Peste neumónica en Siberia: por qué su letalidad no equivale a riesgo de pandemia

Tras la muerte de una trabajadora de un instituto que investiga la peste en Siberia, la epidemióloga UNAB, María Jesús Hald, explica por qué la gravedad de la enfermedad no basta para anticipar una pandemia.

La muerte de una investigadora del Instituto contra la Peste de Irkutsk, en Siberia, ocurrida el 2 de octubre en un presunto accidente de laboratorio, reactivó la inquietud por una enfermedad cuyo nombre evoca una de las mayores catástrofes sanitarias de la historia.

El Departamento de Estado de Estados Unidos instó a Rusia a compartir información “de forma rápida y transparente”, mientras las autoridades rusas sostienen que la situación epidemiológica en la región es estable. Para la epidemióloga de la Facultad de Medicina UNAB, María Jesús Hald, evaluar un evento como este exige distinguir entre su gravedad clínica, su capacidad de transmisión y la evidencia disponible.

“Confundir estas dimensiones puede transformar una investigación epidemiológica en una alarma sin sustento“, advierte la académica.

Qué se sabe y qué no

La causa de muerte continúa sin confirmación oficial. Según los antecedentes comunicados por las autoridades rusas, no se han detectado patógenos peligrosos entre los contactos estudiados, que según medios internacionales superan las 200 personas. Hasta ahora, la información disponible no demuestra transmisión secundaria ni expansión internacional asociada a este episodio.

Las medidas de observación y aislamiento, explica Hald, responden a la necesidad de investigar y prevenir. Por sí solas, no acreditan la existencia de un brote. Se trata de procedimientos habituales ante un caso sospechoso de una enfermedad de alta gravedad, mientras se espera la confirmación del diagnóstico.

Una enfermedad conocida

La peste es causada por la bacteria Yersinia pestis, y sus reservorios, mecanismos de transmisión y medidas de control están ampliamente descritos. Aunque en el pasado provocó pandemias, hoy se presenta sobre todo como casos esporádicos y brotes localizados, vinculados a focos naturales endémicos. En las últimas décadas no ha mostrado una propagación mundial comparable a la del COVID-19.

Ese antecedente permite contextualizar el riesgo, aunque no desconoce el potencial de la enfermedad para producir brotes graves. “Su forma neumónica compromete los pulmones, puede evolucionar con rapidez y presenta una letalidad extremadamente alta cuando no recibe tratamiento”, agrega Hald.

Letalidad y contagio no son lo mismo

Aquí está uno de los puntos centrales del análisis, según cuenta la epidemióloga. “La letalidad expresa la proporción de personas enfermas que fallecen, pero no mide la facilidad con que una infección se propaga. Una enfermedad muy letal no necesariamente tiene una elevada capacidad de expansión mundial”, señala la epidemióloga.

Para estimar ese riesgo, agrega, deben considerarse además la vía de transmisión, las condiciones de exposición y las herramientas disponibles para interrumpir el contagio.

Por qué no es comparable con el Covid-19

La comparación con la pandemia reciente es inevitable, pero requiere precisión. El SARS-CoV-2 alcanzó una circulación extensa mediante partículas respiratorias y se transmitía desde personas presintomáticas y asintomáticas, lo que dificultó identificar a tiempo las cadenas de contagio. Además, al comienzo de la pandemia no existían vacunas ni tratamientos específicos de eficacia demostrada.

“La peste neumónica, en cambio, se transmite principalmente por exposición respiratoria estrecha a personas enfermas. Cuenta con tratamiento antibiótico y con profilaxis para los contactos expuestos”, precisa Hald, “estas diferencias favorecen su contención cuando la respuesta es oportuna”.

Por eso, para la académica, equiparar ambos escenarios solo porque afectan al sistema respiratorio resulta epidemiológicamente inadecuado. Tampoco corresponde interpretar la ausencia de expansión mundial reciente como una garantía absoluta.

En síntesis, el episodio de Siberia debe analizarse con cautela científica. La peste neumónica merece atención por su gravedad, pero esa gravedad no basta para anticipar una nueva pandemia. “La memoria epidemiológica también es una forma de protección”, concluye Hald.

Isabel Chandía

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