
La lectura tiene como propósito motivar y reflexionar sobre cómo estamos acompañando el desarrollo lector de niños, niñas y jóvenes.
La alerta sobre la disminución del interés por la lectura plantea desafíos relevantes para Chile. Si bien los resultados del SIMCE 2024 muestran una recuperación en niveles iniciales, este avance no es parejo y persisten brechas importantes en cursos superiores y entre distintos contextos sociales y educativos.
Esto cobra especial importancia si consideramos que tanto el SIMCE como la PAES evalúan la comprensión lectora como una habilidad central. No basta con leer palabras; se trata de interpretar, inferir y construir sentido, capacidades que impactan no solo el rendimiento escolar, sino también la forma en que los estudiantes comprenden el mundo.
En este contexto, iniciativas como la primera guaguateca en San Pedro de la Paz evidencian un camino relevante. Más allá del acceso a libros, estos espacios fomentan el vínculo temprano con la lectura y el encuentro entre niños y adultos.
Desde la fonoaudiología, la evidencia es clara. El desarrollo del lenguaje comienza mucho antes de la etapa escolar, en la interacción cotidiana, el juego, la conversación y la lectura compartida. Los niños que tienen contacto temprano con libros desarrollan mayor vocabulario, mejor comprensión y mayor capacidad de expresión.
Por eso, leer en la infancia no es solo un hábito, es una base para el desarrollo comunicativo, cognitivo y social.
Sin embargo, el escenario actual presenta desafíos. El aumento del uso de pantallas, la falta de tiempo familiar y la disminución de la lectura en voz alta están desplazando prácticas fundamentales. A esto se suma la necesidad de lograr que los niños se identifiquen con lo que leen para fortalecer su motivación.
Frente a esto, la respuesta no es solo aumentar el acceso a libros. También es clave resignificar la experiencia de la lectura como un espacio de encuentro, vínculo y significado.
El desafío es compartido. Escuela, familia y comunidad cumplen un rol clave en la formación de lectores. Y en ese proceso, lo cotidiano es fundamental: leer un cuento, compartir una historia o generar conversación en torno a un libro.
Porque cuando un niño se vincula con la lectura, no solo aprende a leer, desarrolla herramientas para comprender y participar en el mundo. Y eso, hoy más que nunca, no puede quedar en segundo plano.
Pilar Valdivia Valdés, docente de Fonoaudiología, Universidad Andrés Bello





