
El consumo de alcohol en Chile cae a su nivel más bajo desde 1994 y abre paso a alternativas naturales como la kombucha y el kéfir de agua, bebidas fermentadas que promueven hidratación, salud digestiva y bienestar integral.
Chile registra el índice de consumo de alcohol más bajo desde 1994, según el último Estudio de Drogas en Población General del Servicio Nacional para la Prevención y Rehabilitación del Consumo de Drogas y Alcohol (Senda), que muestra una disminución del consumo mensual de 39,2% en 2022 a 34,6% en 2024. Este cambio en los hábitos ha impulsado una transformación en el mercado de bebestibles, que hoy apuesta por opciones con menos alcohol y mayor enfoque en salud y bienestar, como vinos y spritz sin alcohol, y especialmente bebidas fermentadas como la kombucha y el kéfir de agua.
Trinidad Völker, nutricionista y fundadora de La Fermentista, explica que las bebidas fermentadas son alimentos vivos elaborados gracias a microorganismos —bacterias y levaduras— que transforman azúcares naturales en ácidos orgánicos, gas y compuestos beneficiosos para la salud. “Más que una bebida con burbujas, son fermentación real, resultado de un proceso ancestral que hoy vuelve a tomar fuerza porque comprendemos mejor la importancia de la microbiota y del intestino para el funcionamiento integral del organismo”, señala.
La especialista agrega que el crecimiento de esta tendencia ha sido sostenido, pasando de ser un nicho reducido a estar presente en grandes cadenas de supermercados. “El consumidor chileno busca menos alcohol, más naturalidad y productos con propósito. Las bebidas fermentadas dejaron de ser una moda y hoy forman parte de un cambio cultural hacia una alimentación más consciente”, afirma.
Entre las más conocidas destaca la kombucha, cuya base es el té. Este se fermenta con un cultivo denominado Scoby, una colonia simbiótica de bacterias y levaduras que aporta probióticos, vitaminas y minerales, con un sabor característicamente ácido y refrescante. Por su parte, el kéfir de agua se elabora a partir de nódulos que generan una fermentación más láctica, ofreciendo una bebida suave, ligera y naturalmente gasificada, generalmente preparada con ingredientes 100% naturales y sin pasteurizar, en variedades como berries o jengibre.
Los beneficios de estas bebidas radican en su aporte de microorganismos activos que contribuyen al equilibrio de la microbiota intestinal, favoreciendo la absorción de nutrientes, mejorando la digestión y fortaleciendo el sistema inmune. Además, ayudan a mantener una hidratación saludable y pueden contribuir a disminuir molestias como el estreñimiento.
“Si bien no son medicamentos, los alimentos fermentados pueden cumplir un rol relevante dentro de una alimentación equilibrada. Nuestra microbiota enfrenta múltiples desafíos, desde el alto consumo de ultraprocesados hasta el estrés y el uso frecuente de fármacos. Incorporar probióticos de manera regular puede ayudar a mantener el equilibrio bacteriano y favorecer la salud digestiva, especialmente cuando provienen de alimentos naturalmente fermentados”, explica Völker.
La nutricionista enfatiza un punto clave para los consumidores: un producto realmente fermentado y vivo siempre debe mantenerse refrigerado. “Nunca un buen alimento o bebida fermentada se encontrará en góndolas tradicionales a temperatura ambiente. Si no está refrigerado, las bacterias dejan de estar activas y se pierden sus beneficios”, concluye.
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