
Cada año, en Antofagasta, nuevas estudiantes cruzan por primera vez las puertas de una universidad. Muchas de esas mujeres representan algo más que un logro personal: son la primera generación de profesionales en sus familias.
Detrás de cada una de esas matrículas hay historias de esfuerzo: madres que trabajaron durante años, abuelas que no tuvieron la oportunidad de estudiar y familias que ven en la educación superior una posibilidad real de cambiar su futuro.
Si observamos la historia reciente del norte de Chile, uno de los cambios más significativos ha sido precisamente el acceso de las mujeres a la educación superior.
Hace algunas décadas, para muchas jóvenes de la región estudiar una carrera universitaria era una posibilidad lejana. Las expectativas sociales y las condiciones económicas las llevaban, en muchos casos, a incorporarse tempranamente al mundo laboral o a asumir responsabilidades domésticas.
Hoy el escenario es distinto. Según cifras del Ministerio de Educación, el 53% de la matrícula del sistema corresponde a mujeres.
El acceso al conocimiento no solo permite adquirir competencias profesionales; también fortalece el pensamiento crítico, amplía horizontes y abre espacios de participación en ámbitos académicos, científicos y sociales, entregando herramientas de transformación personal, económica y social.
En una región como Antofagasta, marcada históricamente por actividades productivas tradicionalmente masculinizadas, la presencia de mujeres profesionales adquiere un significado aún más relevante. Ingenieras, investigadoras, gerentas, docentes y profesionales de diversas áreas están contribuyendo activamente al desarrollo regional, aportando nuevas miradas y fortaleciendo la diversidad en los espacios de toma de decisiones.
Como institución de educación superior, en la Universidad del Alba tenemos una responsabilidad fundamental en este proceso: no solo formar profesionales competentes, sino también construir ambientes académicos respetuosos, inclusivos y comprometidos con los derechos humanos.
Ser mujer en Antofagasta hoy también significa asumir un rol activo en la construcción del futuro regional. Porque cuando una mujer accede a la educación superior, no solo transforma su propia vida, sino que amplía las posibilidades de toda una comunidad.
Por Viviana León Molina. Coordinadora de Derechos Humanos, Equidad de Género e Inclusión Universidad del Alba, sede Antofagasta





