La captura del presidente venezolano Nicolás Maduro y su traslado a EE. UU. detonó una ola de reacciones de gobiernos, organizaciones y líderes políticos en todo el mundo, con llamados al respeto de la soberanía, preocupación por la legalidad internacional y demandas de una transición pacífica.
La noticia de que Nicolás Maduro fue detenido por fuerzas estadounidenses y trasladado a Nueva York, donde enfrenta cargos federales, ha generado respuestas contrarias y de apoyo desde distintos gobiernos y organizaciones internacionales, reflejando la profunda polarización en torno a los hechos y sus implicancias para la región y el derecho internacional.
Condenas desde Europa y el mundo
Varios países europeos han expresado su rechazo al operativo y a la detención, calificándolos como una injerencia en la soberanía venezolana o violación del derecho internacional. España fue uno de los primeros en condenar la intervención unilateral de Estados Unidos, calificándola como una violación del derecho internacional y una amenaza para la estabilidad regional, en un contexto donde se analizará el caso en foros multilaterales.
Francia también criticó la acción, insistiendo en que cambios políticos sostenibles no pueden venir por imposición externa, y altos representantes de la Unión Europea señalaron la importancia de respetar la Carta de las Naciones Unidas.
Llamados a una transición pacífica
En Oceanía, el primer ministro de Australia, Anthony Albanese, pidió una transición pacífica y democrática en Venezuela, subrayando la necesidad de respetar el derecho internacional y evitar una escalada de violencia en la región. Al mismo tiempo, el gobierno australiano instó a sus ciudadanos a evitar viajes al país ante los riesgos de seguridad.
Apoyos y críticas desde Estados Unidos
Dentro de Estados Unidos las reacciones también han sido mixtas. Líderes del oficialismo respaldaron la acción como un golpe al narcotráfico internacional, mientras que figuras prominentes de la oposición criticaron la operación como “ilegal y peligrosa”, advirtiendo que podría desestabilizar la región y no resolver las causas que originaron el conflicto.
Respaldo a Maduro desde aliados tradicionales
El gobierno venezolano, refuerza su narrativa de agresión y violación de la soberanía, y su vicepresidenta ha llamado a defender al país frente a lo que considera una intervención extranjera, rechazando las acciones de Washington y exigiendo la liberación del mandatario y su esposa. خبرگزاری اطلس
China, uno de los principales aliados políticos y económicos de Venezuela, condenó enérgicamente la intervención, calificándola de violación del derecho internacional y exigiendo la liberación inmediata de Maduro y su esposa. Asimismo, instó a resolver las tensiones por vías diplomáticas y negociaciones pacíficas.
Por su parte, Rusia pidió también la liberación de Maduro y acusó a Estados Unidos de agresión, decidiendo reforzar su apoyo político al gobierno venezolano y solicitar canales diplomáticos para evitar un mayor escalamiento del conflicto.
Reacciones en América Latina
Las respuestas en la región han sido diversas:
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Argentina elogió la detención calificándola como un avance hacia la libertad y el respeto a la ley.
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México y Brasil expresaron su preocupación por la estabilidad regional y destacaron la necesidad de preservar la paz y el respeto a la soberanía de los Estados.
Organizaciones regionales como la Organización de Estados Americanos (OEA) han instado a evitar una mayor escalada del conflicto, respaldando soluciones pacíficas, diálogo y respeto al marco jurídico internacional.
¿Qué sigue ahora?
Frente a las reacciones globales, varios organismos multilaterales han anunciado reuniones de emergencia, entre ellas una sesión del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas para analizar la operación, sus implicancias y explorar vías diplomáticas que eviten un conflicto mayor en la región.
Además, el traslado de Maduro a una prisión federal en Nueva York para enfrentar cargos federales por narcotráfico y otras acusaciones intensifica el debate sobre el uso de la justicia penal en conflictos geopolíticos y plantea nuevas interrogantes sobre el futuro político de Venezuela y su rol en América Latina.








