Inteligencia artificial en educación: cómo la IA transforma el aprendizaje dentro y fuera del aula desde la primera infancia

Con un 58% de escolares chilenos utilizando inteligencia artificial para sus tareas, la integración temprana y con foco pedagógico se vuelve clave. La alianza entre Caligrafix y SIMA Robot demuestra que la tecnología puede potenciar el desarrollo del lenguaje y las habilidades socioemocionales sin reemplazar el rol docente.

En un escenario donde la inteligencia artificial en educación ya forma parte de la rutina diaria de niñas, niños y adolescentes en Chile, su incorporación temprana y con sentido pedagógico se posiciona como uno de los principales desafíos del sistema educativo. Lejos de tratarse de una tendencia futura, la IA está modificando activamente la forma en que las nuevas generaciones aprenden, interactúan y desarrollan habilidades dentro y fuera del aula.

Con el regreso a clases, vuelve al centro del debate cómo motivar el aprendizaje desde edades tempranas en un contexto marcado por la digitalización. Según la Octava Radiografía Digital de Niñas, Niños y Adolescentes 2025, un 58% de los escolares entre 8 y 17 años utiliza inteligencia artificial para realizar tareas, evidenciando un cambio profundo en la relación con el conocimiento y las herramientas tecnológicas.

En este contexto, Caligrafix, reconocida editorial chilena especializada en recursos educativos, ha sido pionera en integrar soluciones basadas en inteligencia artificial como complemento a sus propuestas pedagógicas. A través de su alianza con SIMA Robot, la compañía incorpora esta tecnología en iniciativas como La Casita del Lenguaje y Calibots At Home, orientadas a fortalecer el desarrollo del lenguaje, la autonomía y las habilidades socioemocionales tanto en espacios educativos como en el hogar.

“La IA permite personalizar las experiencias y adaptarse a los distintos ritmos de aprendizaje, manteniendo siempre la intencionalidad pedagógica y la sensibilidad humana en el centro”, afirma Felipe Araya, CEO de SIMA Robot. El dispositivo funciona como un compañero capaz de guiar actividades pedagógicas ajustándose a las velocidades de aprendizaje de cada estudiante, comunicándose mediante lenguaje hablado, interpretando respuestas y proyectando expresiones y contenidos multimedia que enriquecen la experiencia formativa.

En el caso de La Casita del Lenguaje, estas capacidades se potencian para trabajar los distintos niveles del desarrollo lingüístico —fonológico, semántico, morfosintáctico y pragmático— de manera lúdica e inmersiva. La propuesta se alinea con enfoques que promueven el aprendizaje activo desde la primera infancia, permitiendo que niñas y niños participen de forma dinámica y significativa.

Uno de los principales cuestionamientos frente a la incorporación de tecnología en educación es el temor a que esta reemplace al docente. Sin embargo, desde la experiencia de SIMA Robot, el impacto es distinto cuando existe apropiación pedagógica. “Esto cambia sustancialmente cuando los docentes conocen la herramienta y comienzan a configurarla como un apoyo en la co-mediación de los aprendizajes”, señala Araya. En ese proceso, la IA se integra como un recurso que enriquece la experiencia en el aula, sin sustituir la interacción humana.

La adaptabilidad es uno de los aportes más relevantes. A través de la plataforma SIMA Knowledge, los docentes pueden diseñar experiencias personalizadas según diagnósticos y contenidos específicos, incorporando además contextualización social en la interacción con los estudiantes. Tras siete años de implementación en colegios urbanos y rurales de Chile, México, Colombia, Argentina e Israel, la experiencia muestra un patrón consistente: docentes empoderados que utilizan la IA como una herramienta aliada y no como un reemplazo.

En un sistema educativo que reconoce cada vez más que no todos aprenden al mismo ritmo ni de la misma manera, el acceso a experiencias personalizadas resulta clave. La interacción por voz, el juego guiado, los desafíos y las narrativas permiten que los estudiantes pasen de ser receptores pasivos a protagonistas activos de su proceso formativo, fortaleciendo la motivación, la curiosidad y el compromiso.

Además, estas tecnologías favorecen el desarrollo de la autonomía progresiva. Niñas y niños pueden explorar, equivocarse y volver a intentar con acompañamiento, construyendo confianza en sus capacidades desde edades tempranas. Desde la perspectiva docente, la inteligencia artificial también optimiza tiempos al automatizar rutinas de práctica y reforzamiento, liberando espacio para la mediación pedagógica y el acompañamiento individual.

Así, más que reemplazar la labor educativa, la inteligencia artificial comienza a consolidarse como un complemento estratégico que potencia el aprendizaje con sentido, manteniendo al estudiante y al educador en el centro del proceso formativo.

Isabel Chandía

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