea, destaca iniciativas educativas como @CrezcoBien, orientadas a entregar información a las familias y generar conciencia sobre la importancia de realizar un seguimiento del crecimiento durante toda la infancia y adolescencia.
La especialista también llama a evitar las comparaciones. Cada niño tiene su propia trayectoria de crecimiento y su propio ritmo de maduración, por lo que no todos alcanzarán las distintas etapas al mismo tiempo.
“Mi invitación a las familias es a estar presentes, mantener los controles de salud y observar cómo sus hijos van creciendo a lo largo del tiempo. Si existe una desaceleración o algo llama la atención, es mejor consultar oportunamente. Pero también debemos evitar las comparaciones: crecer no significa alcanzar una determinada estatura, sino desarrollar de la mejor manera posible el potencial propio de cada niño. Una vida saludable, el afecto, el movimiento, el descanso y el cuidado de la salud física y emocional también forman parte de ese proceso”, concluye.






