Ejercicio físico durante la quimioterapia mejora la calidad de vida y podría impactar el pronóstico del cáncer

Ejercicio físico, quimioterapia, cáncer, calidad de vida y actividad física en pacientes oncológicos son factores clave para mejorar el bienestar durante el tratamiento, según evidencia científica y especialistas en oncología.

El diagnóstico de cáncer y su tratamiento, especialmente la quimioterapia, generan un impacto físico y emocional significativo, con efectos frecuentes como fatiga persistente, pérdida de fuerza, disminución de la capacidad funcional, alteraciones del ánimo y una reducción importante de la calidad de vida. Frente a este escenario, el ejercicio físico se ha consolidado como una intervención segura, accesible y con múltiples beneficios para los pacientes, contribuyendo a mejorar su estado general durante el tratamiento.

Diversos estudios han demostrado que mantenerse físicamente activo después del diagnóstico de cáncer se asocia a mejores resultados clínicos, incluyendo una reducción significativa del riesgo de mortalidad en comparación con quienes mantienen bajos niveles de actividad física. Esta evidencia refuerza el rol del ejercicio como complemento del tratamiento oncológico.

Según el oncólogo Óscar Puga, asesor de Sportlife, el ejercicio supervisado durante la quimioterapia puede transformarse en un verdadero aliado terapéutico, ayudando a reducir la fatiga, preservar la funcionalidad y mejorar el bienestar físico y emocional del paciente. Además, permite contrarrestar la disminución progresiva de la capacidad cardiorrespiratoria y la fuerza muscular, facilitando una mayor independencia para realizar actividades cotidianas.

Uno de los beneficios más consistentes del ejercicio durante la quimioterapia es la reducción de la fatiga, uno de los síntomas más frecuentes y limitantes del tratamiento. También existe evidencia de mejoras en el manejo del dolor, la función física y la calidad de vida en pacientes con neuropatía periférica inducida por quimioterapia, además de efectos favorables en la calidad del sueño, la función cognitiva y algunos marcadores de toxicidad cardiovascular.

En el ámbito de la salud mental, los programas de actividad física estructurada se han asociado a una disminución de los síntomas depresivos y ansiosos, junto con una mejora significativa en la calidad de vida. El ejercicio aeróbico, el entrenamiento de fuerza y prácticas complementarias como mindfulness han mostrado resultados positivos cuando se realizan de forma regular y bajo supervisión profesional.

Las principales guías internacionales coinciden en que el ejercicio es seguro en pacientes con cáncer, siempre que se adapte a la situación clínica individual, considerando factores como la fatiga, la anemia, el dolor o la presencia de comorbilidades. En términos generales, se recomienda combinar ejercicio aeróbico de intensidad moderada al menos tres veces por semana, junto con ejercicios de fortalecimiento muscular dos veces por semana, durante un período mínimo de 8 a 12 semanas, ajustando la intensidad según la condición del paciente.

“Incorporar el ejercicio como parte del cuidado integral del paciente con cáncer permite mejorar su calidad de vida y enfrentar de mejor manera el proceso terapéutico”, concluye el especialista.

Isabel Chandía

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