Tras la cirugía, la quimioterapia o la radioterapia, muchas pacientes deben continuar con hormonoterapia durante años. Manejar sus efectos secundarios y contar con acompañamiento es clave para mantener el tratamiento y reducir el riesgo de recaída.
En Chile, más de 1.840 mujeres fallecieron por cáncer de mama durante 2024, según cifras preliminares del Ministerio de Salud. Frente a esta realidad, la atención no termina cuando una paciente sale del hospital: para muchas mujeres, comienza una etapa menos visible, pero fundamental para reducir el riesgo de que la enfermedad reaparezca.
Se trata de la hormonoterapia adyuvante, un tratamiento indicado para los tumores con receptores hormonales positivos. Consiste en medicamentos que bloquean la acción de ciertas hormonas o reducen su producción, con el objetivo de disminuir las probabilidades de una recaída.
A diferencia de otras intervenciones oncológicas, esta terapia se mantiene en la vida cotidiana. Generalmente se prescribe por cinco años y, en algunos casos, puede extenderse hasta diez, según el riesgo de recurrencia y la evaluación del equipo médico.
“Es una etapa que ocurre lejos del hospital, en la casa, en la rutina diaria. Y ahí es donde más se necesita acompañamiento, porque los efectos pueden sentirse a diario, aunque el tratamiento esté funcionando”, explica Juan Carlos Calderón, químico farmacéutico de Farmacias Ahumada.
La adherencia, un desafío a largo plazo
La continuidad del tratamiento puede verse afectada por los efectos secundarios y las dificultades que surgen con el paso del tiempo. Entre las molestias asociadas a la hormonoterapia se encuentran los bochornos, la fatiga, los dolores articulares, las náuseas y la resequedad bucal.
Aunque estos síntomas pueden afectar la calidad de vida, es importante que las pacientes no reduzcan las dosis ni suspendan los medicamentos por cuenta propia. El equipo tratante puede evaluar alternativas para controlar las molestias o ajustar el tratamiento cuando sea necesario.
Una investigación publicada en 2019, que analizó a 190 pacientes atendidas en el Hospital de Clínicas de Montevideo, Uruguay, observó que la adherencia a la hormonoterapia disminuyó desde un 95,3% durante el primer año hasta un 69,5% al quinto. En esa muestra, el 30,5% interrumpió el tratamiento antes de completar cinco años.
Aunque estos resultados corresponden a un estudio realizado en Uruguay y no representan necesariamente la situación actual de las pacientes chilenas, ilustran una dificultad relevante: sostener una terapia prolongada puede ser complejo, incluso cuando su beneficio está respaldado por la evidencia clínica.
“Los principios activos, como los moduladores selectivos de los receptores estrogénicos o los inhibidores de la aromatasa, son fundamentales para bloquear el estímulo hormonal sobre las células tumorales y reducir el riesgo de recurrencia de forma muy significativa”, explica Calderón.
Por eso, el profesional recomienda consultar cualquier molestia con el equipo tratante o con un químico farmacéutico, en lugar de tomar decisiones que puedan comprometer la continuidad del tratamiento.
Suplementos y autocuidado: qué tener en cuenta
Durante la hormonoterapia, también es importante informar al equipo de salud sobre cualquier producto natural, suplemento o medicamento que se consuma. Algunos productos, incluidos aquellos que contienen fitoestrógenos, pueden interactuar con determinados tratamientos.
En el caso del calcio y la vitamina D, su uso debe evaluarse individualmente. Estos nutrientes pueden ser relevantes para la salud ósea, especialmente en pacientes que utilizan inhibidores de la aromatasa, pero su incorporación debe contar con orientación profesional.
La terapia farmacológica también puede acompañarse de hábitos saludables, como actividad física adaptada a las condiciones de cada paciente, una alimentación equilibrada y controles médicos periódicos. Estas medidas contribuyen al bienestar general, aunque no reemplazan el tratamiento indicado por el especialista.
El acompañamiento cumple un papel importante en esta etapa. Comprender para qué sirve la hormonoterapia, conocer sus posibles efectos y saber dónde pedir ayuda puede facilitar la continuidad y evitar que las pacientes enfrenten solas las molestias.
Una etapa que también necesita apoyo
Las cifras muestran la magnitud del cáncer de mama en Chile. De acuerdo con las estimaciones de GLOBOCAN 2024, elaboradas por la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer, se estimaron 5.141 nuevos casos en el país durante ese año.
Frente a este escenario, la atención oncológica debe considerar tanto las intervenciones hospitalarias como el seguimiento posterior. Para las pacientes que reciben hormonoterapia, mantener el tratamiento según la indicación médica es parte de ese proceso.
La recuperación no siempre termina al salir del hospital. En muchos casos, continúa en casa, con una rutina que exige constancia, controles y apoyo para manejar los efectos secundarios. Facilitar ese acompañamiento permite que las pacientes enfrenten esta etapa con más información y mejores herramientas para cuidar su salud.








