
Tras el grave caso de violencia escolar ocurrido en Calama, expertos llaman a priorizar la prevención, la contención emocional y la reconstrucción de vínculos por sobre soluciones como detectores de metales.
El reciente caso de violencia escolar en Calama, que dejó una víctima fatal y personas en estado grave, reactivó el debate sobre la seguridad en los establecimientos educacionales y el deterioro de la convivencia escolar en Chile, llevando a especialistas de la Universidad de Chile a enfatizar que las soluciones deben centrarse en la prevención, la salud mental y la reconstrucción de vínculos, más que en medidas punitivas o simbólicas.
En este contexto, la discusión se intensifica tras la promulgación de la nueva Ley sobre convivencia, buen trato y bienestar en comunidades educativas, que contempla herramientas como detectores de metales. Sin embargo, expertos advierten que este tipo de medidas no ha demostrado ser efectivo para reducir la violencia escolar, e incluso podría aumentar la sensación de inseguridad entre los estudiantes.
Alejandra Mohor, investigadora del Centro de Estudios en Seguridad Ciudadana de la Facultad de Gobierno, sostiene que la evidencia internacional no respalda el uso de detectores de metales como solución. “No han mostrado resultados positivos en la reducción de delitos en establecimientos educacionales y, en algunos casos, aumentan la percepción de inseguridad. Además, pueden transformarse en un símbolo que estigmatiza a las comunidades escolares”, explica.
Desde una mirada más profunda, los especialistas coinciden en que el problema no es solo la violencia en sí, sino el deterioro de las relaciones dentro de las comunidades educativas. El académico Paulo Barraza, del Instituto de Estudios Avanzados en Educación, afirma que la violencia es una expresión de vínculos dañados, donde los estudiantes no se sienten reconocidos ni escuchados. “El foco no debe estar en castigar, sino en comprender y reconstruir las relaciones. Expulsar o etiquetar solo agrava el problema”, señala.
En la misma línea, se destaca la efectividad de estrategias como la resolución pacífica de conflictos, círculos de diálogo y espacios de escucha activa, que han mostrado mejores resultados en la disminución de la violencia escolar. Estas herramientas apuntan a generar entornos donde los estudiantes puedan sentirse validados, contenidos y parte de una comunidad.
Macarena Silva, directora del Instituto de Estudios Avanzados en Educación, enfatiza que la seguridad en las escuelas es un derecho irrenunciable, pero advierte que no todos los hechos de violencia responden únicamente a problemas de convivencia. En casos graves, como el de Calama, la prioridad debe ser resguardar a la comunidad educativa y abordar el impacto emocional que deja este tipo de घटनas.
Los expertos también coinciden en que es fundamental fortalecer la observación temprana y la capacidad de anticipar situaciones de riesgo, prestando atención no solo al rendimiento académico, sino también al comportamiento y bienestar emocional de los estudiantes.
Tras un hecho de violencia, la primera tarea de los establecimientos es abordar el impacto psicosocial y permitir que la comunidad procese lo ocurrido, generando espacios de contención, diálogo y acompañamiento. En paralelo, retomar las rutinas de manera acompañada es clave para restablecer la sensación de seguridad y estabilidad, evitando tanto la sobreintervención como la negación de lo ocurrido.
Desde el ámbito de la salud mental, el académico Juan Pablo del Río advierte que estos episodios son potencialmente traumáticos y generan reacciones de estrés en toda la comunidad, por lo que es fundamental ofrecer apoyo diferenciado según el nivel de cercanía con los afectados, reforzando siempre la idea de que la escuela sigue siendo un espacio seguro.
Los especialistas coinciden en un punto central: la violencia escolar no se resuelve con medidas aisladas, sino con un trabajo sostenido en la calidad de las relaciones, la convivencia y el bienestar emocional de las comunidades educativas, donde escuchar, acompañar y construir confianza se vuelve esencial para prevenir nuevas situaciones.





