El tornado de Requínoa dejó 92 viviendas dañadas y 116 comunas aún no cuentan con planes de reducción del riesgo de desastres. La posible intensificación de El Niño hacia fines de 2026 refuerza la necesidad de fortalecer la prevención, la coordinación y la preparación de las comunidades.
El tornado que afectó el lunes 26 de octubre a Requínoa, en la Región de O’Higgins, dañó 92 viviendas, según el Ministerio de Vivienda y Urbanismo. La Dirección Meteorológica de Chile lo clasificó preliminarmente como un fenómeno EF2, categoría que contempla vientos estimados entre 179 y 218 kilómetros por hora.
La emergencia se suma al aluvión registrado el 8 de octubre en San Carlos de Apoquindo, en Las Condes, y al tornado que afectó a Retiro, en la Región del Maule, el 21 de octubre. Estos episodios vuelven a poner en el centro del debate la capacidad de Chile para anticiparse a eventos meteorológicos extremos, reducir sus efectos y responder de manera oportuna.
“Actualmente, a nivel nacional, no tenemos la preparación de respuesta ante tornados”, advierte Ivo Fustos, geofísico de la Universidad de La Frontera (UFRO). El académico subraya que las comunidades necesitan conocer los protocolos de emergencia y las medidas de autoprotección para reaccionar adecuadamente ante fenómenos de este tipo.
Brechas en los planes de prevención comunal
La planificación territorial constituye uno de los principales desafíos para reducir los riesgos asociados a las emergencias. Según datos de Senapred actualizados al 1 de octubre de 2026, 116 de las 345 comunas del país, equivalentes al 33,62%, no cuentan con un Plan Comunal de Reducción del Riesgo de Desastres. Además, 25 municipios no disponen de un Plan Comunal de Emergencia aprobado mediante decreto alcaldicio.
Estas herramientas permiten identificar amenazas, establecer protocolos y organizar la respuesta de los organismos responsables. Su ausencia dificulta la preparación sistemática de las comunidades y la coordinación ante situaciones que pueden afectar viviendas, infraestructura y servicios básicos.
Para Fustos, las acciones preventivas deben comenzar antes de que se emitan las alertas meteorológicas. Esto implica revisar la infraestructura, identificar sectores inundables y mantener en buenas condiciones los canales y otras obras hidráulicas que podrían desbordarse durante episodios de lluvias intensas.
“El llamado es a prepararse ante eventos extremos”, señala el académico, quien destaca la importancia de reconocer anticipadamente las zonas que requieren mantención y priorizar las intervenciones en los sectores con mayor exposición al riesgo.
El Niño aumenta la atención sobre el escenario climático
La Organización Meteorológica Mundial (OMM) advirtió el 21 de octubre que El Niño podría alcanzar una intensidad excepcional hacia fines de 2026 y mantener sus efectos durante 2027. El fenómeno puede modificar los patrones de temperatura y precipitación en distintas regiones, aunque su impacto varía según el territorio y no permite atribuirle automáticamente cada emergencia registrada en Chile.
En este contexto, las autoridades y las comunidades deben considerar las condiciones climáticas al planificar medidas de prevención. Las precipitaciones pueden favorecer el crecimiento de vegetación que, al secarse durante la primavera y el verano, aumenta la cantidad de material combustible. Al mismo tiempo, las lluvias intensas pueden incrementar el riesgo de inundaciones, deslizamientos y aluviones en sectores expuestos.
La preparación requiere, por tanto, combinar el monitoreo meteorológico con medidas concretas en el territorio, como la mantención de cauces, la identificación de rutas seguras y la definición de procedimientos para evacuar cuando corresponda.
Los riesgos continúan después de la emergencia
La prevención no termina cuando disminuyen los vientos o cesan las lluvias. Durante la recuperación, las personas enfrentan otros peligros asociados a instalaciones eléctricas dañadas, escombros, estructuras inestables y esfuerzos físicos excesivos.
George Leclercq, ingeniero en prevención de riesgos de la UFRO y voluntario de Bomberos de Temuco, advierte que las instalaciones eléctricas representan un peligro importante después de un temporal. Antes de ingresar a una vivienda afectada, es necesario verificar que el suministro eléctrico esté cortado y evitar acercarse a cables caídos o instalaciones dañadas.
“En un temporal, por ejemplo, el daño a los circuitos eléctricos representa el mayor peligro de todos, porque si alguien entra a una casa, sin haber cortado el suministro, se produce el accidente más temido de todos. Una descarga eléctrica que suele ser mortal”, explica.
Las labores de limpieza también requieren precaución. Retirar escombros, mover muebles pesados y realizar esfuerzos físicos para reparar una vivienda puede provocar lesiones, especialmente cuando las personas trabajan durante muchas horas o no cuentan con los elementos de protección adecuados.
Robinson Montejo, especialista en medicina del deporte y la actividad física de la Clínica de Recuperación de Lesiones (CRL), recomienda respetar los límites físicos y prestar atención a las molestias que aparecen durante estas tareas.
“Una lesión ignorada hoy puede impedir que esa persona continúe colaborando durante las próximas semanas. Escuchar el cuerpo, tomar períodos de descanso y modificar la actividad son buenas acciones, sin postergar una consulta para evaluar las molestias”, sostiene.
Cómo proteger los medicamentos durante los cortes de luz
Otra preocupación después de una emergencia es la conservación de medicamentos que requieren condiciones específicas de temperatura. Los cortes de electricidad pueden afectar la refrigeración y obligar a las familias a tomar precauciones adicionales para mantener sus tratamientos en condiciones adecuadas.
Patricia Gómez, diabetóloga del Centro Médico Nueva Estoril, explica que las personas que utilizan insulina deben seguir las indicaciones del fabricante y evitar tanto el calor excesivo como la congelación del medicamento.
“La primera reacción de muchos pacientes es pensar que si se corta la luz la insulina deja de servir, pero eso no es así. La insulina es mucho más resistente de lo que las personas creen y, siguiendo algunas recomendaciones, puede conservarse de forma segura”, señala.
Ante un corte prolongado, resulta importante revisar las instrucciones específicas del producto y consultar con un profesional de salud o farmacéutico si existen dudas sobre su conservación o estabilidad.
Preparación y coordinación para reducir los riesgos
La sucesión de emergencias registradas durante octubre demuestra la importancia de fortalecer la prevención y mejorar la preparación tanto a nivel institucional como comunitario. La existencia de planes comunales, la mantención de infraestructura crítica y la difusión de protocolos pueden contribuir a reducir los daños y facilitar una respuesta más coordinada.
La preparación ante eventos extremos requiere actuar antes, durante y después de cada emergencia. Identificar las zonas de riesgo, mantener las obras hidráulicas, conocer las rutas de evacuación y adoptar medidas de seguridad durante la recuperación son acciones que ayudan a proteger a las personas y sus viviendas.
El desafío para Chile consiste en avanzar desde la respuesta ante cada catástrofe hacia una planificación permanente, con comunidades informadas, municipios preparados y una coordinación efectiva entre los organismos responsables de la prevención y la gestión de emergencias.







