
La académica advierte que la venta informal de alimentos sin control sanitario puede provocar intoxicaciones, infecciones gastrointestinales y complicaciones graves, especialmente en niños, adultos mayores y personas con enfermedades crónicas.
En temporada de verano, el aumento del consumo de alimentos y refrigerios en playas, piscinas y parques eleva los riesgos de intoxicaciones alimentarias, especialmente cuando estos productos se venden sin autorización sanitaria ni condiciones adecuadas de higiene, advierte la nutricionista Gabriela Lizana, Directora de Carrera de Nutrición y Dietética de UDLA Sede Viña del Mar, quien llama a extremar las medidas de prevención durante las vacaciones.
La especialista señala que muchos de los alimentos comercializados en la vía pública se venden de manera irregular, sin cumplir normas básicas de higiene e inocuidad, lo que incrementa el riesgo de enfermedades transmitidas por los alimentos. En ese contexto, menciona el reciente hallazgo de frutillas bañadas supuestamente en chocolate que se vendían informalmente en una playa del litoral central, donde se sospecha que se habría utilizado un recubrimiento no convencional para evitar que se derritan con el sol. “De comprobarse este hecho, no solo sería un engaño al consumidor, sino también un riesgo sanitario relevante, ya que algunas sustancias podrían ser nocivas para la salud y provocar náuseas, vómitos, diarrea, dolor abdominal y otros cuadros más severos, dependiendo de la cantidad ingerida”, explica.
La académica agrega que en el comercio ilegal de alimentos no existe control sobre la cadena de frío ni fiscalización de los ingredientes, condiciones de preparación, manipulación o conservación. Muchos productos permanecen expuestos durante horas a altas temperaturas, favoreciendo la proliferación de bacterias como Salmonella spp., Escherichia coli o Staphylococcus aureus, agentes comunes de intoxicaciones alimentarias.
Asimismo, advierte que los vendedores ambulantes suelen no contar con acceso a agua potable, jabón u otros elementos básicos para la higiene de manos, lo que aumenta el riesgo de contaminación cruzada al manipular dinero y alimentos simultáneamente. “La inocuidad alimentaria es un pilar fundamental de la salud pública. Consumir productos sin procedencia conocida expone a riesgos evitables, que pueden tener consecuencias importantes, sobre todo en periodos de altas temperaturas”, enfatiza.
Finalmente, Gabriela Lizana recuerda que la prevención es la principal herramienta para evitar intoxicaciones y complicaciones, que pueden derivar en deshidratación, hospitalización y riesgos graves en grupos vulnerables.
Entre las recomendaciones para el consumo seguro de alimentos durante el verano, la nutricionista sugiere evitar comprar productos sin autorización sanitaria visible, no consumir alimentos sin información sobre fecha de elaboración, ingredientes o condiciones de conservación, preferir alimentos preparados en el hogar con adecuada manipulación y transporte, y no mantener productos perecibles a temperatura ambiente por más de una hora.




