
Las tierras raras se posicionan como un recurso clave para la transición energética y el desarrollo tecnológico, impulsando acuerdos estratégicos entre Chile y Estados Unidos para asegurar su suministro.
Las tierras raras son hoy uno de los recursos más demandados a nivel global, fundamentales para industrias como la electromovilidad, las energías renovables y la fabricación de dispositivos electrónicos. En este contexto, Chile y Estados Unidos firmaron recientemente una declaración conjunta para fortalecer la cooperación en minerales críticos, abriendo oportunidades de inversión, desarrollo tecnológico y participación en cadenas globales de suministro.
Pese a su nombre, estos elementos no son extremadamente escasos, pero su extracción es compleja y costosa, ya que se encuentran mezclados con otros minerales. Este grupo está compuesto por 17 elementos químicos, incluyendo los lantánidos, además del escandio y el itrio, utilizados en tecnologías esenciales como autos eléctricos, turbinas eólicas, baterías, pantallas y equipamiento avanzado.
El Dr. Ricardo Zamarreño, académico, explica que “las tierras raras están presentes en casi todos los productos tecnológicos que usamos a diario, por lo que existe una verdadera carrera global por asegurar su suministro”, reflejando la creciente competencia internacional por estos recursos estratégicos.
Chile cuenta con potencial en este ámbito, especialmente en yacimientos ubicados en la Región del Biobío, como las arcillas en Penco, y en relaves mineros en Coquimbo y Atacama, donde nuevas tecnologías permiten recuperar estos elementos. Aunque las reservas aún son limitadas, el país posee ventajas geológicas, experiencia minera e infraestructura, lo que podría permitir su integración a las cadenas globales en la próxima década.
El interés de Estados Unidos responde a una estrategia clara: diversificar el acceso a minerales críticos y reducir la dependencia de mercados altamente concentrados, como el de China, que domina gran parte de la producción mundial. En este escenario, América Latina y particularmente Chile emergen como actores relevantes.
Actualmente, Chile ya es líder global en la producción de cobre y litio, y podría ampliar su protagonismo si desarrolla proyectos vinculados a tierras raras. Además, la posibilidad de extraer estos minerales desde relaves abre nuevas líneas de innovación y sostenibilidad en la industria.
La reciente alianza entre ambos países busca fortalecer el desarrollo, procesamiento y comercio de estos recursos, en un contexto marcado por la transición energética, la descarbonización y el avance tecnológico. Sin tierras raras, sería muy difícil sostener el crecimiento de tecnologías limpias y la transformación energética global, lo que las convierte en uno de los recursos más estratégicos del siglo XXI.
En este escenario, Chile no solo tiene la oportunidad de consolidar su liderazgo minero, sino también de posicionarse como un socio clave en el desarrollo tecnológico global, impulsado por el valor estratégico de las tierras raras.





