Un equipo transdisciplinario de la Universidad de Chile propone incorporar los huertos comunitarios a las políticas públicas de salud mental. La iniciativa destaca sus aportes al bienestar psicológico, la cohesión social y el contacto con la naturaleza, y plantea medidas para asegurar su continuidad en el tiempo.
Los huertos comunitarios pueden contribuir al bienestar psicológico y fortalecer los vínculos sociales, más allá de su función como espacios para producir alimentos. Así lo plantea un documento elaborado por especialistas de la Universidad de Chile, que propone integrar estas iniciativas a las políticas públicas de promoción de la salud mental.
El trabajo, titulado Huertos comunitarios como una herramienta social para la promoción de la salud mental, reúne evidencia científica y experiencias nacionales e internacionales. Sus autores advierten que, pese a los beneficios identificados, muchos huertos en Chile dependen de proyectos temporales, fondos concursables y esfuerzos locales que no siempre cuentan con recursos para mantenerse en el tiempo.
Publicado por la Unidad de Transdisciplina, Redes e Interfaz de la Vicerrectoría de Investigación y Desarrollo de la Universidad de Chile, el documento plantea reconocer los huertos como espacios de bienestar, participación y cohesión comunitaria, e incorporarlos de manera explícita a las estrategias de promoción de la salud mental.
El equipo propone medidas concretas para avanzar hacia ese objetivo, desde una mayor coordinación con la red pública de salud hasta mecanismos de financiamiento permanente y acompañamiento comunitario.
Huertos comunitarios: espacios para el bienestar y la vida en comunidad
La publicación recoge investigaciones que relacionan la participación en huertos urbanos y comunitarios con mejoras en el bienestar físico, psicológico y emocional. Entre los resultados descritos figuran reducciones de síntomas de ansiedad, depresión y estrés, además del fortalecimiento de las relaciones sociales.
El psicólogo Joan Calventus, coautor del documento y especialista en salud mental de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, identifica tres factores que ayudan a explicar estos aportes: el fortalecimiento de los vínculos sociales, la construcción de una identidad colectiva y el contacto con la naturaleza.
“El huerto comunitario es un espacio convocante donde realizar una práctica que combina actividad física, contacto con la naturaleza y trabajo colectivo”, explica Calventus.
La experiencia nacional también aporta antecedentes. Entre los casos analizados se encuentra un huerto terapéutico desarrollado en la comuna de Los Lagos entre 2021 y 2022, donde se observaron reducciones del estrés y la soledad, junto con un fortalecimiento de los vínculos sociales.
Otra experiencia surgió en Macul, a partir de un proyecto iniciado en 2015 que reunió a personas mayores, cuidadoras y vecinos en torno a la agricultura comunitaria. La iniciativa permitió observar que estos espacios ofrecían oportunidades para compartir experiencias, relacionarse con otras personas y mantener el contacto con la naturaleza.
De la producción de alimentos a la salud mental
La académica Cecilia Baginsky, especialista de la Facultad de Ciencias Agronómicas e integrante del Grupo Transdisciplinario para la Investigación, Docencia y Extensión en Obesidad de Poblaciones (GTOP), explica que el interés por este enfoque nació del trabajo directo con las comunidades.
“Nosotros hicimos el huerto porque queríamos enseñar a la gente a producir sus alimentos, pero no teníamos incorporado el concepto de salud mental ni cohesión social”, comenta.
Con el tiempo, la experiencia permitió ampliar la mirada sobre el papel de estos espacios. La producción agrícola dejó de ser el único objetivo y comenzó a convivir con otros aspectos, como la participación, la convivencia y el sentido de pertenencia.
Para Calventus, esta dimensión colectiva resulta fundamental. Por eso, el equipo plantea que los huertos no deben entenderse exclusivamente como intervenciones terapéuticas ni limitarse a grupos definidos como vulnerables.
“Consideramos los huertos comunitarios como ‘infraestructura social’ y ‘recursos de bienestar y cohesión comunitaria’, no como programas dirigidos a grupos de riesgo”, sostiene el investigador.
