
El Plan de Gestión de Cumplimiento Tributario (PGCT) 2026 presentado por el Servicio de Impuestos Internos marca una señal clara y necesaria para la economía chilena: el cumplimiento tributario ya no se concibe solo como un deber fiscal, sino como una herramienta de desarrollo, confianza y sostenibilidad económica. En un contexto de desaceleración, informalidad persistente y alta presión sobre las pymes, este enfoque resulta no solo oportuno, sino estratégico.
Uno de los principales méritos del PGCT 2026 es poner en el centro la asistencia al contribuyente. Esto representa un cambio relevante en la relación entre el Estado y quienes sostienen la recaudación. Facilitar el cumplimiento, orientar antes de sancionar y reducir la incertidumbre tributaria no solo mejora la experiencia del contribuyente, sino que también fortalece la base fiscal del país. Un sistema que se entiende es un sistema que se cumple, y uno que se cumple de forma voluntaria es más eficiente y menos costoso para todos.
El énfasis en la formalización también tiene efectos macroeconómicos directos. Más contribuyentes formales implica mayor trazabilidad, mejor competencia entre empresas y un entorno más sano para invertir y crecer. La formalidad no solo aumenta la recaudación, sino que también mejora la productividad, amplía el acceso al financiamiento y permite que los negocios transiten desde la subsistencia hacia el crecimiento. En ese sentido, el PGCT 2026 entiende que formalizar no es solo registrar, sino acompañar.
Otro avance significativo es la consolidación del cumplimiento tributario cooperativo, un modelo que reconoce que la confianza es un activo económico. Cuando la autoridad tributaria y los contribuyentes comparten información, criterios claros y expectativas razonables, se reducen los conflictos, los costos de fiscalización y la litigiosidad. La cooperación genera estabilidad, y la estabilidad es una condición clave para la inversión y el desarrollo de largo plazo.
Por supuesto, el plan también refuerza el combate a la evasión, el delito tributario y el crimen organizado, lo que resulta fundamental para proteger la equidad del sistema. La evasión no solo daña la recaudación; distorsiona la competencia y castiga a quienes sí cumplen. Perseguir con decisión a quienes defraudan al Estado es una señal potente para el mercado y para la ciudadanía: cumplir vale la pena y evadir tiene consecuencias.
Pablo Morales
Director Carrera de Contador Auditor
Universidad de Las Américas




