La perdida auditiva y el no escuchar bien aísla, acelera el deterioro cognitivo y aumenta los riesgos en las personas mayores

La pérdida auditiva impacta la salud mental, física y social de las personas mayores, por lo que detectar sus síntomas a tiempo es clave para prevenir caídas, depresión y deterioro cognitivo.

La pérdida auditiva en personas mayores es un problema de salud pública que puede afectar significativamente la calidad de vida, las capacidades cognitivas y la seguridad personal. Dificultades para seguir conversaciones, subir el volumen del televisor o percibir zumbidos en los oídos son señales tempranas que no deben ignorarse, ya que no escuchar bien puede provocar aislamiento social, deterioro cognitivo y mayor riesgo de caídas.

En la vida cotidiana, muchas personas mayores comienzan a notar que deben pedir constantemente que les repitan lo que se dice, que las conversaciones en grupo se vuelven confusas o que necesitan aumentar el volumen de dispositivos. Estas situaciones generan frustración y fatiga mental, lo que puede derivar en una reducción de la participación social y cambios en el ánimo que pasan desapercibidos para la familia y el entorno cercano.

La pérdida auditiva no tratada está asociada a depresión, aislamiento, disminución de habilidades cognitivas, mayor riesgo de demencia o alzhéimer y caídas frecuentes, explica Nadia Rojas, enfermera clínica de Acalis Las Tranqueras. Según la especialista, cuando el cerebro recibe menos estímulos sonoros, algunas áreas cerebrales pueden reducir su actividad o cambiar su estructura, mientras que el esfuerzo por comprender sonidos incompletos consume recursos destinados a funciones como la memoria y el equilibrio.

Además, la dificultad para comunicarse lleva a evitar encuentros sociales, lo que disminuye la estimulación mental y física. Este círculo de aislamiento puede debilitar los músculos, reducir la agilidad y afectar el sistema vestibular del oído interno, provocando mareos, inseguridad al caminar y una menor percepción del entorno, aumentando la exposición a accidentes.

Frente a estos riesgos, la recomendación es detectar tempranamente los signos de pérdida auditiva y consultar a un especialista. Las soluciones pueden ser simples, como un lavado de oídos para eliminar tapones de cerumen, o requerir el uso de audífonos u otros tratamientos específicos. Tratar la pérdida auditiva a tiempo permite reducir riesgos, mantener la autonomía y preservar la calidad de vida.

Finalmente, el llamado es a las familias y cuidadores a estar atentos a los cambios en la audición, promover la inclusión social y comunicarse con paciencia y buena modulación, para que las personas mayores puedan seguir participando activamente en conversaciones y actividades cotidianas.

Isabel Chandía

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