Esta perspectiva busca reconocer que los huertos pueden beneficiar a personas de distintas edades y realidades, al ofrecer espacios abiertos para compartir actividades, generar redes de apoyo y construir vínculos duraderos.
Falta de continuidad: el desafío de los huertos en Chile
Pese a las experiencias existentes, el documento advierte que Chile aún carece de una estrategia nacional que asegure la continuidad de los huertos comunitarios. Muchas iniciativas dependen de fondos concursables o proyectos municipales con plazos definidos, lo que dificulta sostener sus actividades una vez que termina el financiamiento.
El análisis de los proyectos adjudicados en 2025 por el sistema Elige Vivir Sano muestra que más de la mitad correspondió a iniciativas de huertos. Cerca de un tercio incorporó, además, objetivos relacionados con la cohesión social y la salud mental.
Para Baginsky, el problema no radica en la falta de experiencias, sino en las dificultades para consolidarlas y mantenerlas.
“Existen muchas iniciativas, pero estas están fragmentadas”, advierte la académica. Uno de los principales desafíos, agrega, consiste en asegurar que los huertos puedan continuar cuando termina el financiamiento o cuando las personas que los impulsaron inicialmente dejan de participar.
El documento también revisa experiencias internacionales, como las de Ecuador y México, donde existen marcos normativos que reconocen estos espacios como parte de las políticas públicas.
En Chile, el equipo identifica el proyecto de Ley de Huertos Urbanos como una oportunidad para avanzar en esa dirección. Aunque la iniciativa contempla objetivos productivos, educativos, ambientales y ciertos usos terapéuticos, los autores proponen incorporar expresamente la promoción de la salud mental entre sus finalidades.
Las propuestas para integrar los huertos a las políticas de salud
El documento plantea una serie de recomendaciones para que los huertos comunitarios puedan desarrollar su potencial social y contribuir de manera sostenida al bienestar de las comunidades.
Entre las medidas principales, propone fortalecer la coordinación entre los huertos, los Centros de Salud Familiar (CESFAM) y los Centros Comunitarios de Salud Mental (COSAM). Esta articulación permitiría vincular las iniciativas territoriales con la red pública y promover un trabajo conjunto entre los ámbitos agrícola, social y sanitario.
Otra recomendación consiste en establecer mecanismos de financiamiento permanente que reduzcan la dependencia de fondos anuales y favorezcan la continuidad de los proyectos.
El equipo también propone implementar una dupla agro-social, integrada por un profesional o técnico del área agrícola y un referente social o de promoción de la salud. Esta combinación permitiría acompañar tanto el manejo sustentable de los cultivos como el desarrollo de las relaciones comunitarias.
A estas medidas se suma la creación de una Ruta de Huertos Urbanos para la Salud Mental, orientada a identificar las iniciativas existentes, facilitar el intercambio de experiencias y generar información que permita evaluar sus aportes al bienestar de las comunidades.
Para Calventus, estas acciones podrían complementar la atención clínica sin reemplazarla, mediante espacios que favorezcan las rutinas, el contacto con la naturaleza y la construcción de redes de apoyo.
“Los huertos comunitarios son una apuesta de promoción de la salud mental que construye bienestar colectivo desde la base de la pirámide comunitaria”, concluye el investigador.
Un enfoque comunitario para promover la salud mental
El documento de la Universidad de Chile propone avanzar hacia una política pública que reconozca el valor de los huertos comunitarios y les entregue condiciones para mantenerse en el tiempo.
La propuesta busca pasar de iniciativas dispersas a una estrategia articulada, que vincule agricultura, salud y participación ciudadana para fortalecer el bienestar colectivo.
La publicación fue elaborada por un equipo transdisciplinario integrado por Cecilia Baginsky, Lorena Rodríguez, Esteban Encina, María Sol Pastorino, Joan Calventus, Rebecca Kanter, Jorge Aranda, Iván Cano y Susana Jiles, con representación de las facultades de Ciencias Agronómicas, Medicina, Derecho, Ciencias Forestales y de la Conservación de la Naturaleza, además de la Fundación Educación Popular en Salud (EPES).
El documento completo está disponible en el catálogo de publicaciones de la Universidad de Chile.








