
¿Sabías que la tuberculosis nunca ha desaparecido? A pesar de los avances científicos y médicos, sigue siendo una de las enfermedades infecciosas más antiguas y persistentes en la historia de la humanidad.
De acuerdo con un estudio publicado en PubMed por I. Barberis, N.L. Bragazzi, L. Galluzzo y M. Martini, la Mycobacterium tuberculosis podría tener un origen de más de 150 millones de años, mucho antes de la aparición del ser humano. De hecho, se han encontrado signos de la enfermedad en restos óseos del Neolítico.
Cabe recordar que entre los años 3000 y 1500 a.C., en civilizaciones asiáticas, ya se describía una afección llamada “escrófula”, que comprometía los ganglios linfáticos cervicales y que hoy sabemos corresponde a una manifestación clínica de la tuberculosis.
Fue recién el 24 de marzo de 1882 cuando el médico prusiano Robert Koch descubrió el agente causal: el bacilo de Koch, marcando un antes y un después en la historia de la medicina. Desde entonces, cada 24 de marzo se conmemora el Día Mundial de la Tuberculosis, recordando que esta enfermedad sigue vigente.
Aunque parezca algo lejano, la tuberculosis continúa presente y activa a nivel global. Se estima que una de cada cuatro personas en el mundo está infectada, aunque solo entre el 5% y el 10% desarrollará la enfermedad activa. En Chile, si bien las cifras han disminuido respecto de décadas anteriores, la comuna de Santiago mantiene tasas superiores al promedio nacional, con brotes persistentes y casos resistentes a tratamientos.
Entonces, la pregunta es inevitable: ¿por qué seguimos creyendo que la tuberculosis ya no existe? Parte del problema radica en una falsa sensación de control, donde la baja visibilidad lleva a postergar consultas o abandonar tratamientos, facilitando la propagación y la resistencia bacteriana.
La tuberculosis no es solo una enfermedad transmisible, es también un reflejo de las desigualdades sociales, del acceso limitado a la salud y de brechas en prevención que aún no se logran cerrar.
En este contexto, los programas de salud pública son clave para frenar la enfermedad, promoviendo el diagnóstico oportuno, la adherencia a tratamientos y la educación comunitaria para cortar la cadena de contagio.
Recordar la historia de la tuberculosis es un llamado urgente a no bajar la guardia. Ha sobrevivido millones de años no por casualidad, sino porque como sociedad hemos permitido que continúe circulando.
Hoy, más que nunca, está en nuestras manos evitar que este enemigo silencioso siga trascendiendo generaciones.
Sofía Abascal Muñoz
Enfermera y encargada comunal de PROCET en Santiago





