
El programa de prevención Plan Islandia, inspirado en el modelo islandés Planet Youth, busca frenar el aumento del consumo de cigarrillos electrónicos y tranquilizantes entre adolescentes, promoviendo un trabajo conjunto entre familias, escuelas y comunidad.
Ante el aumento del consumo de vapeadores, alcohol, drogas y tranquilizantes entre adolescentes, distintos establecimientos educacionales están reforzando sus estrategias de prevención a través del “Plan Islandia”, una iniciativa que promueve tolerancia cero al consumo de sustancias en los colegios. El programa, basado en el modelo internacional Planet Youth, busca fortalecer la prevención desde la escuela, las familias y la comunidad, especialmente entre estudiantes desde 5° básico en adelante.
El desafío para los establecimientos educacionales no se limita solo a regular el uso de celulares en las salas de clases, sino también a frenar el avance del consumo de sustancias entre jóvenes. Las cifras muestran una realidad preocupante: más de la mitad de los estudiantes entre 14 y 18 años en algunas regiones de Chile ha probado cigarrillos electrónicos, mientras que el país presenta la tasa más alta de consumo de tranquilizantes sin receta en población escolar en Latinoamérica. Según datos de Servicio Nacional para la Prevención y Rehabilitación del Consumo de Drogas y Alcohol, el uso de tranquilizantes entre escolares es 6,6 veces mayor que entre adultos, una tendencia que ha encendido las alertas en el sistema educativo.
Para Valentina Campos Ewert, coordinadora y psicóloga de Sello Plan Islandia, el programa propone un enfoque preventivo integral que involucra a toda la comunidad educativa. “Está enfocado tanto en escolares como en sus familias desde 5° básico en adelante y adapta el exitoso modelo islandés de prevención juvenil. Desde 2018 se ha implementado en diversas municipalidades y colegios, destacando la comuna de Las Condes como pionera en su aplicación”, explica.
El plan se basa en cuatro pilares clave para la prevención del consumo en adolescentes: la familia, la escuela, el grupo de pares y el uso del tiempo libre. Su metodología incluye la aplicación periódica de la encuesta “Juventud y Bienestar”, realizada cada dos años por SENDA a estudiantes de segundo medio. Los resultados permiten diseñar planes de acción adaptados a cada comunidad escolar, identificando factores de riesgo y fortaleciendo redes de apoyo.
“Con esta información se elaboran estrategias comunitarias y escolares específicas, promoviendo además la participación de los adolescentes en actividades deportivas, culturales y recreativas como alternativas al consumo de sustancias, junto con el fortalecimiento del compromiso parental”, agrega Campos Ewert.
Desde el ámbito educativo, Soledad Villate Cano, rectora del Colegio Pedro de Valdivia de Las Condes, destaca que la prevención debe ser un trabajo conjunto entre familia y escuela. “Si bien la base está en la familia, como comunidad educativa tenemos el compromiso de trabajar en conjunto, y este plan lo permite. En nuestro establecimiento contamos con 12 estudiantes formados como líderes preventivos, quienes han participado activamente este año”, señala.
La autoridad educativa explica que la meta para 2026 es ampliar el alcance del programa a todos los niveles del colegio, comenzando desde los cursos más pequeños. “Queremos que esta experiencia trascienda e involucre a toda la comunidad educativa, porque cuando los propios niños y jóvenes son portadores del mensaje preventivo, este resulta mucho más efectivo”, agrega.
Desde la mirada estudiantil, Verónica, alumna del establecimiento, destaca el impacto de participar en la iniciativa. “Ser parte de este plan me ha hecho sentir que tengo un papel importante en mi comunidad. Puedo ayudar a otros a entender lo perjudicial que puede ser el consumo de drogas, alcohol y cigarrillos, y eso me hace sentir orgullosa”, comenta.
En este contexto, el compromiso de los colegios y de las familias resulta clave para enfrentar los consumos problemáticos en la adolescencia. Con su enfoque preventivo y comunitario, el Plan Islandia se posiciona como una herramienta fundamental para reducir el consumo de sustancias en jóvenes y promover entornos escolares más saludables en Santiago y otras regiones de Chile.




