
La baja natalidad en Chile dejó de ser una tendencia para convertirse en una urgencia. En 2024 se registraron cerca de 135 mil nacimientos, un 50% menos que en 1994, y la Tasa Global de Fecundidad cayó en 2025 a 0,97 hijos por mujer, una de las más bajas del mundo. Las proyecciones advierten un escenario de crecimiento natural negativo con efectos sociales, económicos y educativos de largo plazo.
En este contexto, el debate sobre la Ley de Sala Cuna Universal resulta decisivo. Su sentido va más allá de ampliar cobertura: busca reconocer el cuidado y la educación temprana como un derecho, independiente de la condición laboral de las familias. Garantizar acceso desde los primeros meses de vida favorece la corresponsabilidad, reduce brechas de género y apoya a las familias que postergan la maternidad y paternidad.
Las señales recientes son alentadoras. En 2025 se observó un aumento sostenido en la asistencia a la Educación Parvularia y al nivel sala cuna, con alzas de hasta 6% en mayo y cerca de 79% de asistencia en julio, la más alta de los últimos cinco años.
Este aumento también invita a mirar con atención la calidad. Para las familias, una buena sala cuna es aquella donde los niños están bien cuidados, en espacios seguros, limpios y estimulantes, con equipos preparados y proyectos educativos centrados en el bienestar y los vínculos. Estas condiciones generan confianza y permiten una asistencia sostenida.
La Sala Cuna Universal puede convertirse en una respuesta significativa frente a la baja natalidad si se implementa con estándares exigentes, financiamiento suficiente y mecanismos de fiscalización efectivos. Avanzar en esta dirección requiere una mirada de largo plazo, donde invertir en educación inicial de calidad sea una base para una sociedad más equitativa desde el inicio de la vida.
Leonor Cerda
Directora Escuela de Educación Parvularia Universidad de Las Américas





